Las mujeres perdimos el miedo a volar

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Foto Sophie Martínez

Construimos nuestro poder colectivo pasando la voz, reconociendo y valorando las diferencias, reafirmando pactos y construyendo alianzas. Somos actoras, sujetas políticas y transformadoras

Juanita Barreto Gama y Marta Buriticá

A ustedes, mujeres que leen estas notas y a sus generaciones precedentes, madres, abuelas y bisabuelas les reconocemos y agradecemos el trabajo dedicado a la transformación de las múltiples formas de violencia contra las mujeres que han hecho historia política en Colombia.

Si, a ustedes quienes con trabajo, esfuerzo y convicción han logrado de-construir y transformar las lógicas que subyacen a la injusticia, la desigualdad, la discriminación, la explotación y la opresión en medio de prácticas, relatos y mandatos moralizadores. A ustedes cuyas historias de vida desafían las cualidades consideradas virtudes que glorifican la virginidad, la modestia, la paciencia, la obediencia y otras similares. A ustedes quienes controvierten la subordinación de las mujeres, sus causas y consecuencias: autoritarismo, dominación y exterminio.

A ustedes que han enfrentado y denunciado la violencia en sus complejas y sutiles formas, entendiendo que al ejercerla específicamente contra las mujeres se configura la mayor estrategia de dominación en la historia de la humanidad.

Sujetas políticas

Les preguntamos y nos preguntamos: ¿Cómo hemos confrontado las prácticas hegemónicas del poder económico y ambiental, político y sociocultural? ¿Cómo enfrentamos los fantasmas de la violencia que amenazan la vida de las mujeres en el mundo? ¿Cómo logramos cuestionar las verdades oficiales que han persistido por generaciones?  ¿Cómo descubrimos entre las sombras las causas y efectos de la violencia en nuestras vidas? ¿Cómo hemos hecho para defender el derecho de las mujeres a tener derechos y ejercerlos en las instituciones familiares, educativas, religiosas, militares, gubernamentales públicas y privadas y en las organizaciones políticas, sociales y comunitarias?

Controvertimos las certezas personales y colectivas; nos resistimos a obedecer mandatos milenarios; oímos los gemidos de las mujeres emparedadas, empaladas, quemadas y enterradas vivas durante siglos; descubrimos secretos ocultos durante varias décadas que aún circulan por el aire y por nuestras las venas.

Develamos las diferencias y diversidades que nos caracterizan: campesinas, trabajadoras formales e informales, mujeres pertenecientes a diversos grupos étnicos, comunidades y organizaciones; en situación de desplazamiento forzoso y desarraigo; indígenas, afrodecendientes, negras, raizales, mestizas, diaspóricas; excombatientes; mujeres de diversas edades; mujeres con capacidades que enfrentan discapacidades motrices, visuales, auditivas, cognitivas y psíquicas. Aprendemos a valorar las diferencias ideológicas, religiosas y políticas, así como las identidades de género, las orientaciones sexuales y las condiciones de clase para reconocernos como sujetas políticas y entender que nos transversan y nos confrontan las desigualdades que han sido invisibles en la historia oficial.

Rescatar nuestra memoria

Renombramos a nuestras ancestras para superar el anonimato: María, Isabel, Ana, Julia, Betsabé, Matilde, Joaquina, Roberta, Gregoria, Georgina, Rosa, Cecilia, Rufina y otros miles de nombres. Rescatar nuestra memoria colectiva significa reconocer los liderazgos y luchas de las mujeres transgresoras e irreverentes a fin de reconstruir una historia previa. Aprender a poseer nuestra vida es poseer nuestro cuerpo de otra forma, tomar decisiones. El acontecer cotidiano se vuelve razón y motivo de conversación y disputa, de confrontación y búsqueda de alternativas para actuar en colectivo y develar la persistencia de barreras y resistencias que dificultan el ejercicio de los derechos de las mujeres y la vez niegan la realización de los derechos de los pueblos.

