«La justicia en Colombia es inferior a la mafia»: Julián Martínez

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Julián Martínez.

El periodista que reveló las bochornosas conversaciones entre el Ñeñe Hernández y Cayita Daza, dialogó con VOZ sobre su trabajo periodístico, el escándalo de la “ñeñepolítica” y la persecución a la que está siendo sometido por el Estado

Redacción política

Entre las noticias sobre el aumento de casos de infectados por el coronavirus, las precauciones que todos debemos tener para no contagiarnos y el pánico colectivo que se está promoviendo desde algunos medios de comunicación, el país sigue conmocionado por la revelación de las conversaciones telefónicas entre el testaferro de la mafia, José Guillermo “Ñeñe” Hernández, y la exasesora de Álvaro Uribe, María Claudia Daza.

A pesar de los intentos por desviar la atención saturando la agenda mediática con noticias sobre la pandemia, los colombianos siguen expectantes a los avances y resultados de las investigaciones sobre la posible financiación con dineros ilícitos de la campaña presidencial de Iván Duque en 2018 y de los verdaderos vínculos de este testaferro de la mafia con la clase política.

Un periodista valiente

Julián Martínez es uno de los periodistas que ha revelado estas escandalosas grabaciones, aún a riesgo de exponer su propia integridad y seguridad. Es comunicador social del Politécnico Grancolombiano, estudió en Estados Unidos herramientas digitales para el periodismo de investigación. Es autor de “ChuzaDAS, ocho años de espionaje y barbarie”, publicado por Random House Mondadori y ha recibido tres veces el Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar. Formó parte del equipo de Contravía con el que ganó dos veces el Premio India Catalina al mejor programa periodístico. Trabajó en Noticias Uno y ha sido profesor de Comunicación de la Universidad Jorge Tadeo Lozano.

Julián es un periodista valiente y comprometido, como los que tanto necesita el país para conocer esa verdad sobre el poder que se mantiene oculto por la complicidad o negligencia de las autoridades judiciales. En este momento su situación es difícil porque está siendo perseguido por sectores dentro del propio Establecimiento pero sigue en su empeño por contar la verdad al país. Desde el semanario VOZ, nos solidarizamos con su causa y queremos contribuir modestamente a visibilizar su trabajo.

La lucha de Julián es la lucha por el derecho a la información, por el derecho a tener un Gobierno transparente que no nos mienta, por el derecho a la vida, a la paz y a la posibilidad de informar sin ser amenazado o perseguido. En últimas, la causa de Julián -que es la misma nuestra- es aportar desde el periodismo a la construcción de la democracia en Colombia. Julián dialogó con VOZ sobre los resultados de la investigación que está poniendo a tambalear al Gobierno de Iván Duque.

–¿Cómo llegan a manos de ustedes los audios de las interceptaciones al Ñeñe Hernández?

–No puedo decir cómo conseguí los audios porque debo conservar la confidencialidad de mis fuentes, pero sí puedo decir que el Ñeñe Hernández estaba siendo interceptado por la Fiscalía desde mayo de 2018 por el caso del intento de asesinato del sastre Carlos Rodríguez de Barranquilla, a quien el Ñeñe le debía 1.000 millones de pesos y al parecer lo mandó a matar para no tener que pagarle. En agosto de 2011, los sicarios de Marquitos Figueroa asesinaron por equivocación a Óscar, hijo del sastre y ahí comenzó la investigación.

En medio de esa investigación se hicieron interceptaciones telefónicas legales al Ñeñe entre mayo y noviembre de 2018, donde hay suficientes evidencias de sus relaciones con las estructuras de poder en Colombia. Allí se descubrió que el grupo mafioso de Marquitos Figueroa estaba conectado con el poder nacional cercano a Cambio Radical. Lo que no es nuevo.

Desde hace ocho años, investigadores como Claudia López, Ariel Ávila, León Valencia y Gonzalo Guillén han elaborado varios trabajos que han revelado la conexión de la mafia de La Guajira encabezada por Kiko Gómez y Marquitos Figueroa con el gobierno Santos, el partido Cambio Radical y Germán Vargas Lleras. El Ñeñe pertenecía a este grupo y tenía el rol de testaferro además de ser el brazo político de la organización.

Ahora, con toda esta información se está armando un rompecabezas que indica que los carteles del narcotráfico siguen profundamente involucrados con muchos sectores del poder como los políticos, los empresarios, la farándula, los periodistas y los militares. Ya se sabe que el Ñeñe tuvo una participación protagónica en la campaña presidencial de Iván Duque en 2018 y no era cualquier aparecido. Tenía acceso a Alicia Arango, José Félix Lafaurie, Sergio Araújo, Álvaro Uribe y el mismo Duque.

