La fiesta de la rebeldía

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Vitam Et Mortem. Foto Carolina Tejada

Ni la lluvia que duró cerca de 36 horas pudo apaciguar la gran fiesta rockera en el municipio de La Cruz en Nariño. Un grito por la paz volvió con fuerza e hizo vibrar las conciencias de sus asistentes al mejor estilo Undergrond

Carolina Tejada
@carolltejada

La Cruz es un municipio del departamento de Nariño. Antes del proceso de colonización, allí existía un poblado indígena llamado Chicha y, según relatan los historiadores, es uno de los municipios más antiguos de la región. Para llegar a este lugar, hay que atravesar por sus angostos caminos las montañas que lo envuelven ya que, está situado sobre la vertiente nororiental del nudo de los Pastos y la cordillera oriental.

Este recorrido de más de tres horas bajo la lluvia, fue el que tuvieron que hacer el grupo de artistas y parte del público que acompañó la VII versión del Festival Nariño Vive Underground durante los días 11 y 12 de diciembre, luego de un año interrumpido por la pandemia, para hacer vibrar a La Cruz, con la fiesta más importante de rock del sur del país.

Desde cada rincón del departamento

En esta versión del festival, el cual está enmarcado en una apuesta para generar incidencia social y cultural a partir de un encuentro que da cuenta del talento musical local y regional, recreado desde su creación con agrupaciones nacionales e internacionales y con la participación de diverso tipo del rock, sus géneros y las diferentes expresiones sub culturales relacionadas, tales como: el Metal, Punk, Rock Alternativo, Reggae, Hip-Hop etc, contó con un arduo trabajo desde varios meses atrás en los que su equipo organizador se dio la pela para volver al escenario, en esta ocasión, y siendo consecuentes con que cada festival se realiza en municipios diferentes, se realizó en el municipio de La Cruz.

Algunas personas preguntaban, ¿por qué por allá?, ¡de eso se trata lo Undergraund!, respondían sus organizadores. De llegar a cada rincón del departamento y fortalecer el proceso de participación social de la juventud a través de un intercambio cultural, académico y social, el cual vincula la pluralidad, la tolerancia, el enfoque de derechos y, sobre todo, alrededor de un compromiso con la paz en el país. Y para ello, tuvieron que organizar una agenda de participación y selección de cada agrupación.

Según el director de este proyecto, Luis Alfonso Pantoja, “el proceso de la VII versión inició con la Convocatoria de Corresponsabilidad Social dirigida a municipios en el mes de enero de 2020. Debido a la pandemia, únicamente realizamos el proceso de la Eliminatoria: Un Grito por la Paz, con audiciones presenciales en Pasto e Ipiales para lo departamental, con 46 agrupaciones, y la revisión del material enviado por parte de lo Binacional, con 165 agrupaciones, que se realizó en el mes de diciembre del 2020. Y ya durante todo el 2021 la preparación de todo lo demás”.

Por medio de la Eliminatoria Departamental y Binacional (Colombia-Ecuador) Un Grito por la Paz, está discriminada en tres géneros 1. Metal. 2. Punk-Hard Core. 3. Rock, reggae, fusión y afines.

La gestión, que no es fácil, más si se trata de una puesta en escena con las características de este evento, se pudo lograr por medio de “la financiación de la Gobernación de Nariño a través de la Dirección Departamental Administrativa de Cultura, la Universidad de Nariño a través del Sistema de Bienestar Universitario; y la Alcaldía de La Cruz-Nariño”. El alcalde, Luis Carlos Zambrano, acompañó, con mucho compromiso los dos días de la jornada.

Un festival vestido de compromiso social

Dos lemas centrales mantienen este festival; un grito por la paz, y la cultura oficial sale a tu encuentro, pero al Underground tienes que ir tú. Desde varios rincones del departamento y del país, fueron llegando el día 11 de diciembre a primera hora el público Underground, el grupo de artistas que estarían presentándose en una amplia agenda académica y cultural. Allí, desde varios días atrás estaba el equipo organizador, un equipo diverso que supo echarse al hombro la organización del evento.

La niñez también vivió y tuvo su momento en el Festival
Los niños también fueron por su autógrafo. Foto Carolina Tejada

Y el niño con el autógrafo del artista

El día D, inició con un componente académico, un encuentro Underground con las artes cruceñas. Niños y niñas se dieron cita desde las horas de la mañana con sus escuelas de danza, teatro y música para dar apertura al festival. Entre estos grupos se destacan: la escuela de Rock, escuela de danza educando soñadores y la Escuela municipal de arte. Era difícil que los menores pudieran estar hasta el final del evento, más sin embargo se les vio en compañía de un familiar, pidiendo autógrafos, saltando y escuchando parte de la programación de las bandas.

A esta primera jornada también se sumó el componente de intercambio académico en el que se habló de Rock, Metal, Movimientos Sociales y construcción de memoria histórica, y contó con la participación de Jaime Ocampo, docente y vocalista de Athanator, Juan Esteban Tabares, manager de Ekhymosis y Rebeca Caicedo, maestra en Artes Escénicas y Gestora Cultural, el cual tuvo como epicentro la biblioteca municipal Manuel Agustín Ordoñez.

