La impostergable memoria de los vencidos

0
137
Pedro Mari Baigorri Apeztegui (primera foto), gudari, partisano antifascista e internacionalista vasco, cayó junto a Tomás Arévalo (segunda foto) y Remberto Artunduaga en la Serranía del Perijá luego de un ataque desproporcionado del Ejército Nacional

49 años después del asesinato y posterior desaparición de Tomás Arévalo, Remberto Artunduaga y Pedro Marí Baigorri Apezteguía, se han emprendido labores exploratorias para dar con los cuerpos de los insurgentes acribillados. ¿Cómo avanza uno de los procesos emblemáticos de desaparición forzada que dejó el inicio del conflicto armado en la Serranía del Perijá?

Marco Tobón & Colectivo Ceiba de la Memoria

El asesinato y la desaparición jamás sirvieron para imponer el silencio. Los cuerpos desaparecidos de quienes se enfrentaron a la injusticia, de quienes se interpusieron al ultraje y se rebelaron, siempre dejaron un vacío muy ruidoso. Los afectos se invocan, la memoria de los vivos se pregunta siempre por ellos. Los desaparecidos no desaparecen.

Como bien lo dice el escritor y periodista Luis Fernando Versíssimo (1985): “La tierra no acepta cadáveres sin documentos. Los cuerpos son devueltos, tarde o temprano. (…) La tierra no quiere ser cómplice. (…) Siempre sobra un pie o una madre. Siempre hay un fisgón, siempre hay un inconforme. Siempre hay un vivo. (…) Intentaron inventar el acta -fue un suicidio, estaba huyendo- y el cuerpo desmentía todo. El cuerpo incomoda. (…) La consciencia no es biodegradable. La memoria no se pudre. Quedan los dientes”.

Así ocurrió con el asesinato y desaparición de algunos campesinos inconformes que, junto a un internacionalista vasco, subvirtieron la mansedumbre y organizaron un grupo insurgente en el departamento del Cesar a finales de los años sesenta. Tomás Antonio Arévalo Velásquez, Remberto Artunduaga y Pedro Marí Baigorri Apezteguía, “El Vasco”, fueron emboscados con artillería desproporcionada un 6 de octubre de 1972 en la finca ‘La Cigüeña’, entre las veredas Nueva Idea y Casa de Piedra en el municipio de Curumaní, Cesar, en las entrañas de la Serranía del Perijá.

El ejército desapareció sus cuerpos. Pero hubo una testigo de excepción del enterramiento, que pasó inadvertida y presenció todo, una ceiba centenaria que los recibió en sus raíces y que serviría de referencia espacial para que otros testigos, casi cincuenta años después, indicaran el lugar donde estaban inhumados.

Gracias a ese árbol que atestiguó lo ocurrido y al empeño de personas preocupadas con las memorias del conflicto armado y la situación humanitaria en la región, surgió el colectivo Ceiba de la Memoria, un esfuerzo autogestionado para ayudar a esclarecer los hechos y restablecer la dignidad de los desaparecidos.

Escarbamos la tierra e interrogamos el pasado

Como bien se sabe, el trabajo de quienes buscamos a los muertos se asemeja al sacrificio de Antígona enfrentando los poderes feroces de Creonte. Buscar a los que lucharon requiere primero enfrentarse a las percepciones que, como muros de piedra, insisten que los guerrilleros no son merecedores de ser llorados, del duelo y de las honras fúnebres. La “mala muerte” que parece apenas ser sepultada por el olvido.

Para la socióloga Lorena Carrillo, en Colombia muchas personas transitan los caminos del duelo y la búsqueda de sus parientes y amigos de modo oculto, invisible, sin cuerpos, sin certezas, precisamente porque su desaparición tuvo lugar bajo un escenario de ilegalidad y de construcción de un enemigo despojado de su humanidad. El principal desafío es derribar estas percepciones y valorar estas vidas, darles nombres y reconocer sus historias (Carrillo, 2020).

También la reconstrucción de los hechos de la guerra y la memoria de los que combatieron se realiza en un escenario de continuidad del conflicto armado. Esto supone afrontar los esquemas mentales de la guerra que aún prevalecen, la deshumanización del otro para justificar su exterminio, el resentimiento, la demonización del disenso, la reproducción de los odios y la reacción violenta. Escarbamos la tierra e interrogamos el pasado aun con la vigilancia de los odios contrainsurgentes.

