“Las redes sociales son el opio del pueblo”, Fabián Sanabria

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Según el portal web Economía 3, el número de personas que utilizan redes sociales aumentó más de un 13% en 2020, con casi 500 millones de nuevos usuarios, lo que lleva el total global a casi 4.200 millones a principios de 2021. El número de usuarios de redes sociales es ahora equivalente a más del 53% de la población mundial. Foto J.C.H.

A propósito del falso ciberataque a instituciones de seguridad del Estado, se revive el debate sobre la manipulación de la información, el poder de los medios, las redes sociales, la ciudadanía y la ausencia de democracia. Dos analistas hablan de estos temas

Juan Carlos Hurtado Fonseca
@Aurelianolatino

A finales de octubre, la Fundación para la Libertad de Prensa, Flip, denunció que en mayo del presente año el Ministerio de Defensa había fingido un ciberataque para después quejarse sobre el uso de información falsa, el “delito” de terrorismo mediático, justificar un ciberpatrullaje sobre los ciudadanos e inventar un supuesto enemigo: quienes apoyaban el paro y evidenciaban las torturas y asesinatos de la fuerza pública contra los manifestantes.

Acerca de la maniobra de Mindefensa, Fabián Sanabria, doctor en sociología y docente de la Universidad Nacional, comentó que siempre ha habido control del Estado hacia los ciudadanos: “Lo que pasa es que estamos asistiendo a unos controles que corresponden a lo que Michel Foucault llamaba el biopoder, y en la era digital asistimos desgraciadamente a la fabricación de noticias falsas por parte de los Estados, lo que es muy grave porque atenta directamente contra la democracia, contra los principios fundamentales de ella, como la libertad de expresión. Ver que en cualquier momento el Estado le puede hacer un montaje a un ciudadano muestra que estamos en un paraestado, lo que hace que uno se sienta inseguro con el Estado”.

Pero más allá de una extralimitación de funciones de las instituciones que participaron del montaje, o de si es legal o no expiar a los ciudadanos, o del gasto de recursos públicos para esto, la discusión está en cómo desde siempre el régimen colombiano ha espiado a sus ciudadanos y a los opositores políticos, en beneficio de mezquinos intereses de la élite política y grandes empresarios.

Más información, menos democracia

El debate nos traslada a una discusión sobre economía política de la comunicación y democracia. Para esto hay que tener en cuenta que no es un secreto que, con la irrupción de las redes sociales en la cotidianidad de las personas, los grandes medios de comunicación han perdido poder y credibilidad, situación que se relaciona con el declive del Estado liberal burgués.

Sobre el asunto, Diego García, antropólogo, doctor en comunicación y docente de la Universidad del Rosario, afirmó que los poderes políticos, económicos y sus conexos siempre han querido influir en la opinión pública e intervenir directa o indirectamente en la construcción del debate público. Los medios de comunicación tradicionales como prensa escrita, radio y televisión, pertenecían directamente a esos poderes, pero con el desarrollo de Internet la situación ha cambiado.

Ahora bien, para adentrarnos más en el tema es necesario recordar que desde diferentes ciencias y disciplinas, en los años 70 se comenzó a discutir acerca de la democratización de las sociedades en relación con el acceso y uso de la información por parte de los ciudadanos. Algunos le apostaban a la idea de que si la gente obtenía más información tendría mejores elementos de juicio para exigir y participar de transformaciones sociales que democratizaran.

Desde el punto de vista tecnológico, actualmente estarían esas condiciones soñadas en aquella década, pues se permite que no solo dispongan de la información, sino que cualquier persona emita mensajes que al instante llegan a todo el planeta. No obstante, la democratización no se ha dado, por lo contrario, la concentración del poder económico y político es mayor, y la propiedad sobre los grandes medios de comunicación también se ha concentrado.

En relación con este asunto, el profesor Sanabria piensa que la gente tiene más acceso a la información de acuerdo con su posición en el mundo social: “Los estudios que hemos hecho en nuestros laboratorios de sociología de comunicación y medios demuestra que la gente en las redes sociales, aunque ya no sigue a los grandes medios que se creían los dueños de la información, cree que puede acceder a mucha información, pero realmente siguen a quienes piensan como ellos. Es rara la persona que no bloquee o que siga a alguien que piense distinto, entonces están en burbujas de información. Y peor, el ciudadano de a pie no se pregunta quién dice qué y desde dónde. Estamos asistiendo a un autoengaño, y con la supuesta democratización de la información la gente anda en burbujas informativas que no le permite ver más allá de las narices”.

Diego García

La revolución no será tuiteada

Sobre el mismo tópico, Diego García anota: “Se creía que parte de los límites de la democracia era que los ciudadanos de a pie no podíamos participar, entre otras cosas, en la construcción de lo público y de la opinión pública porque no teníamos acceso a los medios que estaban en manos de los Estados o de los poderes corporativos. Pero ahora que lo tenemos, creíamos que lo íbamos a hacer en torno a la política y resulta que la mayor parte de tiempo en las redes sociales es para entretenimiento, y no necesariamente en participación política. El autor bielorruso Evgeny Morozov habla de la falacia de la información, creer que a más información habría mayor democracia.