Debe quedar claro que la ñeñepolítica es el escándalo por los vínculos del narcotráfico con la política, que nunca se acabó, ni siquiera con la muerte de Pablo Escobar. Esta asociación está más activa que nunca y uno de los ejes de esa actual relación es Álvaro Uribe.

El Ñeñe: testaferro y brazo político de la mafia

–Hace unos meses, usted publicó un reportaje en su canal de Youtube “Revelados” que informaba sobre la presencia del Ñeñe Hernández en la ceremonia de posesión de Iván Duque y solo hasta ahora el tema se convierte en un escándalo por la revelación de las conversaciones telefónicas. ¿Qué hizo que usted se diera cuenta del valor noticioso de aquel hecho?

–Yo, como periodista, me muevo normalmente en círculos judiciales, políticos y de organizaciones defensoras de derechos humanos donde he podido enterarme de numerosos escándalos. En este caso, me pareció llamativo que por esos días se había hecho el más grande operativo del año contra el narcotráfico.

Ese 19 de junio de 2019 culminó un operativo que se extendió por ocho días, contó con la participación de 23 fiscales y 300 policías y logró la incautación de más de 12 mil bienes que figuraban a nombre del Ñeñe Hernández. Por eso decidí hacer el reportaje contando que un narcotraficante que se jactaba en redes sociales de la cercana relación que tenía con el nuevo gobierno, había sido invitado a la posesión presidencial.

Esto se conectó con el caso del asesinato del hijo del sastre en Barranquilla, por el que Hernández era investigado. Gonzalo Guillén lleva años investigando este caso. Con él, esperamos a revelarlo hasta que hubiese un informe de policía judicial al respecto. Solo en ese momento lo publicamos y el tiempo nos ha dado la razón. Asistimos a un presunto fraude electoral a través de la compra de votos, delito que tiene que investigarse. Además, debe investigarse por qué en la Fiscalía de Néstor Humberto Martínez y en la de Espitia se omitió la investigación y se ocultó la información. A pesar de que en la Fiscalía tenían esa información, ahora lo niegan y dicen que la policía no la remitió.

El Ñeñe era un narcotraficante desde hace muchos años, fue testaferro de Marquitos Figueroa y era el brazo político de una organización criminal que lleva operando mucho tiempo. El Ñeñe adquirió relevancia y visibilidad gracias a la campaña presidencial y a su matrimonio con María Mónica Urbina, pero él siempre fue un narco.

En Valledupar era visto como un traqueto y se sabía que tenía relaciones con Kiko Gómez. Mi reportaje es emitido en 2019 pero las autoridades estadounidenses le venían siguiendo la pista desde 2017. En Colombia era muy difícil que lo investigaran porque estaba muy relacionado con gente de la Fiscalía y miembros del ejército. Se sabe, por ejemplo, que algunos mandos militares lo invitaban a debatir los temas de seguridad en la región y que recibía informes de la fuerza pública.

Yo sí debo aclarar que estas conclusiones no son conjeturas de unos periodistas de izquierda, nosotros hemos hecho una investigación independiente y rigurosa porque el país tiene que saber la verdad. En este momento yo no tengo trabajo, nadie me está financiando, yo publico mis reportajes poniendo en riesgo mi vida con el objetivo de que la sociedad sepa los detalles de esta acusación.

Mientras todo esto ocurre y se destapan más y más escándalos, veo a la prensa tradicional más interesada en desmentirnos que en indagar más sobre este caso. Nosotros, en cambio, estamos haciendo lo que tiene que hacer cualquier periodista: mostrar lo que el poder quiere ocultar.

–¿Qué puede decirnos acerca de María Claudia Daza, la exasesora de Álvaro Uribe que aparece hablando con el Ñeñe Hernández en las grabaciones? ¿Por qué dice que hay que protegerla?

–María Claudia Daza es solo la punta del iceberg, ella no tiene el rango más alto en esta estructura. Sí es claro que tenía una relación personal con el Ñeñe y sabemos que fue utilizada por Uribe como recadera en este entramado. Caya Daza habría participado como intermediaria en arreglos con intereses delictivos como la manipulación de testigos ante la Corte Suprema de Justicia, como lo reveló Noticias Uno, pues se conocen audios de ella hablando con el abogado de Uribe, Diego Cadena, en los que hacen arreglos con relación a los testigos falsos que iban a enlodar a Iván Cepeda.

Hay más llamadas, se van a conocer más, habrá más contexto de la historia. A María Claudia Daza hay que protegerla porque corre riesgos, ella tiene información que puede servir a las autoridades para investigar estos delitos que se fraguaron.