La Unidad de Búsqueda de Personas Dadas por Desaparecidas, UBPD, está llevando a cabo labores exploratorias en el cementerio de Curumaní, Cesar, lugar en el que al parecer reposan los restos de Tomás, Remberto y Pedro

Contra el anonimato

Buscando a los muertos recogimos testimonios locales, identificamos tumbas, exploramos fosas, nos asomamos a los osarios de los cementerios y lo primero que descubrimos es que aun operan fuerzas poderosas que deciden qué es lo que debe escucharse y qué es lo que debe narrarse. Reconocimos a los responsables de la guerra sin ninguna responsabilidad ante a las exigencias de la paz. Pudimos percatarnos que echar tierra por encima parece un mandato de gobierno. Pero nuestra terca curiosidad por aproximarnos a la verdad ha sido superior a esa orden dominante que quiere decidir quién debe buscarse y quién no.

Tomás Arévalo, Remberto Artunduaga y Pedro Baigorri no morirán en el anonimato. Desde el 2013 emprendimos el trasegar por los meandros de la historia y los territorios tras sus huellas. Tomás Arévalo, un campesino valeroso, audaz y siempre orientado por la ética de lo justo, unió fuerzas colectivas y se juntó a Pedro Baigorri, un internacionalista vasco que había llegado de Cuba con Tulio Bayer, aquel espíritu indomable, con quien años antes había vivido una aventura insurgente en la Sierra Nevada.

Tomás Antonio Arévalo Velásquez

De Remberto Artunduaga apenas sabemos que era “cachaco”, probablemente proveniente del Cauca, pero al menos ya se conoce su nombre. Tenemos conocimiento que Tomás nació el 13 de junio de 1941 en La Playa, Norte de Santander, en el seno de una familia liberal, de mujeres docentes y hombres vinculados a los sindicados de Medellín a donde iban a buscar trabajo y en donde nutrieron su pensamiento crítico. Tomás fue erigido en las luchas agrarias campesinas del caribe colombiano y luego formado por las movilizaciones en la Alianza Nacional Popular, Anapo. Pedro Baigorri, por su parte, nació el 1 de noviembre de 1939 en Zabaldika, Navarra, y era un joven esculpido en el compromiso solidario contra la opresión y la injusticia.

Los tres fueron asesinados el 6 de octubre de 1972, Tomás con 31 años y Baigorri con 33 años. Tomás trabajó la tierra en medio de hacendados despóticos, cualificó su consciencia de modo autodidacta y sintió su corazón agitarse de esperanza con las ideas de Gaitán y el compromiso de sus compañeros. Baigorri siempre supo que su vida estaba al lado de los que sufren la usura y el despojo, junto a aquellos que solo tienen hambre y sueñan compartiendo los frutos de su trabajo. Tomás y Pedro aparte de que eran lectores voraces y abstemios, los guiaba lo mejor de sus propios pueblos, la valentía y la intrepidez, la creatividad y la pasión rebelde.

Dentro del grupo insurgente, que duró aproximadamente desde 1969 hasta 1972, Tomás llevó el nombre de Simón y Pedro el nombre de Camilo. La existencia les tenía un camino reservado y en él se jugaron todas las cartas, convertirse en luchadores populares. Nunca se postraron ni se callaron, por eso hoy que los buscamos tenemos la certeza que no lograron silenciar su compromiso.

El dossier

Para sus propios familiares, que tuvieron que hacer duelos clandestinos por el hostil ambiente de persecución, la reivindicación de su memoria de lucha se ha tornado en sí misma un reclamo de justicia y una necesidad de aliviar los lutos prolongados. Cuando se firmó el Acuerdo de Paz entre las antiguas Farc-EP y el gobierno de Juan Manuel Santos Calderón, que creó una Comisión de la Verdad, CEV, que pudiera esclarecer lo sucedido con las víctimas, una Jurisdicción Especial para la Paz, JEP, y una Unidad de Búsqueda de Personas Desaparecidas, UBPD, supimos que las conspiraciones del azar habilitaron nuevos caminos para dar con el paradero de Tomás Arévalo, Remberto Artunduaga y Pedro Baigorri.

En 2017 Marco Tobón, con expresa autorización de la familia Baigorri Apezteguía, realizó el registro de Pedro Baigorri ante la Comisión de Búsqueda de Personas Desaparecidas, creando así una solicitud dentro del registro oficial. Luego el 13 de febrero de 2019 el colectivo Ceiba de la Memoria le propuso directamente a la familia Baigorri que dirigiera un derecho de petición a la UBPD solicitando de manera oficial el inicio de la búsqueda de Pedro.

