“La poesía es mirar el mundo con nuevos ojos”

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Diana Peña

La poetisa santandereana Diana Peña, ganadora de la beca Bicentenario en 2019, habló con VOZ sobre su obra publicada, el momento de la poesía juvenil en el país y la necesidad de la literatura ante una realidad opresiva y una vida social empobrecida

Jorge Andrés Garavito Cárdenas

Diana Peña camina con una paciencia infantil, antigua, que te hace pensar en una naturaleza precolombina, sagaz, puntual, precisa. Trae preparadas sus palabras con anterioridad. Mira el espacio, me mira sonriente y la noto en espera. La noche anterior me acosté tarde releyendo su libro Música de Hojas, ganador de la beca bicentenario de Santander del 2019 y siento sus movimientos como sus poemas. Su libro viene adornado de palabras llenas de referencias académicas por parte de Angye Gaona y Fredy Yezzed, poetas colombianos con reconocimiento internacional, pero veo a Diana y pienso que esas lecturas casi no la tocan, le rozan solamente la voz tierna y antigua de sus imágenes.

Siento a Diana Peña como una poeta traducida, cuya lengua originaria comparto, y me sonrojo un poco al decirlo, pero creo que tenemos un origen común. Por supuesto no me estoy comparando, no estoy queriendo decir siquiera que escribamos parecido, pero leo sus poemas como en una lengua que conozco de mi infancia, de una Bucaramanga que soy y al tiempo se me hace lejana, algo ajena.

Nos correspondió el olvido

Música de Hojas es un libro de cuatro partes: ‘Retratos de infancia’, que es un pedazo verde donde el tiempo no pasa sino se deshace como las babosas en la sal. Se reviven olores cítricos de la emoción y la espera y los soles son los que dan a luz los días y la memoria se mantiene en pie a pesar de una casa vieja en ruinas que al igual que a los abuelos, poco a poco se le visita menos.

Diría que ‘Formas del abandono’ es la parte dolorosa, pero de alguna manera todo el libro lo es. Existe un registro pizarnikiano en este segmento, precisamente por ese aliento del dolor. El olvido, la soledad, el abandono, el levantarse tarde de la cama con la esperanza de que el día dure poco, evitando la pregunta de qué es vivir cuando se asume el calendario como un enemigo que te enfrenta en el absurdo esfuerzo de apurar la noche. Agua que no refresca, amor que no acompaña, luz que no ilumina.

‘Palabras al viento’ trae eco del primer segmento, como si el árbol del inicio hubiera crecido y ahora bajaran hojas secas y frutos esperando enterrar semillas. Un cansancio que no borra las ansias de respirar la música de hojas. Un llamado a un canto poético sincero, entregado a la orfandad y la esperanza.

Nos correspondió el olvido, Diana Peña sienta las palabras para que empecemos a aceptar la imagen que nos devuelven los charcos. El libro termina con ‘Tiempo de siega’, el segmento más lleno de esperanza de todos. “Si las palabras no alcanzan, enmudecer, reinventar el lenguaje” grita sonriente en este cierre de concierto, donde el abandono, el recordar, el silencio, la soledad dejan de ser dolorosas para llenar una emoción sostenida en el misterio del baile de las hojas mientras caen.

¿Quién es Diana Peña?

-Soy una mujer nacida en Santander, que ha encontrado en la literatura, la educación y las viejas formas de dialogar con el mundo y de participar en él.

¿Qué significa Música de hojas?

-Música de hojas es el resultado de mis búsquedas literarias, la consecuencia natural de ser una lectora y el feliz resultado de mis coqueteos con la escritura.

¿Cómo defines la poesía joven colombiana actual?

-Pienso que su principal característica es la irreverencia. La encuentro joven, rebosante de energía y espontaneidad. También, se percibe la influencia de las TIC, la virtualidad, los robots en la vida.

¿Hace cuánto haces poesía?

