La vida sin Merkel

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Ángela Merkel le puso un toque de humor al término de su mandato y en la última semana visitó un parque de aves, sufriendo el acoso de un grupo de loros

Como suele suceder en la repartición de las cartas en un mundo capitalista, no todos resultan vencedores. En Alemania, como en otras naciones industrializadas de Occidente, los ganadores fueron los grandes consorcios empresariales y los perdedores los más desvalidos

Ricardo Arenales

Los medios corporativos se han esforzado por magnificar la figura de Ángela Merkel, que deja el poder en Alemania tras 16 años de gobierno bipartidista. Dicen que Alemania no volverá a ser la misma y que incluso, la Unión Europea, sin el liderazgo de la Merkel, transitará por un camino de incertidumbre.

Sin lugar a dudas, Merkel fue una política sagaz. Durante diez veces seguidas, la revista Forbes la proclamó como la mujer más influyente del mundo.  Jefes de Estado de otras naciones le reconocen su pragmatismo, su sencillez como gobernante, su paciencia.

Durante sus más de tres lustros de gestión, adelantó reformas como la abolición del servicio militar obligatorio, aprobó el matrimonio entre personas del mismo sexo, liquidó el uso de energía nuclear en suelo alemán. En este tiempo, Alemania incrementó su prestigio internacional, sorteó diversas crisis y se posicionó como la primera economía europea y la cuarta en el mundo.

Ganadores y perdedores

Pero como suele suceder en la repartición de las cartas en un mundo capitalista, no todos resultan vencedores. En Alemania, como en otras naciones industrializadas de occidente, los ganadores fueron los grandes consorcios empresariales y los perdedores los más humildes y desvalidos.

Los 16 años de mandato de la Merkel no incidieron mayormente en la superación de las desigualdades sociales entre la región oriental de Alemania, la antigua RDA, y la parte occidental. En la parte oriental del país el desempleo y la pobreza son considerablemente mayores en relación al resto del país. El nivel de vida en general es precario y la gente no gana bien.

En Bremen, la esperanza de vida en los barrios ricos supera en siete veces la de los distritos humildes. El ingreso medio de un hogar obrero en Gelsenkirchen no llega ni a la mitad de lo que ganan en la próspera Heilbronn. El sector agrícola alemán está descontento. No se planteó una reforma agraria bajo la administración Merkel. Aumentó la polarización social y los grandes conflictos sociales relacionados con la inequidad y la desigualdad, siguen sin resolverse.

Esta situación le pasó una cuenta de cobro a la primera mujer presidenta en Alemania y la más famosa en el mundo. El nivel de confianza de la gente en su gobierno fue decayendo. Ya en octubre de 2015, según encuesta de ARD Televisión, el nivel de aceptación de la mandataria pasó del 75 al 54 por ciento. Para este año era considerablemente menor. No en vano su partido, el CDU, obtuvo la votación más baja en su historia, perdiendo la mayoría para gobernar.

Un futuro por construir

No sólo el pueblo alemán fue víctima de discriminación bajo la famosísima administración de Merkel. Con su estilo ‘pragmático’ de manejar las crisis financieras en Europa, la global y la del euro, Alemania se alió con el Banco Central Europeo y el FMI para imponer una dura política de ajuste social a los países del sur de Europa, que golpeó particularmente a Grecia, Francia, Italia y Portugal, que se tradujo en hambre, miseria, desempleo y exclusión para los pueblos de esos países.

El liderazgo de la Merkel se instrumentalizó para empujar al endeudamiento extremo a muchos países y destruyeron el nivel de vida de sus pueblos, no solo de Europa. En el manejo de temas como el de la seguridad regional mantuvo a Alemania sometida a los dictados de la OTAN y del Pentágono norteamericano. No en vano, en suelo alemán permanecen todavía más de 70 mil soldados en bases militares británicas y norteamericanas.

No todo es color de rosa en el balance de los medios corporativos. Hay mucho de fabricación de imagen en torno al liderazgo alemán. En los últimos comicios, los electores le dieron la espalda a Merkel y a su partido, relegándola a un modesto segundo lugar. Ahora se abren posibilidades de recomponer el país, dependiendo de la capacidad de movilización y exigencia de su pueblo.