La perra

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Premio de Narrativa Colombiana

Alejandra Cano

La lucha entre el bien y el mal ha estado siempre presente en la literatura universal. La culpa, la cobardía, la maldad, la bondad, salen a la luz en diversos personajes como parte de su naturaleza humana, en obras de Shakespeare o Dostoyevski, por ejemplo. Diferentes personajes experimentan sentimientos contradictorios a partir de estas características, en muchos casos, la maldad de los personajes supera la bondad, y como consecuencia de esto, la culpa se convierte en una sombra intermitente en su camino.

En la literatura, la figura de la mujer, en la mayoría de los casos, es descrita a base de estereotipos sociales que la definen como el “ángel de la casa” o la esposa sumisa a cargo del cuidado de su descendencia. A pesar de estos estereotipos femeninos, vemos un autor como Flaubert, que con su famosa Madame Bovary, rompe con este canon y, más adelante, será la vanguardista Virginia Woolf quien, en uno de sus famosos discursos, plantea la idea de la dificultad como mujer de enfrentarse al fantasma de “la mujer perfecta, que resuelve todo lo que sea necesario, sonríe siempre, sabe cocinar, cantar y bordar” y se cuestiona cómo es ser mujer, qué es ser mujer.

Maternidad y frustración

En la novela La perra, Damaris es una mujer del Pacífico, de cuarenta años, con muchas decepciones, debido a una sociedad que la señala por no haber cumplido con el deber de ser madre después de muchos intentos, incluso a pesar de haber recurrido a la brujería, actividad bastante reputada en la región del pacífico. Con todas las frustraciones que a diario encara, la mujer decide adoptar una perra a la que le llama Chirli, pues así deseaba llamar a la hija de sus sueños. Una relación bastante particular surge entre la mujer y la perra; al principio de ternura, de amor, de compasión, pero con el paso del tiempo, ese Mister Hyde característico de todo ser humano va saliendo a flote como una gran nube negra que cubre a la buena y protectora Damaris, frustrando así el deseo de esta de empezar de nuevo y hacer bien lo que supuestamente había hecho mal en su vida.

La novela comienza cuando la perra es una tierna cachorra, lo que causa la sensación de que nos enfrentaremos a una narración cursi y melodramática sobre una mujer que consuela su frustración de no ser madre con el cuidado de una tierna perrita, cuando su relación con Rogelio, su esposo, se vuelve fría debido a su infertilidad. Poco a poco la mujer, a medida que la perra crece, se hace madre, abandona a sus cachorros y esta debe obligarla a cuidarlos cuando prefiere alejarse de la casa cada vez que es posible, se refleja en el espejo del animal para quien el instinto materno no existe y decide ser libre a pesar de todos los cuidados que recibe. El animal saca entonces, la verdadera naturaleza humana de la mujer, quien decide asesinarla para librarse de esta y volver a ser libre, aunque la culpa no la deje tranquila en ciertos momentos.

La mujer odia de la perra lo que no acepta en ella: no es madre porque tal vez no lo desea y en el fondo lo único que desea es su emancipación.  Pero la sociedad en la que se desenvuelve, el pacífico colombiano, en la cual las mujeres son sometidas con la culpa y solo pueden aspirar a casarse y tener hijos, la juzgaría por este atrevimiento.

Los verdaderos deseos

Damaris un “ángel del hogar”, que en realidad, desea volar lejos, a pesar de la sombra perseguidora de la culpa, sintió en cierto momento, al estar sola, que quizás nunca deseó ser madre ni esposa y que no había nada más valioso que la libertad.

La protagonista de la historia es, en realidad, la verdadera perra, calificativo con el cual se señala a una mujer que rompe con las reglas que la sociedad machista le ha impuesto; he allí el verdadero significado del nombre de esta obra de la literatura colombiana.

En el 2018 Pilar Quintana ganó el Premio de Narrativa Colombiana por esta novela, cuyo escenario es la costa pacífica colombiana, una zona del país que padece una histórica desigualdad social.