En un escenario globalizador se interrogan las fronteras entre países hermanos, se desdibuja la soberanía de las naciones y confirmamos que dos siglos de discurso sobre derechos humanos han sido escasos para ganar conciencia sobre nuestros derechos; sabemos que cada acción cuenta cuando comprendemos que somos lo que hacemos, sentimos, soñamos y proyectamos.

Pensar y actuar en colectivo

Avanzamos en los procesos que interrogan y controvierten lo propio y lo ajeno, lo público, lo privado y lo íntimo, la práctica y la teoría, los trabajos y los oficios, la producción y la reproducción del rol maternal y de los roles de crianza, la división sexual e injusta del trabajo doméstico, la masculinización de los saberes, las artes y las ciencias, la subvaloración del trabajo manual y la sobrevaloración del trabajo intelectual.

Comprendemos que denunciar las violencias contra las mujeres es una acción movilizadora y registrarla en muros y vías sigue siendo una necesidad traducida en demandas. Sostenemos las luchas por un mundo en el que la vida sea deseada, la acción crítica y política sean posibles, y sustentables las oportunidades para realizar la igualdad, la libertad, la solidaridad y la justicia.

Entendemos que la denuncia y la demanda son condiciones necesarias, pero no suficientes en los procesos de acción política transformadora. Por todo ello reafirmamos que las voces de las mujeres que hoy resuenan como un grito planetario se concretan en propuestas contra el racismo, el sexismo, la homofobia, el feminicidio, la transfobia, la xenofobia, el genocidio y el exterminio de los pueblos.

Sabemos que nuestros derechos son de reciente reconocimiento como concepto, posibilidad y valor ético y político; también lo es la defensa de los derechos humanos, económicos, políticos, sociales, culturales, sexuales y reproductivos de las mujeres. Sabemos que los derechos de los pueblos en medio de la guerra, el narcotráfico y el saqueo del Estado por parte de las élites clasistas, nos anima a pensar y actuar en colectivo. Hoy tenemos el reto de construir colectivamente estrategias políticas que posicionen nuestras demandas en las agendas públicas, municipales, departamentales y nacionales.

Reafirmando pactos, construyendo alianzas

Reafirmamos la necesidad de consolidar alianzas con movimientos y partidos políticos capaces de valorar y sostener los avances y logros de las mujeres en relación con el derecho a la movilización y a la protesta, las luchas por renta básica, derechos económicos y pensionales, y la legalización del aborto imprescindible para reconocer el valor de la vida y su derecho a la libre opción de engendrar, los aportes a la justicia de género y a la sostenibilidad de los acuerdos de paz, la paridad política necesaria para el ejercicio pleno de la ciudadanía y la democracia.

Fortalecemos la participación y representación de las mujeres en la construcción de lo público, mediante procesos y prácticas pedagógicas con enfoques que transformen la revictimización y las condiciones de vulneración. Generamos nuevas formas de hacer política incorporando las diferencias, la crítica y el derecho a disentir como un valor ético imprescindible para construir colectivamente los pactos y alianzas que Colombia requiere, en el horizonte de una democracia plural.

Portamos en nuestros cuerpos las historias de los territorios donde transcurren nuestras vidas en medio de la impunidad, las estrategias del poder institucionalizado, los castigos, amenazas, sanciones y silencios sobre los crímenes de odio. Y así, entre el miedo y la expectativa por la justicia transicional aportamos a la paz.

En disonancia, las voces, propuestas y acciones de las mujeres recorren el continente a través de diversas expresiones, imágenes y jeroglíficos que rasguñan las piedras porque aprendimos que las rocas, ríos y montañas hablan y son habladas con las acciones, palabras, lenguajes y símbolos producto del trabajo que re-creamos cada día. Construimos nuestro poder colectivo pasando la voz, reconociendo y valorando las diferencias, reafirmando pactos, construyendo alianzas. Somos actoras, sujetas políticas y transformadoras.

Las mujeres perdimos el miedo a volar ¡Hacemos historia política!