En ese contexto, luego de realizar una reunión conjunta, el 27 de mayo de 2019 Ceiba de la Memoria remitió a la UBPD un completo dossier con toda la información hasta la fecha recopilada sobre el caso, la cual fue fundamental para documentar y avanzar en el proceso de búsqueda. Después de todos estos largos años de hurgar en archivos, de reconstruir piezas sueltas, de consultar a muchas personas en Colombia, en el País Vasco, en Cuba y en México, de aportar luz para iluminar los oscuros laberintos del pasado, se logró que desde el 27 de septiembre hasta el 11 de octubre de 2021 la UBPD llevara a cabo labores exploratorias en el cementerio de Curumaní, Cesar, lugar en el que al parecer, según las fuentes comunitarias consultadas, reposan en una fosa común los restos de Tomás, Remberto y Pedro.

Desaparición social

El camino recorrido por Ceiba de la Memoria tras los pasos de Tomás Arévalo y Pedro Baigorri, y recientemente junto a las labores de la UBPD, ha habilitado una ruta hacia un escenario aún más escabroso. Asomarse a las fosas comunes de los cementerios de los municipios de El Banco en Magdalena, y Agustín Codazzi, Becerril, Chimichagua, Chiriguaná, Curumaní, El Paso, La Jagua de Ibirico, Pailitas, Pelaya y Tamalameque en el Cesar, ha arrojado la escalofriante cifra de más de 1.685 personas desaparecidas, que corresponden a 45% del total de víctimas estimado en más de 3.665 desapariciones en los últimos 44 años en el departamento del Cesar (UBPD, 2021).

Como bien explica Lorena Carrillo (2020) invocando un concepto del antropólogo Gabriel Gatti, estamos ante un atroz panorama de “desaparición social”, una categoría que expone las estructuras de (in)visibilización y exclusión social radical sobre cuerpos clasificados como descartables, no dignos de llanto, honrados en silencio por recuerdos y duelos clandestinos.

Pedro Baigorri

En Colombia resulta impostergable el trabajo para restablecer la dignidad de los combatientes, no solo de la vida de Tomás Arévalo y de Pedro Baigorri, también de todos aquellos que cayeron y fueron sepultados por las ruinas de los odios, de esas “malas muertes” que han perseguido el derecho de sus familiares al duelo y que han arrinconado los dolores de la pérdida a la privacidad oculta. Conmemoramos la memoria de Tomás y de Pedro, y también de Remberto, en el espacio público, superando las engañosas oposiciones entre víctimas y victimarios, entre buenos y malos, entre vidas que merecen ser lloradas y aquellas que no.

Restablecer la dignidad y conmemorar el duelo público, amplificar las voces de los vencidos, hacer emerger a la luz pública las memorias subterráneas que confrontan la memoria oficial, resulta actualmente una tarea prioritaria, precisamente porque cargan posibilidades de nuevos horizontes políticos de entendimiento mutuo.

En esta perspectiva, desde el colectivo Ceiba de la Memoria, no nos parece acertado que ningún grupo armado se apropie, con oportunismo, del nombre de Pedro Baigorri y de Tomás Arévalo. Esto solo activa los peligros de la estigmatización y entorpece el trabajo humanitario, aún más en la fase actual en la que hemos avanzado obteniendo importantes resultados de búsqueda. El esfuerzo, que ahora se torna crucial, es que los muertos puedan salir de la espiral de la “desaparición social”, pues sus memorias están alentadas por los afectos y dolores de sus familias, de las comunidades a las que estuvieron unidos y a la historia regional. Que nuestros muertos no se nos mueran de nuevo en los laberintos luctuosos del enfrentamiento armado.

Fuentes

  1. Luis Fernando Veríssimo (1985). “Como na Argentina”. En: A mãe do Freud, L&PM Editore Ltda., Porto Alegre.
  2. Lorena Carrillo (2020). “De los duelos clandestinos a las búsquedas de desaparecidos. (Experiencia de búsqueda de excombatientes de las FARC en el escenario del postacuerdo en Colombia)”. En: Historia y Grafía No. 56. Año 28. Universidad Iberoamericana. Enero-junio de 2021. Pp. 195-237.
  3. UBPD (2021). Unidad de Búsqueda inicia intervención al cementerio de Curumaní para la búsqueda de personas desaparecidas durante el conflicto. En línea: <https://ubpdbusquedadesaparecidos.co/actualidad/unidad-de-busqueda-inicia-intervencion-al-cementerio-de-curumani-para-la-busqueda-de-personas-desaparecidas-durante-el-conflicto/ >
Grabación del cortometraje que recrea los sucesos del 6 de octubre de 1972 donde cayeron los tres guerrilleros