La pandemia mata más a los pobres

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Favela Rocinha, en Río de Janeiro, Brasil, donde se combinan la pobreza y las medidas sanitarias contra el coronavirus.

Para los 3.000 millones de personas que en el mundo sobreviven con apenas cinco dólares al día, el impacto del covid-19 puede ser un apocalipsis. Los estudios de salud pública enseñan que los procesos de salud y la enfermedad colectiva, son también productos sociales e históricos

Alberto Acevedo

En cuatro meses de desarrollo acelerado del contagio del coronavirus en el mundo, la evolución de la pandemia se ha convertido en la crisis de salud más rápida conocida hasta la fecha. La velocidad del contagio, la elevada letalidad, la debilidad de los sistemas de salud y la lentitud de respuesta de los gobiernos, han hecho posible la catástrofe.

Es cierto que el contagio del virus no discrimina entre pobres y ricos entre los habitantes del planeta. La plaga se extiende inexorablemente por el mundo. Pero las soluciones de los estados y las políticas de salud no benefician por igual a las personas y la enfermedad afecta más a los pobres, a los excluidos, que a los poderosos.

En las calles de las grandes ciudades, centenares de indigentes contraen el virus y mueren en el anonimato. La misma situación padecen inmigrantes ilegales en Estados Unidos que, por temor a ser deportados, no informan a las autoridades el contagio y fallecen soportando penurias indecibles.

Afros y latinos

En el caso de Estados Unidos, la extensión del covid-19 se convirtió en una grave amenaza para los sectores obreros y los barrios populares de Nueva York, la ciudad más afectada por el contagio. O en Chicago, donde 7 de cada 10 muertos son afroamericanos, pese a que los negros son apenas el 30 por ciento de la población.

El 62 por ciento de los muertos por coronavirus en la Gran Manzana son latinos y negros. Ambas comunidades representan el 51 por ciento de la población en la ciudad, pero aportan el mayor número de víctimas. El Bronx un sector habitado mayoritariamente por afroamericanos, es el barrio más golpeado. La comunidad blanca, que representa el 42.67 por ciento de la población, aporte el 27 por ciento de los muertos.

Un dato reciente del Servicio de Salud Municipal de Nueva York, habla de 6.182 muertos por covid-19 en tres barrios: Queens, Brooklyn y el Bronx. Esta cifra representa el 83 por ciento de los muertos en la ciudad. En Lousiana, por su parte, el 70 por ciento de los muertos son afros y latinos, cuando la población blanca es mayoritaria.

Cifras engañosas

El alcalde de Nueva York, Bill de Blasio, dijo a la prensa: “La verdad es que, en muchos sentidos, los efectos negativos del coronavirus se relacionan con profundas disparidades que hemos visto durante años y décadas en la ciudad”. Un Axioma en este sentido es que si un barrio tiene un alto número de muertos es porque se trata de una zona con elevada población de algunas minorías raciales de Estados Unidos.

Las cifras de contagio y muerte que se conocen de Ecuador, son engañosas. Tampoco hay cifras confiables de los estragos de la pandemia en África. En Brasil, con un gobierno que niega los riesgos de propagación del virus, cifras médicas estiman que el número real de casos de coronavirus podrían ser 12 veces la cifra oficial, y el mayor número de víctimas, localizados en sectores populares.

Para los 3.000 millones de personas que en el mundo sobreviven con apenas cinco dólares al día, el impacto del covid-19 puede ser un apocalipsis. El virus no actúa solo. Lo hace en un contexto socio cultural. Los estudios de salud pública enseñan que los procesos de salud y la enfermedad colectiva, son también productos sociales e históricos. Las causas profundas de la pandemia radican en la crisis ecosocial sistémica en que se encuentra la humanidad. Detrás de este cuadro está una economía que nos enferma cuando crece, y que al entrar en crisis también nos enferma. El covid-19 es la pandemia de la desigualdad.

Neomaltusianismo

Impresionado, por esta situación, el papa Francisco, en un mensaje reciente, expresó su temor de que en medio del tratamiento que las grandes potencias están dando a la pandemia, se esté aplicando la vieja teoría maltusiana de que al mundo no le vendría mal que murieran unos cuantos millones de pobres… para superar problemas de escasez de alimentos, crisis económica, o simplemente la tesis hitleriana de la conveniencia del exterminio de razas inferiores.

No hay que descartar tan macabra estrategia. La pobreza, que señalamos arriba, abarca a 3.000 millones de personas, podría incrementarse en 500 millones de pobres más como consecuencia de la pandemia generada por el coronavirus, si las naciones ricas no movilizan recursos urgentes hacia las poblaciones más vulnerables de los países en desarrollo. Así lo advirtió el pasado 9 de abril, en un informe, la organización humanitaria Oxfam.

El drama de los trabajadores

También la Organización Internacional del Trabajo advierte, que los asalariados del mundo pueden vivir su propia tragedia. Según este organismo de la ONU, los países en desarrollo, donde la informalidad laboral es mayor, están en la primera línea de riesgo de catástrofe para sus economías y el empleo, en la medida en que avance la pandemia del covid-19.

En el mundo, 2.000 millones de personas trabajan en el sector informal de la economía y “corren un riesgo especial” de perder su fuente de ingresos, dijo la Oxfam. En un informe anterior del mes de mayo, la OIT calculó, en este sentido, que podrían perderse 25 millones de empleos por la pandemia, pero ahora considera que “existe un riesgo elevado de que, para final del año, la cifra sea significativamente más alta”.

En total, cuatro de cada cinco personas que trabajan, el 81 por ciento de los 3.300 millones que conforman la fuerza del trabajo en el mundo, están siendo afectados por cierres totales o parciales de empresas, en al menos 79 países.

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