La plaza es de quien la trabaja

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Plaza de Mercado Samper Mendoza. Foto Violeta Forero

En la plaza de mercado Samper Mendoza, también conocida como “de las hierbas”, existe una tensión entre la comunidad que trabaja en este lugar histórico de la ciudad y el Distrito. Ante los múltiples problemas sin resolver que son denunciados a diario, la institucionalidad responde con evasivas

Violeta Forero
@Violeta_Forero

Algunas de las plazas de mercado últimamente se han convertido en centros turísticos a donde llegan diferentes tipos de personas a almorzar, comprar víveres, tomarse fotos o simplemente deslumbrarse por la variedad de colores, olores y sensaciones que estas transmiten. Sin embargo, no todo es color de rosa, pues los productos que consumimos son el resultado del trabajo desarrollado por el campesinado colombiano que busca cómo ganarse la vida pagando arriendos costosos y sufriendo el desdén del Estado ante sus necesidades.

El pasado martes 17 de agosto en la Plaza Samper Mendoza, conocida como la ‘Plaza de las hierbas’, se realizó un diálogo en el marco del proyecto “JAL al Barrio” entre el Instituto de Patrimonio Cultural, IDPC; el Instituto Para la Economía Social, IPES; comerciantes, campesinado, ediles de la localidad y la Alcaldía local. El espacio fue dirigido por el edil de la localidad de Mártires, Mario Ávila, quien por voto popular ganó las elecciones representando a la Colombia Humana – Unión Patriótica.

Una plaza especial

En el diálogo había dos posiciones claras, la de las instituciones protegiendo y reglamentando el uso y desuso de la plaza y la de la clase trabajadora, quienes sienten que hay un abandono estatal, que no les ponen cuidado a pesar de los múltiples derechos de petición que han realizado y que el dinero que están invirtiendo en mejorar las condiciones de su espacio de trabajo, no está siendo suficiente para que la plaza tenga un tratamiento adecuado.

La institución empezó haciendo un balance general sobre los costos de facturación y lo recaudado, insinuando en repetidas ocasiones que la plaza no es rentable, pues en palabras de Jeimmy González, funcionaria del IPES, “no se está recaudando ni siquiera la mitad de lo que se está facturando”. Es importante mencionar que esta plaza tiene una condición especial, pues es itinerante, lo que quiere decir que trabaja día y noche además de ser patrimonio cultural inmaterial de la ciudad.

Ante la JAL se denunció que, aunque la plaza está recibiendo recursos externos de patrocinios de grandes empresas en el marco de los festivales que se realizan, esos incentivos no están llegando a la mejoría del espacio, y aunque se han pasado derechos de petición solicitando la adecuada información, no ha habido respuesta alguna más que evasivas por parte del IPES.

John Bernal es consejero local de patrimonio y acompañante del proceso de la plaza hace más de 20 años y él denuncia ante la JAL que hay un miedo colectivo y una intimidación por parte del IPES en manifestar inconformidades por lo que está sucediendo, pues las personas que trabajan en este lugar han sido amenazadas con subidas de costos, lo que afectaría no solamente su bolsillo sino su derecho al trabajo.

Además, John afirma que los procesos que están haciendo las instituciones, los están haciendo a voluntad propia: “A nadie le preguntaron si esos estivos le servía, si ese local tenía lo que necesitaba. Las plazas son del campesinado y no se enajenan, los procesos que hacen los deben consultar con la gente, no en una oficina. Las instituciones no saben cuáles son nuestras peticiones”.

Es imposible no mencionar a la alcaldesa Claudia López cuando de Bogotá se trata. En su plan de gobierno se mencionó que se iba a hacer un “pacto para las plazas” en el cual se realizaría un reglamento para cada una de ellas, sin embargo, en la resolución 267 de 2020, el Pacto para las Plazas se tumbó, reglamentándolas como un conjunto sin tener en cuenta sus excepciones.

