La realidad de un nuevo tiempo

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César Santoyo Santos
@Cesar_Santoyo_S

El activismo social y político ha copado titulares, columnas, editoriales y la vida; hasta en las redes del país y del mundo durante este medio mes de arengas, luchas y pliegos por los cambios que merece el país y que poco ha atendido la cúpula plutocrática en el gobierno. Se escribe esta columna en medio del rechazo generalizado a la brutalidad policial, al tratamiento de guerra que ha dado Duque a la movilización y la protesta social.

Comunidades barriales, procesos de diverso arraigo, saciados de promesas y de incumplimientos están colmando calles, plazas y titulares. Están dando de qué hablar a escala global, al punto que hoy Colombia cuenta con la anuencia de los países en el contexto multilateral, han rechazado el exceso de fuerza y el sesgo que encarna una aparente institucionalidad que invoca el principio de autoridad tratando de acallar, reprimir y golpear la masiva exigencia de cambio de rumbo, dignidad y alejar al país del miedo como opción en campos y ciudades.

Hemos tenido que recurrir al seguimiento internacional, no sólo desde los comunicados y pronunciamientos, también desde la actividad de organismos como la CIDH y la Corte Penal Internacional, CPI, para que revisen estos excesos que sufren, sobre todo, quienes, valientes, ya no tienen “nada que perder pues han perdido hasta el miedo”.

Estos organismos tendrán que revisar las solicitudes y denuncias realizadas para que podamos contar con una ruta de investigación, independencia judicial y reconocimiento de responsabilidad, que han sido absolutamente esquivos para el país desde que Duque montó a sus amigos y copartidarios en los organismos de control, en la Fiscalía y controla a su antojo los pronunciamientos y decisiones que emanan de estas entidades.

La juventud en su más amplia diversidad sale victoriosa de este proceso, ha dado una lección de dignidad, junto a madres y familias cansadas de ser “los nadies”, esas mayorías nacionales están hoy enseñando a luchar, creando pliegos, promoviendo agendas y plataformas, rompiendo el cerco y los privilegios; su exigencia: no más brutalidad, garantías para las personas movilizadas, han reclamado renta básica y universal, han reclamado educación pública, crítica, de calidad, profundamente comprometida con la reactivación del país.

Una educación que sirva para no enlistarse en temporales que expropian derechos laborales, una educación que inspire cambios, como los que estas calles, plazas y personas están reclamando, con rostros de madres, mujeres, respetuosa de la vida y de la naturaleza.  Por eso es una educación que se convierte en la realidad de un nuevo tiempo, para el cambio de rumbo.

Hay que invitar hoy a objetar la conciencia a soldados y policías para que no se presten al teatro de esos poderosos. No acompañen la barbarie contra las comunidades movilizadas, los trabajadores y, en general el pueblo, recoger esa enseñanza es vital para el cambio de rumbo.

La CIDH y la CPI examinarán aparte, incluso con visitas y registros al país, si el régimen no se atraviesa en este preciso instante en el que las vanidades y proyecciones electorales quieren tomarse la agenda nacional, por tanto, ese escenario de movilización, la disputa política en las calles debe agrupar antes que dispersar, debe atender el perfeccionamiento de los pliegos y las luchas para entender que la unidad es sabia en sus tiempos, el ejemplo de Chile debe volverse continental. Larga vida al pueblo chileno.