La herencia maldita

0
193

José Ramón Llanos

El gran problema de Colombia es que arrastra a lo largo de los últimos 80 años una herencia maldita. Arrastra, aparte de la antidemocracia histórica, la mentira, la falsedad de su clase dirigente que anida en lo más profundo de su ser como una herencia maldita. Herencia que ha conducido al país a la violencia con su secuela de muerte, exclusión y despojo de la tierra de los medianos y pequeños propietarios. Por lo cual la mayor parte de los campesinos malviven en la extrema pobreza.

Para mayor infortunio del país, la verdad de tantas mentiras no ha surgido de la consciencia de los dirigentes mentirosos arrepentidos y con propósito de enmienda -expresión clerical- sino de la correspondencia de unos redomados delincuentes, para mayor baldón narcotraficantes, los hermanos Rodríguez Orejuela.

Ahora tenemos la prueba del linaje de la mentira y falsedad de la clase gobernante colombiana porque los conservadores acaban de ser desnudados ante la faz de la nación y del mundo por la carta de los narcos vallunos.

La recalcitrante obsesión de Andrés Pastrana por enlodar a Samper obligó a los narcotraficantes del Valle del Cauca a decirle al país la dolorosa verdad que inculpa a toda la burguesía y los latifundistas colombianos: es el narcotráfico el financiador de los partidos conservador y liberal a partir de la segunda mitad del siglo XX.

O sea que la Ñeñe política tiene profundas raíces en la historia política del país. También la mentira y el engaño hacen parte del ADN de las familias que se han alternado en la presidencia de la República, es una especie de linaje de la mentira integrado a los gobernantes de Colombia.

El hecho insólito es que el expresidente Andrés Pastrana salió en busca del desprestigio del expresidente Ernesto Samper y terminó, no trasquilado sino con el poco ascendente que le restaba hecho pavesas. La misiva comentada lo acusa de chantajista y falto de palabra: Pero que no se equivoque, afirman los reos vallunos, que no nos amenace porque podemos cambiar de opinión sin tener en cuenta que sea el presidente o no el que nos quiera chantajear”.

En otra parte son más contundentes: “en sus declaraciones ante la Comisión de la Verdad, usted señala y al mismo tiempo pretende posar de víctima de la corrupción sin incluirse usted mismo en dicha corrupción”.

No obstante, lo grave de las acusaciones de los Rodríguez Orejuela contra Pastrana desde de la perspectiva de la historia tienen importancia menor, se reducen a un intercambio de acusaciones entre congéneres. Pero la culminación de la carta sí tiene importancia medular para la caracterización de la naturaleza de la clase gobernante.

“Como usted y las personas que nos conocen saben, somos liberales de hueso colorado, pero antes que todo somos demócratas. Por esta última razón ayudamos en los últimos 50 años del siglo pasado tanto a liberales como a conservadores. Su campaña no podría ser una excepción y de eso un testigo de excepción podría ser el doctor Álvaro Pava hijo”.

Queda demostrado que aparte de la explotación inmisericorde del pueblo la oligarquía es de ADN mendaz y chantajista. Por tanto, para implantar democracia, honestidad y decoro el Pacto Histórico tiene el deber ineludible de potenciar la acción organizada de mujeres y hombres para derrotar a esta clase política que nos avergüenza ante el mundo.