La guardiana de la memoria

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Luz Marina Álvarez Enciso

El rescate de la historia de la violencia en Colombia y de los recuerdos de sus víctimas se ha conservado en los archivos del CPDH, gracias a la importante labor de Luz Marina Álvarez Enciso

Carolina Tejada
@carolltejada

En Colombia, la profunda violencia social y política ha generado la creación de diversas organizaciones sociales y de derechos humanos. El Comité Permanente por la Defensa de los Derechos Humanos CPDH, es una de estas organizaciones. Entre las variadas funciones que han desempeñado en el país, hay una labor que de manera silenciosa se ha realizado año tras año; llevar el archivo de las principales noticias sobre las violaciones de los derechos humanos en el marco del conflicto interno.

Una tarea que desde hace más de 30 años la ha desempeño Luz Marina Álvarez Enciso, una mujer de carácter, disciplinada y muy comprometida con la memoria de las víctimas.

Queriendo rescatar ésta dedicada labor, hablamos con Luz Marina. Ella, en medio de su valioso compromiso contó algunos detalles de su trabajo, las angustias y aprendizajes que quedaron en medio de periódicos y folders en una oficina destinada para el archivo en el CPDH. “Yo llegue al CPDH, el 10 de enero de 1990. En esa época estaba de presidente el doctor Alfredo Vázquez Carrizosa, el Comité fue fundado por él, por Gabriel García Márquez, Héctor Abad Gómez y otro grupo de personalidades, como el doctor Gelasio Cardona que todavía va por la oficina”, relata Marina. Dentro del grupo que firmó el acta de creación del CPDH, estaban Gerardo Molina, María Cristina Salazar, Socorro Ramírez, José Gutiérrez, Oscar Bonilla, Gelasio Cardona, Aída Avella, etc.

Cuando se tomó la decisión de hacer el registro sobre la violencia en el país, cuenta Marina que el archivo se componía de 18 periódicos nacionales, entre los que se encontraban El Espectador, el semanario VOZ, El Tiempo, El Informador, el Mundo, El Colombiano, entre otros. Todas las noticias relacionadas con las violaciones a los derechos humanos en Colombia se encuentran en el archivo del CPDH, en folders y bajo la protección de quien lo alimentó y lo hizo crecer hasta este momento desde 1990.

Un trabajo ad honorem por las víctimas

“El Comité fue fundado en una época en la que ocurrieron masacres, y la persecución de la Unión Patriótica. Yo llegué, como le digo, en 1990 y llegué como coordinadora del banco de datos. En esa época llevábamos masacres, mensualmente había un promedio de 25 a 30 masacres. Una masacre anteriormente era de cinco o más personas, ahora es de mínimo tres. También se llevaban los datos de desapariciones, homicidios políticos, secuestros. Era un banco de datos muy completo. Yo estuve allí hasta el año 2004 cuando salí pensionada, pero, de todas maneras, como mi gran amor ha sido el Comité, entonces yo seguí yendo” y aún sigue haciendo su trabajo ad honorem.

Desde 2005 en adelante, según recuerda ella, ya no se lleva más el banco de datos, pero sí existe la memoria de lo que se llevó desde el año de 1980 a la época y está guardado en los archivos que aun reposan en la oficina. “Allá encuentras el folder de muchas personalidades que hicieron historia en el país como Jaime Pardo Leal, Manuel Cepeda, Luis Carlos Galán, Héctor Abad Gómez. Hasta tengo un folder, como decía el padre García Herreros, del Pablito Escobar”.

Por las oficinas de esta organización vio pasar a lideresas y líderes políticos que asumieron la dirección del CPDH y recuerda que de todos aprendió, a muchas de estas personas el mismo establecimiento en comunión con los grupos paramilitares les segó la vida. Otras, como Aída Avella, sobrevivieron.

En este momento, la cuidadora de los archivos del Comité, sigue vigilando sus folders y sacando la utilidad que, para la investigación social, para la memoria historia, representan más de cincuenta años de historia de la violencia en Colombia. Y menciona que “de hecho estoy sacando las estadísticas, aunque no todas, de profesores y estudiantes que fueron asesinados y asesinadas desde los años 80 en adelante. Pero también tengo un joven, -en su registro- que fue asesinado en 1926 y tengo la lista de los estudiantes que fueron asesinados en la época del general Rojas Pinilla, entre los que estaban Uriel Gutiérrez. Esta lista la estoy sacando porque le estoy colaborando a Rubiel, -actual secretario ejecutivo del CPDH-. Todas las víctimas del país para mí son muy importantes porque hacen parte de la historia de Colombia, y todas esas personas están en el registro del comité”.

La importancia de los archivos para “Marinita”

Marinita, como le dicen cariñosamente, recuerda que un día “estaba el doctor José Gutiérrez que había remplazado a Alfredo Vázquez Carrizosa y él llevo a trabajar a un señor, y ese señor un día dijo que esos folders tan feos, que eso para qué, que los iba a regalar a la Biblioteca Nacional. Entonces la compañera de oficios varios me llamó y me dijo: “¡ay!, señora marina, aquí está el señor, -a quien le resguardo su identidad- diciendo que va a regalar el archivo del comité”. Y yo como vivía cerca salí como una loca para allá y, como no me podía cargar todos esos folders, cogí el del doctor Manuel Cepeda y Jaime Pardo Leal, porque para mí la memoria de ellos es sagrada y subí con esos folders y le dije; “pues si usted va a regalar el archivo, pues yo me llevo estos dos para mi casa”. Me fui con esos dos folders. Para mí eso fue terrible. Yo sé que ningún archivo es bonito en ninguna parte, pero era la historia del país y de las víctimas”.

El intento de regalar el archivo producto de años de su trabajo se cayó cuando la señora de los oficios varios le dijo al “doctor Gutiérrez” lo que había pasado, él inmediatamente llamó a Marina y entre risas cuenta que “cuando me llamó me preguntó: ¿qué pasó? y yo le dije: “ese enfermo mental que usted llevó quiere regalar el archivo del comité”, dice que, aunque fue uno de los episodios más tristes para ella, el archivo se conservó y aún sigue contando con una protectora del mismo, aunque lo que más le gustaría es poder ver el archivo digitalizado, escaneado, para que pueda ser utilizado para lo que se creó.