La paz es mandato popular

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Hernando Hernández Tapasco
Representante a la Cámara
Circunscripción especial indígena

Estamos ante la posibilidad de un verdadero proceso de reconstrucción y reconciliación nacional. Los diálogos entre el Gobierno y las FARC-EP son una mirada esperanzadora hacia el futuro. La cristalización del anhelo de paz y cambio para los hijos e hijas de la patria. Tendremos que hundir nuestras manos en la historia para poder consagrar las soluciones que necesitan el país y el pueblo colombiano. Pero también tendremos que acompañarlo y defenderlo ante todos sus enemigos.

El representante a la Cámara Hernando Hernández Tapasco

Rodear este proceso es una de nuestras más importantes tareas, pero no es la única. No se puede dejar de insistir en que abran las puertas del diálogo con el ELN y el EPL. Tampoco se puede dejar de lado la responsabilidad de construir propuestas de una nación con una paz estable y duradera, que será una Colombia democrática e incluyente.

Una patria untada de tierra y forjada con el azadón, con la creatividad de los jóvenes y estudiantes, con la fuerza de los trabajadores, pintada con los colores de nuestra diversidad cultural. En la cual el porvenir no sea un gran enigma sombrío sino que hombres y mujeres avancemos con paso firme hacia el buen vivir.

No se puede ocultar que en la historia política de nuestro país el poder se ha ejercido de manera violenta. Desde el surgimiento de la república, todo síntoma de opinión o de organización del pueblo contraria al régimen ha sido eliminado una y otra vez. Tenemos una deuda histórica que va más allá de las cinco décadas de conflicto que enlutan los hogares colombianos.

Por ello haremos nuestra segunda oración por la paz, donde nuevamente con Jorge Eliécer Gaitán diremos en la Plaza de Bolívar que “Apenas os pedimos que nuestra patria no transite por caminos que nos avergüencen ante propios y extraños. ¡Os pedimos hechos de paz y de civilización! (…) Queremos la defensa de la vida humana, que es lo que puede pedir un pueblo. En vez de esta fuerza ciega desatada, debemos aprovechar la capacidad de trabajo del pueblo para beneficio del progreso de Colombia”.

Por eso invito a que alcemos las banderas de la paz, la democracia y la defensa de lo público. A todos los pueblos indígenas del país, a todas las personas que habitan campos y ciudades que sueñan con el amanecer en que no se derrame una sola gota más de sangre en nombre la patria y podamos democráticamente construir nuestro camino.

Invito a las colombianas y colombianos a movilizarnos y hacer historia este 9 de abril. Sumándonos a las más de 350 mil personas reunidas como el mandato del pueblo diciéndole a los enemigos de la paz, a toda Colombia y al mundo: que el país está cansado de las políticas guerreristas, de la impunidad, de la exclusión política y de la desigualdad social, que ¡la hora de la paz ha llegado, por que ahora somos más!