Contra la inoperancia del Gobierno, lucha unitaria, ¡ya!

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Caricatura de Calarcá.

La caída de la imagen del presidente Duque no es coyuntural, es una tendencia sólida y seguirá en declive. Aunque ha firmado millonarios contratos con asesores de imagen que financiaron su campaña electoral, son tan pobres los resultados de su gestión, que los creativos de las agencias de publicidad se descerebran para destacar algún logro, y como diría un poeta laureado: “solo sale una incolora y carente de perfume espuma”. La nada presenta más entidad.

Son millonarios los recursos del Fondo de Paz que han terminado en contratos asignados a los amigos del mandatario, para promover su imagen valiéndose de la empresa Du Brands. En el 2018 se adjudicaron 999 millones de pesos, en el 2019, con la misma empresa, 2.698 millones de pesos y para el 2020 existen dos contratos, uno por 780 millones (enero-febrero) y otro por 3.350 millones de pesos, en el marco de la declaratoria de emergencia sanitaria debido a la covid-19. Como se ve las ayudas electorales, son altamente rentables.

Millonarias sumas desaprovechadas que podrían financiar programas para la consolidación de la paz. Esas sumas deberían destinarse a dotar clínicas y hospitales en el Chocó, la Amazonia o el Vaupés, departamentos que carecen de óptimos recursos clínicos y equipamientos de alta tecnología, para atender pacientes afectados por el coronavirus.

Otra opción que pudiese desarrollar cualquier Gobierno decente, preocupado por la situación del deplorable nivel de desempleo, sería emplear ese dinero y recabar otras sumas mayores para rescatar las mini y pequeñas empresas, y de esa forma, rescatar empleos que están a punto de perderse.

Sacar dineros destinados de la implementación de la paz para posicionar su imagen, es despilfarrarlos, además de criminal, por la pandemia. El gobierno no prioriza las soluciones a los graves efectos sociales que padece el país en el marco de la pandemia. Aunque gasta en publicidad, la desfavorabilidad sigue aumentando ya va en 52%. Es lógico ya que la situación del país está empeorando, los principales problemas son el desempleo, la corrupción y la inseguridad. (Invamer julio, 2020).

Los discursos del presidente en el programa televisivo a que nos condena a ver en horario estelar, nos muestran su miopía, la autocomplacencia en su inexistente liderazgo. Los 164 decretos que ha firmado hasta la fecha, son desacertados en cuanto se refiere a la intención de resolver los problemas acuciantes de los colombianos. Pero, en cambio son efectivos en su intención de favorecer al empresariado, especialmente al sector financiero.

Por esa razón, aunque gaste montañas en publicidad su imagen positiva solo la tiene en los sectores burgueses que son una ínfima minoría.  El pueblo solo lo ve, en medio de la tragedia, como una marioneta divertida. No olvidemos que los dictadores romanos ofrecían pan y circo. Duque solo ofrece diariamente un remedo de circo.

Es tan elevado el nivel de la inoperancia del Gobierno, que siendo conocidas las orientaciones de la Organización Mundial de la Salud para utilizar la cuarentena para mejorar las instalaciones y el equipamiento de clínicas y hospitales y el entrenamiento del personal médico para optimizar su desempeño en la atención de los enfermos, todavía hay clínicas y hospitales que carecen hasta de agua potable, del personal médico especializado. Por eso todo gasto en publicidad para tratar de mejorar la imagen presidencial, es como arrojar ese dinero en las aguas de la corrupción.

Para evitar que la oposición con sus críticas bien fundamentadas haga tambalear el Gobierno, ante tantas falencias y el aprovechamiento de los plenos poderes que usufructúa debido a la pandemia, para poner el aparato del Estado en beneficio de su partido y de los financiadores de su campaña electoral, las reuniones virtuales del Senado han permitido minimizar la eficacia del control político de la oposición.

Duque aprovecha la pandemia para concentrar los poderes en el ejecutivo, copando los cargos del poder público en manos del uribismo, especialmente en la Fiscalía, Procuraduría y el Congreso, con el interés de influir, imponer y controlar sus reformas, como la ya anunciada reforma fiscal. Los resultados de este monopolio e intercambio de favores y de negocios entre los amigos uribistas son el clientelismo, la corrupción, el autoritarismo y el aniquilamiento de los pequeños espacios seudodemocráticos existentes antes de la llegada al poder del uribismo.

Ante este desastre político económico y social la actitud de los sectores democráticos y revolucionarios no debe ser la perplejidad y las vacilaciones, sino la acción unitaria y decidida de todas las fuerzas sociales y políticas para lograr los cambios que la crisis exige y el pueblo necesita. Bienvenida toda propuesta organizativa que optimice los resultados de las movilizaciones y la concreción de un programa realista de cambios democráticos prontos.

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