La papa caliente de los refugiados afganos

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El último avión militar norteamericano que evacuó ciudadanos afganos del aeropuerto de Kabul

Alberto Acevedo

Si Claudia Marcela Peña, la madre colombiana que murió con uno de sus pequeños hijos el pasado fin de semana intentando cruzar el desierto de Arizona para encontrarse con su esposo, y cumplir el ‘sueño americano’ hubiera sobrevivido, no le habría servido de nada. Las autoridades norteamericanas desarrollan en estos momentos una cruzada para expulsar el mayor número de inmigrantes irregulares, alegando medidas sanitarias en su lucha contra la pandemia del covid-19.

El drama de la madre colombiana, del que se conocen desgarradoras imágenes, simboliza de alguna manera la paradoja en que se encuentra la administración del presidente Biden que anuncia la expulsión masiva de inmigrantes y refugiados mexicanos y de varios países centroamericanos, al tiempo que pregona con bombos y platillos que recibirá a miles de afganos, a los que considera “sus hijos”.

“Daremos la bienvenida a estos afganos que nos han ayudado en el esfuerzo de guerra durante los últimos 20 años a su nuevo hogar en los Estados Unidos de América”, dijo la semana pasada el presidente Biden en unas declaraciones desde la Casa Blanca.

Ayudantes de la guerra

El cariño con que se refiere a los futuros huéspedes lleva implícita una declaración de parte, una confesión no pedida: que no son simples ciudadanos los que van a llegar, producto de la persecución de una tiranía que recién se instala, como insinúan los medios corporativos. En realidad, son mercenarios -al menos en su mayoría-, que contribuyeron a una guerra de intervención de dos décadas, a nombre de la democracia americana.

Estados Unidos ha puesto en marcha la operación “Allies Refuge” en una base militar muy cercana a la frontera con México, con el fin de albergar al primer contingente de refugiados afganos, situada a menos de cinco kilómetros de la frontera. Se espera que el ejército traslade hasta 10 mil refugiados afganos que ayudó a salir de su país, en medio de un desordenado proceso de evacuación y reubicación en Estados Unidos.

La Casa Blanca informó que, al término de la jornada de evacuación, habría sacado de ese país a unos 100.000 ciudadanos, algunos de ellos con sus familias, la mayoría funcionarios que colaboraron con el gobierno norteamericano en esa región. De esa cantidad, al menos cuatro mil vendrían a Colombia, según informaron primero fuentes del Departamento de Estado, después del embajador de Colombia en Washington y más tarde el presidente Iván Duque.

Humillante derrota

El orden descendente de la noticia indica que no fue iniciativa del gobierno colombiano, ni una muestra de generosidad humanitaria el anuncio del albergue de afganos en Colombia, sencillamente fue una imposición de Washington a un gobierno sumiso.

El manejo del asunto de los refugiados afganos se ha convertido en una papa caliente para la administración norteamericana, y también para el gobierno colombiano. La elevada cifra de refugiados ha hecho que Estados Unidos deba acondicionar al menos tres campos de refugio en sendas bases militares.

Esto le ha implicado a la administración Biden duras críticas no solo de parte del Partido Republicano sino de miembros prominentes del partido Demócrata, que le achacan al mandatario haber facilitado una de las más humillantes retiradas del escenario de guerra más prolongado en la historia militar de Estados Unidos. De hecho, la popularidad del mandatario ha caído a su nivel más bajo cuando apenas van los primeros meses de su gobierno.

¿Cumplirá la Casa Blanca?

La llegada de cuatro mil afganos a Colombia, que el gobierno ha dicho los alojará en hoteles de Bogotá, plantea una serie de incertidumbres. Unas tienen que ver con salubridad. En momentos en que se mantiene el riesgo de un nuevo pico de contagios por la llegada también de la cepa Delta, se desconoce el nivel real de contagio que puedan tener los futuros huéspedes.

El gobierno norteamericano dijo al colombiano que los afganos estarán de paso, mientras legalizan la visa de entrada al país del norte. Uno se preguntaría, si los candidatos a llegar al país ya están, en Texas, por qué no les resuelven allá, de una vez, el visado. A México también lo presionaron para que montara albergues ‘provisionales’ para refugiados centroamericanos. Y la estadía de estos se ha prologado en el tiempo, sin que Washington resuelva nada. Por el contrario, la situación se empeoró esta semana con la llegada de aviones de Estados Unidos repletos de centroamericanos que ya estaban tramitando su visa en ese país.

Lo paradójico es que Colombia es uno de los mayores expulsores de refugiados, víctimas de una prolongada guerrea interna de medio siglo. Las desapariciones, los ‘falsos positivos’, el desalojo de tierras a campesinos e indígenas, el asesinato de líderes sindicales, ecologistas, defensores de derechos humanos, provocan la salida de decenas de ciudadanos colombianos a otros países. Pero ahora, por cuenta de la Casa Blanca estamos cada vez más insertados en la geopolítica de ese país, y vamos a contribuir a resolver la cuestión afgani por cuenta del Pentágono.