“El entusiasmo frente a esta mentira fue la Primavera Árabe, porque se creyó que las redes sociales permitían que llegara la democracia a ciertos países solo porque ahora se puede tuitear y la revolución sería tuiteada. Eso es un discurso muy simplista que solo favorece a las empresas tecnológicas como Facebook, a la ideología norteamericana y termina siendo muy superficial. La gente pasa el mayor tiempo en las redes para entretenerse, ver videos de gaticos, de bebés y ese tipo de cosas. Y cuando hay participación política esta queda limitada al hashtag y queda restringida al ciberespacio porque no pasa más, porque los poderes tradicionales establecidos siguen estando igual. Y no existe el primer gobierno que haya caído a partir de ciberactivismo”.

El profesor de la Universidad del Rosario agrega que la agenda y los grandes temas continúan bajo el control de las élites y los poderes. Además, que se esperaba que con las redes sociales las personas interesadas en influir, controlar y manipular a la opinión pública perderían incidencia y que habría unos espacios más democráticos por el simple hecho de que todos podríamos participar.

“Puede que haya una crisis económica de los medios, por eso cada vez pertenecen a gente con mayor poder económico porque dejaron de ser interesantes como negocio y se consolidaron por su interés en relación con la opinión pública. La familia Gilinski puede estar perdiendo plata con Semana, pero ellos no la tienen por negocio, sino por su influencia política”, expone el profesor Diego García.

Activismo virtual

Sin embargo, las redes sociales han permitido que algunas organizaciones sociales hayan logrado poner en debate ciertos temas en favor de cambios en la estructura económica, como sucedió en el paro nacional. Pese a lo anterior, surge el cuestionamiento: “Así como los opositores o los ciudadanos podemos participar, ¿por qué no íbamos a creer que los gobiernos y los poderes también podían participar ahí y manipular la discusión sobre lo público? Eso fue lo que pasó con el Ministerio de Defensa. Ellos ven activismo en contra de sus intereses y cuentan con recursos económicos y mecanismos técnicos para incidir. Es decir, si el activismo a favor del paro era a través de hashtag, ¿por qué no íbamos a pensar que el Gobierno no iba a combatir ese activismo a punta de otros hashtags?”.

Aunque los medios de comunicación corporativos han perdido capacidad de influencia, sí es cierto que los medios y las redes sociales son escenarios para el debate de la democracia, lo que permite una mayor exposición de la vida pública y privada de los ciudadanos, aprovechada a la vez por los grandes poderes con fines comerciales y de control político. Algo de esto muestra un documental de Netflix intitulado El dilema de las redes sociales.

Para el profesor Diego García lo que sucede ahora en términos tecnológicos es muy diferente a lo que sucedía en la década de los 70. “Detrás de la promesa de la participación no nos podemos olvidar que Facebook y Twitter no son foros públicos, pueden parecer foros donde se discute lo público, pero son espacios que pertenecen a empresas privadas. A Facebook no le interesa mejorar la democracia en el mundo, le interesa la recopilación de datos de todos sus usuarios, y se vende como interesado en hacer un mundo más conectado. No les interesa si los movimientos sociales se expresan o no, le interesa la participación por la participación porque les genera datos y metadatos que es en lo que se basa su negocio al vender publicidad dirigida. Esos datos también les sirven a los gobiernos, por eso es paradójico que arrojemos nuestra vida íntima, personal y pensamientos ahí ni siquiera por coacción, sino por la convicción de que estamos siendo activos en la participación de lo político y en discusiones de interés público. Debemos ser capaces de pensar que hay una gente interesada en nuestra información. Por eso los Facebook Papers, porque han colaborado con gobiernos. Por ejemplo, Facebook sabía que en Estados Unidos se iban a tomar el Capitolio”.

Fabian Sanabria

Paradoja de las redes

Del mismo modo, el profesor Fabián Sanabria cree que la mayor exposición de la vida privada de las personas es una paradoja porque ya no se necesita consumir información, sino que los mismos objetos de consumo son los ciudadanos, y de la misma manera como se puede posicionar una etiqueta moralizante, atacando o señalando a alguien, se puede pasar a un tema trivial.

“Generalmente los grandes escándalos de moralina tibia tapan los problemas serios estructurales que pasan a un tercer o quinto plano. Asistimos a una aplanadora de la información que nosotros mismos magnificamos. El ciudadano del común no tiene las herramientas para antes de retrinar, en esa cloaca que muchas veces es Twitter, pensar quién dice qué y desde dónde”, ejemplifica Sanabria.

