La universidad estuvo en la mira de los fusiles

0
235
Estudiantes universitarios le rinden un homenaje a Chucho Peña, asesinado en abril de 1986 en Bucaramanga

El reciente encuentro por la verdad, en la UIS, develó cómo las universidades fueron víctimas de distintos actores armados en el marco del conflicto

Juan Camilo Montañez Santos

En la Universidad Industrial de Santander, UIS, el día 2 de septiembre se desarrolló el encuentro por la verdad, que se denominó “El conflicto armado en las universidades: generaciones que no se rinden”. Alrededor de 200 personas entre estudiantes, docentes, trabajadores de las diferentes instituciones educativas y actores del conflicto se dieron cita para contar la verdad y hacer su análisis de lo que fue la incursión política, estratégica y militar en los claustros universitarios.

Para múltiples sectores de la comunidad universitaria, la política militar que intervino en las universidades se construyó desde la doctrina del enemigo interno, con la cual no se buscaba solamente acabar y combatir una insurgencia, sino extirpar todo un pensamiento ideológico, crítico y político que enarbolara las banderas de la igualdad entre hombres y mujeres de todas las naciones y razas.

De igual forma, por muchos años el movimiento universitario ha denunciado que, por medio de mecanismos estatales y paraestatales, se persiguieron, se asesinaron y se desaparecieron a líderes y lideresas estudiantiles, profesores con conciencia crítica y trabajadores sindicalizados.

Por la verdad

En el marco de la implementación del Acuerdo de Paz y de la justicia transicional se ha realizado un ejercicio de memoria y verdad, en el cual han participado los actores armados y las víctimas del conflicto en escenarios cara a cara, en un ejercicio de perdón, reconciliación y la promesa de no repetición. El encuentro del 2 de septiembre buscó aportar a este objetivo, reconociendo a las universidades como víctimas del conflicto, en donde actores como los paramilitares, guerrillas y el Estado jugaron un papel dentro de estas, al ubicar en el foco de los fusiles a la comunidad universitaria.

La jornada se desarrolló en tres bloques. En el primero se realizó un sentido homenaje a Chucho Peña, que es recordado hoy por concebir el arte como estrategia de transformación social desde un pensamiento crítico, cuya voz fue silenciada el 30 de abril de 1986 en Bucaramanga.

En el segundo bloque se realizó una importante reflexión sobre la estigmatización y el tratamiento militar a la protesta estudiantil, profesoral y de los trabajadores, con más de 20 informes, en los cuales la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición reconoce la recurrente violencia por parte de agentes del Estado, especialmente en las universidades públicas. Allí diferentes familiares de estudiantes caídos y desaparecidos, narraron la forma en que se persiguió, desapareció y asesinó a sus hijos e hijas por parte de estas fuerzas a lo largo de un recorrido histórico de las diferentes universidades.

Aspecto del encuentro realizado
por la Comisión de la Verdad

Responsabilidad

El tercer bloque estuvo a cargo de Francisco de Roux, presidente de la Comisión de la Verdad, en el cual se abordó la responsabilidad del lado de la insurgencia y los crímenes cometidos por los paramilitares dentro de las universidades. Allí, el acto de perdón y la verdad, fue el epicentro de este diálogo, en el que participaron tanto dirigentes de estos actores del conflicto, como los familiares de las víctimas que encarnaron el horror de la guerra.

La intervención del general en retiro de la Policía Nacional, Óscar Naranjo, y también exvicepresidente de Colombia, se convirtió en uno de los momentos más relevantes del evento: “Yo francamente reconozco que por lo menos mientras fui director de inteligencia, a finales de la década de los noventa, seguramente contribuí a estigmatizar. Tenía en ese momento el prejuicio de que la universidad era una especie de cantera vinculada a grupos armados y que en la universidad se permitía la vinculación de combatientes para esas guerrillas. Qué error tan grande. Hoy pido perdón genuinamente por haber contribuido a estigmatizar la universidad”.

También fue impactante la voz de la señora Nohemí Delgado, madre de Olson Granados, estudiante de la Universidad Pedagógica Nacional, que fue asesinado junto con ocho estudiantes más, en la reconocida masacre del Puracé en el departamento del Cauca, a manos del Frente 13 de las FARC–EP, que manifestó su más sincero perdón ante la barbarie que vivieron en el 2001.

Al respecto, Pastor Alape, integrante del antiguo secretariado de las Farc-EP y firmante del Acuerdo de Paz de La Habana, destacó que “en la Universidad Industrial de Santander se ha manifestado la dinámica de la lucha social, la lucha política; la universidad no estuvo exenta del debate frente a la lucha armada y la lucha insurreccional. Por eso planteamos que se pueda establecer un pacto político para que se saque a la universidad pública del conflicto, que la universidad sea centro de la solución de las conflictividades violentas que todavía nos afectan y que sea declarada víctima del conflicto y sujeto de reparación colectiva para poder garantizar el desmonte de la estigmatización de la universidad”.

Perdón a las víctimas

Finalmente, en medio de las sentidas narraciones de los hechos del asesinato a estudiantes, los actores presentes en el espacio, esclarecieron el objetivo de la infiltración a las universidades, pero en especial reconocieron su participación en los diferentes crímenes, ofreciendo perdón a las víctimas presentes y a todas aquellas personas a quienes, a lo largo de la historia de este largo conflicto, se vieron afectadas por su actuar.

Las universidades hoy siguen siendo escenarios de pensamiento crítico, donde se gestan procesos que buscan la transformación social, la equidad, pero ante todo, la justicia social.