“La gente está exigiendo democracia”

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Protesta social en Cali, Valle del Cauca. Foto Anllel Ramírez

En entrevista con VOZ, la politóloga y profesora universitaria Ana María Arango analiza el estallido social, el rechazo de la comunidad internacional al uso desproporcionado de la fuerza por parte del Estado, el papel de las redes sociales en esta condena y las perspectivas geopolíticas de un gobierno que deja solo fracasos

Simón Palacio
@Simonhablando

El país vive una inédita jornada de movilización popular donde queda en evidencia un claro descontento social hacia el gobierno y una reacción desproporcionada por parte de la fuerza pública. ¿Cómo interpreta el momento?

-Si bien la pandemia profundizó una crisis económica, también evidenció otra crisis histórica, que es una crisis democrática. La costumbre en Colombia es que la gente no participe. Sin embargo, en los últimos años veníamos de un proceso de consultas previas e iniciativas populares que fueron bloqueadas. El 21N fue un impulso muy grande donde la gente en la calle exigía más democracia, entendida como lo que es y no como un simple mecanismo para elegir representantes. La democracia implica necesariamente justicia social y respeto a la dignidad del ser humano, premisas que han sido interpretadas por ese movimiento que fue frenado por la pandemia y que hoy vuelve a manifestarse en las calles.

Si bien la movilización social y la respuesta del Estado no son nuevas, sí existió un claro rechazo por parte de la comunidad internacional. ¿Por qué en esta oportunidad sí y antes no?

-Así como para nosotros la reforma tributaria fue el florero de Llorente, para la comunidad internacional hay un florero de Llorente y es la brutalidad policial, que hoy más que nunca se le llama brutalidad. Acá siempre han existido personas asesinadas en las marchas. Lo nuevo, desafortunadamente, es que sean tantos, tan de frente, que queden tantas evidencias de policías disparando a la cara de la gente. Por otro lado, tenemos los trinos y las reacciones de Uribe, porque cuando un expresidente sale a legitimar el uso abusivo y asesino de la fuerza, eso tiene un eco internacional importante.

Lo que observa la comunidad internacional hoy es la represión y la brutalidad policial, que lo único que hace es demostrar la ausencia de democracia. La lectura de afuera es que esto es autoritarismo puro, lo cual no es una mentira.

Campanazo

¿Cuál es la relación entre las denuncias que se han hecho fundamentalmente en las redes sociales y la reacción de la comunidad internacional, en especial la ciudadanía colombiana en el exterior?

-Las redes sociales tienen mucho que ver en el apoyo internacional. La pandemia abrió la posibilidad que cualquier persona pueda hacer en vivos desde cualquier plataforma. El bombardeo de información es permanente, que en este caso son fotos y videos que se convierten en evidencia incontrovertible de la brutalidad policial, generando un impacto muy grande en la comunidad de colombianas en el exterior.

Stiglitz decía en El precio de la desigualdad (2012) que la gente normalmente prefiere una decisión que le sea contraria a sus intereses siempre y cuando sea justa. Por naturaleza, dice Stiglitz, la gente prefiere la justicia cuando es evidente. Podemos interpretar ese apoyo inédito desde esa perspectiva.

¿Cómo explicar la condena hecha por Estados Unidos a lo que está pasando, con la amenaza de suspender su ayuda militar, si se tiene en cuenta que Colombia es su principal socio geopolítico en la región?

-Duque tiene una talanquera explícita y es que sus diplomáticos y el partido de Gobierno quedaron muy mal con Joe Biden y con todo el Partido Demócrata en la campaña electoral del año pasado, porque si bien ellos han manifestado públicamente que no definen su política exterior por personalismos, sí quedó un precedente importante de injerencia en asuntos internos por parte del uribismo desde un discurso pseudofascista.

Sin embargo, uno con el gobierno de Biden no sabe que esperar, pues mientras mantiene un discurso aparentemente progresista, refuerza el ejército en Siria y bombardea Yemen. Eso sí, es importante ubicar que uno de sus retos geopolíticos es volver a posicionarse en la agenda internacional porque Trump perdió el liderazgo dejándoselo todo a China. En la mitad de una pandemia, con una economía en recesión, incluida la de ellos, Estados Unidos necesita temas y nuestra situación se convierte en un “papayazo” para volverlos a posicionar como salvadores de la “democracia”.

Yo no sé hasta qué punto en el Congreso de los Estados Unidos se apruebe la propuesta de suspender la ayuda militar a Colombia. No soy tan optimista. Honestamente creería que va a salir alguna manifestación un poco más fuerte, Biden va a decir dos o tres cosas más, pero no sé hasta qué punto lleguen a suspendernos la ayuda militar. Es imposible creería yo, pero sí es un campanazo para un sector de la sociedad, como el uribismo, que se alimenta sustancialmente de la guerra.

Ana María Arango. Foto Federico Bottia

Un panorama desolador

Importantes organizaciones internacionales defensoras de los derechos humanos han prendido las alarmas sobre la grave situación en Colombia. ¿Cuál es su lectura de esta alerta?

-Como he insistido, la lectura desde afuera es que la gente está exigiendo democracia mientras la matan. Human Rights Watch salió a decir que nunca había visto esto en América Latina. Me dio mucha tristeza que el entrevistador no le dijo “oiga, ¿ni en la dictadura de Pinochet?”. Esa brutalidad que estamos viendo en Cali, ni siquiera en ‘La noche de los lápices’ en Argentina, que fue una sola noche. ¿Acá cuántas noches llevamos? Es que estamos hablando de más de 300 personas desaparecidas. Es realmente escabroso. Por fortuna esta grave situación ha tenido un considerable eco internacional.

Hablemos un poco del silencio y el papel de la Organización de Estados Americanos, OEA, y de su secretario general Luis Almagro.

-Absolutamente previsible. La OEA es un escenario ideologizado en que el “castrochavismo” se va a tomar el continente y que nos vamos a volver Venezuela, así no importe volvernos como Yemen. Basta con ver quién es el embajador de Colombia ante este organismo (Alejandro Ordoñez), para invocar la expresión popular: “Una no puede pedirle peras al olmo”. Lo único que podemos esperar de este organismo y su secretaría general es una actitud indolente ante lo que está pasando.

Sin política exterior seria

¿Cómo queda Colombia en el actual escenario de la política internacional?

-El país en este momento tiene una posición de debilidad que hacía mucho tiempo no tenía, con un Gobierno que proyecta una pérdida de legitimidad en lo nacional con un eco inocultable en lo internacional. A eso se le agrega que ha tenido posiciones minoritarias, que rayan en lo ridículo y que aumentan su debilidad en la comunidad internacional.

Pongamos el ejemplo de las patentes de la vacuna contra el covid-19, debate donde Colombia se oponía a la liberación de la fórmula en beneficio de las farmacéuticas con el agregado que comparte la presidencia del mecanismo COVAX. Con el anuncio de Estados Unidos y Francia de liberar la patente, quedamos en ridículo.

¿Fracasó la política exterior del Gobierno Duque?

-Yo creo que nunca hubo una política exterior seria, es decir, metas, objetivos, alianzas internacionales, etc. El único proyecto internacional fue tumbar a Maduro y fracasó. En lógica neoliberal, que es la ideología dominante, Duque no firmó ningún tratado de libre comercio. Para nosotros su incompetencia es un éxito, pero para ellos es un fiasco.

No hay un proyecto de política internacional y quienes en últimas se ven afectados por su torpeza, no son ellos, sino los intereses del país. Mira lo que hicieron recientemente con Cuba, es algo impresentable.