Las soluciones a la problemática pasan por el nivel de democracia de las sociedades y por la actitud de los individuos ante las redes sociales y los medios de comunicación. Según Diego García, en las democracias latinoamericanas se está en desventaja porque estas empresas se rigen por las leyes de Estados Unidos, lo que no permite una regulación rígida de los datos personales y de la geolocalización. “Debe prohibirse que nuestros datos se puedan feriar al mejor postor. Por ejemplo, que se puedan nacionalizar los datos. El problema también es del Estado y de quienes lo dirigen”.

Por su parte, en palabras de Sanabria, encontrar salidas a la problemática es algo que está más allá de la responsabilidad del Estado y relacionado con las grandes corporaciones: “Quedé estupefacto con el anuncio de Marck Zuckerberg, que ahora nos va a vender unas gafas en donde tendremos la posibilidad de construir un mundo paralelo, que es el famoso metaverso, en el que ya no habrá objetos sino avatares y podemos comprar ahí, opinar -por su puesto pagando con nuestra tarjeta de crédito-. Es la instalación de Matrix en las personas y la gente va a estar feliz siendo manipulada. Entonces no podemos echarle la culpa solo al Estado, el ciudadano también es responsable, el que se cree víctima, manipulado, en el fondo es porque tiene una gran comodidad con ese discurso; es homofóbico, es de derecha, le gusta el autoritarismo, le gusta la mano firme, entonces no es una pobre víctima”.

Ética de los ciudadanos

Con base en lo anterior, el profesor de la Nacional argumenta que ante la información de las redes el ciudadano siempre debe cuestionar el origen y la intencionalidad de lo que ve, escucha o lee para contextualizar. “Para esto se necesita una enorme pedagogía que a los medios tradicionales reptantes al poder ni al Estado les interesa hacer. La señora Claudia Nayibe López se mantiene a punta de pagar miles de millones en pauta publicitaria y obviamente no le van a hacer críticas a su presentación en Glasgow defendiendo el medio ambiente, siendo una taladora de árboles. Lo mismo pasa con el Gobierno nacional”.

Acerca de la responsabilidad del Estado para cambiar la situación, Sanabria explica: “No hay nada que hacer, ni siquiera el Gobierno chino ha podido cortocircuitear a Facebook y a Twitter, ha tenido que crear su propio Facebook y su propio Twitter. Al mismo tiempo, se ha demostrado que esas redes chinas son manipulables y dan la información del partido que es comunista hacia adentro y capitalista hacia afuera. El problema es que en el mundo global los Estados no pueden regular eso, porque estamos ante poderes multinacionales. El horror es que Zuckerberg tiene más poder que la justicia norteamericana. Por eso necesitamos de una ética de los ciudadanos”.

Otro elemento para tener en cuenta, es entender que la participación política real se da en las organizaciones sociales como las ambientales, los sindicatos, el movimiento estudiantil, las de mujeres, las de la población LGTBI, las barriales y gremiales en general, y no en los espacios virtuales que ofrece Internet.

“Estimulan el individualismo, nos hacen creer que desde la casa podemos participar, como si la agremiación, la asociación hubiese dejado de ser interesante. Si uno no tiene compromiso político en el mundo offline, no lo va a tener en el mundo online, ser activista en Twitter no te hace activo políticamente en la vida de tu país, eso es un discurso útil para el neoliberalismo y para las empresas tecnológicas, es una banalización del debate político. El caso de Chile es la muestra de que no es en las redes sociales sino con las organizaciones”, dice Diego García, quien cita a Silvio Waisbord para indicar que el ciberactivismo tiene unas características de clase, ya que mayormente lo hacen los jóvenes educados, con acceso a tecnología, dispositivos, tiempo, recursos y datos; lo que no puede hacer la mayoría de la juventud colombiana.

De lo virtual a lo real

En el mismo sentido, Sanabria también opina que la participación en política no debe ser en las redes sociales, sino en las organizaciones sociales y con la gente real: “Si vemos la cantidad de ilusos que creen que porque son influencers van a ser congresistas o a transformar el país, literalmente están meando fuera del tiesto porque mientras tanto se mueven una cantidad de mecanismos clientelares que los vamos a ver en las próximas elecciones, y al mismo tiempo se van a mover montones de J.J. rondones que van a hacer todo lo posible para revertir las tendencias de las encuestas, que entre otras cosas, los mismos medios oficiales han fabricado. ¡Por favor!

“Estoy aterrado porque hay una gran ilusión con las redes sociales. Lo que era el opio de los pueblos para Marx, la religión, hoy día son las redes sociales y ahí estamos atrapados todos y nos adormecemos con ellas”, concluye el profesor Fabián Sanabria.

Vete pensando… A propósito, es válido traer a colación que en un “debate” en Twitter sobre los influencer, uno de los participantes decía algo más o menos así: “Ustedes no son influencer. Influencer la señora que organizó a su comunidad y logró que en su barrio le pusieran acueducto y alcantarillado. Ustedes lo que son es unos idiotas con redes sociales, datos y miles de seguidores”.