La tragedia evitable que no evitó el Gobierno

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Visita del presidente Iván Duque a la isla de Providencia

Los graves daños ocasionados en el archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina, por los recientes huracanes (Eta e Iota), no son inevitables. Son prevenibles y fueron anunciados por el IDEAM.  Pero el Gobierno no fue capaz de orientar ninguna acción para minimizar los estragos.

La otra cuestión que debe tenerse en cuenta para juzgar la tragedia que padece el pueblo sanandresano e identificar responsables es que existían propuestas para disminuir la vulnerabilidad del territorio, desde el año 2014 en el Plan de Adaptación Climática Departamental. Pero ningún Gobierno hizo nada.

Tanto los gobiernos de Juan Manuel Santos como el de Iván Duque ignoraron esos planes que pudieron evitar la tremenda tragedia humana que significa la destrucción del 98 por cientos de las residencias de las familias del archipiélago. Pérdidas que dejarán graves secuelas psicológicas, especialmente en los niños y en los ancianos.

Por otra parte, el Gobierno actual supo con tres días de antelación que las costas del Caribe serían azotadas por un huracán de esa capacidad de destrucción, el Centro Nacional de Huracanes de los Estados Unidos lo había pronosticado. Sin embargo, ningún funcionario, por supuesto ni siquiera Iván Duque hizo nada para orientar a la población como disminuir los riesgos y los efectos negativos del fenómeno natural.

Otro hecho que se debe evaluar de forma más cuidadosa, por cuanto es susceptible de ser reformado con el concurso de las fuerzas progresistas, sus movilizaciones y sus propuestas políticas, es el modelo económico neoliberal que ha acelerado el uso extremo de la naturaleza, la contaminación atmosférica y la utilización de los combustibles fósiles, con lo cual se acelera el cambio climático y su secuela de huracanes cada vez con más poder de destrucción.

El impacto destructor del modelo se fundamenta en la lógica de concebir naturaleza como un recurso utilizable y explotable de manera ilimitada a costa de privar a la fauna de su entorno vital con la deforestación y destrucción de la flora, con la única finalidad de sostener el modelo de acumulación económica y la explotación del hombre.

Las falsas soluciones de expresiones técnico científicas, hábiles vendedoras de humo, que argumentan la defensa del modelo capitalista, suponen que la destrucción de los ecosistemas, biodiversidad, alteración del clima, entre otros, son responsabilidades endosadas a toda la humanidad, incluyendo las generaciones futuras. El negacionismo de la responsabilidad de la aniquilación ambiental que ha provocado el capitalismo, es una bancarrota argumentativa y política, que ha puesto en los planos mediáticos, el sueño de explorar otros planetas para enfrentar la situación, para justificar la irracionalidad del modelo prefieren el fin del planeta que el fin del capitalismo. Es evidente que las consecuencias de la contaminación y la crisis ambiental, constituyen los factores que más atentan contra las posibilidades de la sobrevivencia del hombre y todos los seres vivos en el planeta.

El pueblo debe tomar conciencia de quienes son los directos responsables de la implementación, además, los planes de desarrollo no tienen en cuenta a las comunidades del pueblo raizal, los ecosistemas territoriales, y reconocer la realidad de la ubicación geografica. La reconstrucción de la isla de Providencia no puede quedar en el olvido, deberá estar ligada a garantizar la seguridad de sus habitantes ante los diferentes factores que influyen en su vulnerabilidad, es prioritario un plan de alertas y mitigación real y efectivo.

No obstante, los acontecimientos trágicos que hemos descrito anteriormente no se identifican ni en el empresariado colombiano, ni en el gobierno la disposición a diseñar y ejecutar los cambios que la situación exige, sino lo que percibimos es una especie de insensibilidad e indiferencia ante tanto afectado y tanta desesperación y por eso vemos su disposición a mantener y defender el status quo.

El pueblo debe tomar consciencia de quienes son los directos responsables, por una parte, de la existencia y mantenimiento de un modelo de explotación de la naturaleza y del hombre que conduce a la alta concentración de la riqueza y necesariamente a la altísima concentración de la pobreza y de las mínimas condiciones de vida del pueblo colombiano. Pero concomitantemente existe una responsabilidad en los padecimientos que soportan los habitantes del archipiélago de San Andrés, de La Guajira, de algunas regiones de Antioquia y los Llanos como consecuencia del cambio climático y de la precariedad en que malviven muchos colombianos, lo que ha facilitado la destrucción de los huracanes Eta e Iota y las lluvias excesivas. El directo responsable de esta tragedia es el presidente Iván Duque por su incompetencia y por sus tendencias a privilegiar los intereses del Estado y a menospreciar las necesidades de los colombianos excluidos.

Los recientes hechos políticos en Bolivia, Chile, Guatemala y Perú nos indican el camino: ganar la democracia en las calles y en las urnas.

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