El papel de la Fiscalía

–¿Cómo interpreta la gestión del nuevo fiscal general, Francisco Barbosa, alrededor de todo esto, sabiendo que es un amigo personal del presidente? ¿Usted piensa que se debe declarar impedido?

–Yo parto de que a la gente hay que darle tiempo. Barbosa recibió una Fiscalía muy desprestigiada después de lo que hizo Néstor Humberto Martínez. Martínez fue un fiscal muy mediático, pero en realidad se le cayeron todas sus investigaciones importantes: la de los supuestos testaferros de la Farc, la de la JEP, por ejemplo, y además encabezó una Fiscalía que ocultó el escándalo de Odebrecht.

Yo no creo que Barbosa ofrezca suficientes garantías de independencia porque desde su cuenta personal de Twitter dijo que había votado por Duque, es su gran amigo, fue funcionario de su Gobierno y finalmente fue ternado por él para el cargo de fiscal general.

Gonzalo Guillén y yo estamos muy preocupados porque tenemos información precisa y confiable de que el 4 de marzo, día que se hizo público el artículo de la conversación entre el Ñeñe Hernández y María Claudia Daza, se reunieron el presidente Duque y el fiscal Barbosa y dieron órdenes de averiguar la identidad de las personas que nos filtraron los audios y los informes de policía judicial.

A partir de esa fecha se intensificaron los seguimientos contra Gonzalo Guillén, contra Diana López Zuleta y contra mí. De los tres yo soy el más vulnerable, pero no tengo miedo y voy a seguir con la investigación. Y sí, pienso que con todo lo que ha sucedido, el fiscal Barbosa tiene que apartarse de esta investigación. Además, tenemos información de que nos están siguiendo desde la propia Fiscalía. Por ejemplo, el abogado Miguel Ángel del Río, representante de la familia del joven Óscar Rodríguez, asesinado por orden del Ñeñe, estuvo en la Fiscalía y funcionarios de allí lo filmaron, lo fotografiaron y enviaron las imágenes a Gustavo Rugeles -quien tiene un portal de internet dedicado a difamar a cualquiera que se atreva a criticar a Uribe o al Gobierno- para que sacara las imágenes de contexto e insinuara la complicidad del abogado con los fiscales del caso.

Ellos saben la rutina de uno y filtran la información para distorsionar las versiones y poner en peligro nuestras vidas. Sé que el Gobierno está muy preocupado, pero se van a saber más cosas porque nosotros vamos a seguir investigando. Le pido al Gobierno que me dé las garantías mínimas, a pesar de que yo sé cómo es la seguridad democrática contra las personas independientes.

“El lobo ya está entre nosotros”

–Ustedes han dicho que van a seguir publicando información. ¿Hasta dónde piensa que va a llegar esto en términos judiciales y políticos?

–Eso es especulativo, pero yo puedo decir cómo veo la cosa. En el contexto histórico del comportamiento de las instituciones, a pesar de que han existido pruebas, testimonios, se han podido desarrollar las investigaciones, la justicia en Colombia ha demostrado que es inferior a la mafia.

En otros escándalos similares nunca se ha llegado a la cabeza del entramado criminal. No me refiero solo los escándalos alrededor de Álvaro Uribe, también son los de Juan Manuel Santos, Ernesto Samper o Andrés Pastrana, nunca se ha llegado a la cabeza. Mi trabajo como periodista no es llevar a nadie a la cárcel, ni tumbar a nadie, ni ser auxiliar de la justicia. Sí es informar las cosas de las que uno se entera y logra comprobar.

Yo puedo decir, por ejemplo, que el 23 de marzo de 2018, en plena campaña electoral, después de una reunión en Valledupar en la que participó el Ñeñe Hernández, el ahora presidente Duque propuso la famosa reforma a la justicia en Colombia que busca unificar las Cortes. Me pueden decir que estoy imputando un delito, pero no es cierto, yo estoy dando una información, estoy revelando un suceso que, de hecho, fue revelado esta semana en un artículo del portal La Nueva Prensa.

Nosotros, por nuestra parte, seguiremos revelando cómo funcionan estas estructuras de poder. Llegará un día en que el país se dé cuenta de que aquí la pelea no es de izquierda ni de derecha, sino que hay unas mafias de narcotraficantes enquistadas en el aparato de poder en Colombia, que son los mismos que matan líderes sociales, los que quieren la aspersión aérea con glifosato, están incumpliendo el Acuerdo de Paz y no quieren que se acabe el narcotráfico.

Si no cumplimos ese papel, como desde hace cuarenta años lo han hecho personas que valientemente han arriesgado sus vidas, “nos va a comer el lobo”, como dijo Guillermo Cano, “porque el lobo ya está entre nosotros”.