-Hago poesía desde la escuela, en especial desde la secundaria, siempre he escrito cosas; solo que he querido mostrar al público una obra madura, con una voz poética consolidada, digna de él.

¿Qué significado tiene la muerte en tu libro?

-La muerte es en mi poesía un nuevo comienzo; un renacer. No es algo definitivo que trunque, sino la oportunidad de ser de otra manera, de cambiar lo que haya que cambiar, para renacer.

¿Qué quisieras ser después de muerta?

-Un ave, una mariposa o una gata, así como Ema y Kimba.

¿Por qué seguir haciendo literatura (para qué)?

Porque es lo que sabemos hacer, y nos asiste la necesidad de la ficción y la belleza. Que es a su vez la necesidad de decirnos, leernos y reinventarnos.

¿Qué significa el amor en tu obra?

-Pienso que en mi obra el amor es totalidad, en cada poema, historia o texto que escribo está presente el amor, entendido como aquello en lo que creo, y no se trata sólo de ideas, sino también de personas que han incidido de manera significativa en lo que soy y en lo que quiero ser.

¿Qué significa la infancia en tu obra?

-En mi obra publicada la infancia es un paraíso, en especial la infancia rural; creo que en ella está mi génesis como escritora o amante del arte; en esa capacidad de mirar que desarrollé durante la infancia, de mirar la naturaleza y sus transformaciones; que tiene que ver, también, con un ensimismamiento. Sin embargo, pienso que en el futuro querré decir la infancia de otro modo, de un modo más descarnado, así como mostrar la cara dura de ser campesino o campesina.

¿Cuál es el papel de las mujeres (y lo femenino) en tu obra?

En Música de Hojas, mi libro publicado, considero abordar las cuestiones humanas de manera general; no hay un deseo consiente de hablar de la mujer ni de decirla; si bien como mujer que soy me expreso desde lo femenino, desde mi experiencia vital que no puede obviar ese hecho pensaría que recreo a la mujer como alguien que se da y por ahí mismo experimenta la pérdida de la inocencia y la extrañeza ante el mundo, ante el descubrimiento de un mundo que es distinto al imaginado o soñado, por eso, el libro interpela y critica. De ahí que se halle implícita una crítica a la mala educación, aquella que nos crea una idea equívoca de cómo es el mundo.

¿Qué es poesía y vale la pena seguir haciéndola?

-Se me ocurre que la poesía implica mirar el mundo con nuevos ojos, en ese sentido, la poesía bordea los límites del lenguaje y al hacerlo nos permite ir más allá del uso ordinario de las palabras, por ello es necesaria, al igual que lo es la filosofía.

¿Qué opinas del feminismo?

-El feminismo es la mano, es decir, desde allí las mujeres al fin han podido alzar la voz y sentirse acompañadas al hacerlo. El feminismo como colectivo ha sido y es muy importante en la tarea de visibilizar a la mujer, no solo en el presente, sino también, en el pasado; conozco investigaciones que han rastreado, por ejemplo, las luchas de las mujeres negras durante el siglo XIX para reclamar derechos como el de la libertad de vientres. O el libro «Si me permiten hablar… Testimonio de Domitila, una mujer de las minas de Bolivia» o la obra «Calibán y la bruja, mujeres, cuerpo y acumulación, originaria», por mencionar solo algunas obras que nos ayudan a comprender como ha vivido y vive la mujer y, especialmente, reconocerla como sujeto de la historia. Si bien queda mucho por hacer y en el presente, por ejemplo, la mujer campesina poco se ha enterado de estos discursos.

¿Cuál es tu autor o autora que recomendarías?

-Recomiendo a Pilar Quintana.

¿Por qué se ha despertado de nuevo un interés juvenil por la literatura?

-Porque hay necesidad de ficción, ante una realidad opresiva y una vida social empobrecida la literatura es una casa confortable para estar, un lugar donde podemos ser lo que deseemos.