“Nosotros no vamos a firmar ningún contrato. Entre todos hemos hecho la plaza, este es nuestro espacio y acá nos quedamos. Somos cuatro generaciones trabajando en este lugar y ahora nos la quieren quitar”, afirma Jonathan Zambrano, vocero y trabajador de la plaza.  “Nos han dicho que, si no firmamos el contrato, desde septiembre vamos a tener que pagar tres o cuatro veces lo que pagamos, eso es absurdo. Nosotros demandamos esa resolución porque es injusto. Nunca nos tienen en cuenta para nada”.

Espacio de diálogo abierto por la JAL de Mártires. Foto Violeta Forero

Nos cerraron la plaza

Desde el 2012 el Instituto Nacional de la Salud exigía que la Plaza de las Hierbas debía cambiar los pisos, pues eran insalubres tanto para las personas comerciantes como para quienes visitan la plaza, y al no ver resultados de su exigencia, en febrero de 2019 cerraron la plaza, dejando a las personas sin sustento económico. Debido a esto, el IPES se puso las pilas y mandó a hacer los pisos adecuados, sin embargo, cuando se hizo la obra, cambiaron unos tubos grandes que canalizaban el agua, por otros más pequeños pese a las recomendaciones realizadas por las personas de la plaza.

“Cambiaron los pisos, pero igual cada vez que llueve se inunda. Quieren traer personas de otros países, pero ojalá cuando vengan no esté lloviendo, porque se van a mojar los pies con las lagunas que se crean. Hicieron los pisos en baldosas y cada vez que llueve, tenemos accidentes de personas que se resbalan, sobre todo en las partes donde hay goteras en el techo”, afirma Erika Mantilla, comerciante de la plaza hace más de 20 años.

La institución en medio de su diplomacia responde que todos los derechos de petición van a ser contestados en el tiempo legal y que se está trabajando por la mejoría del lugar, pero ninguna de las preguntas ni de los comentarios de la gente es contestada puntualmente. “Estamos prestos a estar con la comunidad y a responder las inquietudes y solicitudes que nos llegan por medio de los ediles que nos convocaron. Nuestro objetivo es salvaguardar el patrimonio material e inmaterial y tenemos esta plaza como prioridad”, responde Edna Riveros, trabajadora del IDPC.

John afirma que muchas instituciones han estado haciendo ejercicios para intentar organizar al campesinado y a las personas comerciantes, no obstante, esto ha sido imposible porque no hay una articulación interna que permita que esto suceda. Es importante tener claras las particularidades que tiene la Plaza de las Hierbas frente a las otras plazas de mercado.

Sobre la plaza

La plaza de mercado del barrio Samper Mendoza se fundó en 1935, era conocida como La plaza del Nordeste y sólo llegaban campesinos de Sogamoso y de Barbosa. En 1956 se convirtió en parqueadero de buses y en 1958, es decir, tan solo dos años después, pasó a ser propiedad de la EDIS bautizándola como la conocemos ahora.

La plaza empezó a recoger a las personas que vendían hierbas frente al Departamento Administrativo de Seguridad, DAS, hace más de tres décadas. Actualmente llegan más de 500 personas a vender sus productos. Esta plaza es muy especial pues es el lugar que ha visto crecer a aproximadamente cinco generaciones que poco a poco van siguiendo los pasos de sus mayores.

La Plaza Samper Mendoza es la única latinoamericana que es especializada en hierbas, y cuya activación económica es en horas de la noche: “Yo no me quiero convertir en una piedra en el zapato para nadie, nuestra intención es que nos pongan cuidado, es importante planear la plaza con la gente que trabaja acá. ¿Quién conoce mejor la plaza que la gente que trabaja y que está acá metida desde hace años?”, asegura John.

Por el momento, no se vislumbra un panorama que logre resolver las tensiones entre quienes trabajan en la plaza y el Distrito.