La tormenta después de la calma

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Mercedes Gaviria

Desde una visión poética íntima, la ópera prima ‘Como el cielo después de llover’ de la directora de cine y sonidista colombiana Mercedes Gaviria Jaramillo puede leerse como una fina crítica al sistema patriarcal

Michael Benítez Ortiz

Contar la propia historia tejiendo susurros, dejando el ruido del otro lado. En la superficie. Obligando al espectador a hacer un giro. La película Como el cielo después de llover (2020) revela ese movimiento. Lo configura. Lo narra. El mundo ha sido registrado por los ojos del padre, de todos los padres, y así se nos enseña a verlo. Aprendemos una lengua, una estructura de símbolos, para traducir los recuerdos de ese dios, siempre autoritario.

La voz desenreda el alambre de púas: hace el pasado viable, conjunto. También es la voz en donde se reafirma la individualidad. Las palabras no son solo ecos, tarros vacíos predeterminados. Mercedes mueve las fichas, crea las reglas de su propio juego.

A veces es más importante lo que no se filma. Y la importancia de lo que se proyecta se da, precisamente, en la medida que construye el croquis de lo que no está. Poniéndolo en evidencia.

La industria cinematográfica tradicional, su rudimentario negocio, se sienta frente al espejo, le tiemblan las manos. El bullicio se deshace entre poros. El culto a la mirada paterna, y sus gritos de patrón, cesa.

Amputar el dolor encarnado

Hay una brutal consciencia de sí. De que hay un mecanismo que reproduce la inequidad, un sistema mezquino, ignorante. Hay que matar al padre antes de que se muera. Cazar el fantasma que nos habita. Amputar el dolor encarnado. Componer el vuelo. Migrar a otro plano.

Mercedes se incomoda, cierra los ojos, escucha: aquí se toma distancia con el padre, se le llama por su nombre. Desnuda la torpeza patriarcal, el descuido en su monólogo. El mensaje heredado por la madre, en secreto, es romper radicalmente con ese pacto de silencio, de miedo; descubrir la mentira que domestica desde el privilegio. Privilegio paralizado por su falsa paz. La tormenta deviene a la calma. El amor es, sobre todo, guerra y movimiento. La comodidad es casi siempre estática. La muerte: estéril. Vivir no es otra cosa que arder en preguntas.

Una ruptura hecha por amor

Mostrar la intimidad, exponerla, desmenuzar las prácticas cotidianas, poner en tensión lo resistente y lo frágil, reconstruir la casa, meter el cine bajo las cobijas. Descubrir la cámara en los ojos cuando amanece. La poesía desatando jerarquías.

El arte es la grieta para mirar a través. Puerta abierta. Luz que rompe paredes. Certeza incompleta. Flor espía que escucha cómo lavamos los platos al atardecer.

Como el cielo después de llover, es el testimonio auténtico de una ruptura hecha por amor.  Y es esa su potencia, su fuerza: la lucidez con que asume esta —tan solo aparente— contradicción.

Sinopsis y premios

Sinopsis: Mercedes regresa a su ciudad natal para acompañar el rodaje de la película de su padre, Víctor Gaviria. Un director que se ha encargado de registrar a su familia a lo largo del tiempo. Entre el encuentro de sus dos miradas, el silencio rotundo de su madre y la obstinación de su hermano, Mercedes abraza el tiempo compartido del archivo y las infinitas contradicciones de su familia para buscar allí su propio comienzo.

Premios nacionales: Premio Luis Ospina, Mejor Dirección de Largometraje Nacional, Festival Internacional de Cine de Cali – FICCALI, Colombia, 2020

Premios internacionales: Premio Jurado Joven al Mejor Largometraje, Festival Internacional de Cine de Gijón, España, 2020.  Premio a la Crítica Joven a la Mejor Ópera Prima Latinoamericana, Mención Especial, 35° Festival Internacional de cine de Mar del Plata, Argentina, 2020.