Comenta, Gerardo Bravo “Chiri Destroyer” quien fue parte del equipo de trabajo del festival y delegado de la Universidad de Nariño: “En el foro se ratifica la tesis que nuestro país tiene un contexto que necesita describirse con un sonido crudo, como nuestra realidad. El metal extremo se convierte en la banda Sonora de una Colombia que representa el imperio del terror. Es decir, el metal extremo tiene la capacidad de narrar nuestra realidad y dejar testimonio de un inconformismo principalmente joven”.

Más allá de ser un evento, es un proceso que implica formación, asegura “Chiri Destroyer” y eso “necesita tiempo. Formación en todos los niveles, académica, musical, pero sobre todo política”. Además, reflexiona cómo la música es “tabla de salvación de una generación que no le apostó a la guerra y ahora son un ejemplo de rebeldía para las nuevas generaciones”.

Además del rechazo a la guerra, no pudo faltar, desde diferentes lenguajes y expresiones, un rechazo a la minería y un llamado a participar de las consultas previas en favor de la protección del agua y el territorio.

De izquierda a derecha: Luis Carlos Zambrano – Alcalde de la Cruz, Gerardo Bravo (Chiri Destroyer), David Rosales – Equipo diseño, Jhonatan Burbano – Ángela Verdugo y Leidy Rosero (Comité Operativo), Luis Pantoja (Director del festival), Miguel Figueroa y Daniel Narváez (Comité Directivo).

La lluvia frenó el compromiso rockero

De las 26 bandas que se presentaron con sus estilos, estéticas y líricas que pusieron a bailar a cerca de mil participantes del festival, debajo de un torrente de lluvia que duró más de 36 horas, que, sin apaciguar al público roquero que había alcanzado a llegar temprano, sí impidió que se sumaran más participantes al municipio, pues se presentaron deslizamientos de tierra que lo incomunicaron por horas, incluso bandas como La Pestilencia no pudo llegar a cerrar la fiesta.

Según Danna Rojas, secretaria de la Juventud Comunista, quienes apoyaron desde sus inicios la realización del espacio, las lluvias fueron un gran obstáculo para lo logístico, pero desde su perspectiva se cumplió el objetivo y comentó: “es muy importante que la juventud llegue a estos espacios, escuchar la música y el mensaje que nos dejan. También podemos aportar desde aquí a que la juventud pueda tener una nueva perspectiva sobre el país, que podamos cambiar la realidad hacia una más justa para los y las jóvenes”.
La fuerza pública, como nunca antes se había visto, acompañó la jornada, debajo de la lluvia también cabeceó, se tomó fotos y acompañaron, en medio del respeto a las personas asistentes.

Igualmente fueron resguardados del clima, los regalos que cada asistente traía como compromiso para participar en el festival. Mechudos con sus botas punta de acero y sus chaquetas de cuero, iban llegando al lugar con peluches, libros, muñecas, etc. Que serán repartidos a la niñez de algunos municipios por el comité organizador. Es parte de la identidad del festival.

Casi al final del segundo día del espectáculo, con sombrilla en mano, carpa o simplemente disfrutando del agua sobre sus rostros, el público disfrutó de la programación y, entre esas, de la banda Vitam Et Mortem, que nace en el 2002 en el Carmen de Viboral, como respuesta desde el arte a la violencia en el país. La agrupación, con sus letras irreverentes, se despachó sobre el escenario y puso a mover cabezas y conciencias. Entre esas líricas se encuentra el último sencillo, El Río de la Muerte del 2020.

Galahat, desde Ipiales. Foto Carolina Tejada

Las estéticas, las líricas y la fiesta

Según contó Julián Trujillo, vocalista, compositor y guitarrista de la banda, “hacemos un ejercicio desde la memoria histórica de Colombia, haciendo ese reconocimiento a todos los muertos de nuestro país y obviamente a las víctimas que quedan vivas. La narrativa del álbum se reconstruye a partir del río Magdalena, una de las afluentes más grandes de Colombia y por donde han transitado miles de cadáveres desaparecidos en sus profundidades, como una práctica también del horror de como se ha manejado la violencia en nuestro país”.

Una analogía, según comenta Julián, entre la mitología griega con el río Aqueronte del inframundo, morada de los muertos y de los espíritus, y en el río el pescador que encuentra los muertos, entre otros detalles.

Igualmente sonó la banda Ekhymosis de Medellín, quien también acompañó el festival y cuyas letras de su último sencillo “condenado” del 2021, al unísono pusieron a cantar al público con la canción “falsos positivos”.

“…Y aun así nos resistimos, somos falsos positivos. Niños amordazados en un lodazal, pagan por una guerra que no acabará. ticos genocidas, fanatismo, al mismo hoyo caerás. Campesino olvidado por el pueblo, indígena desplazado de su tierra (…) ¿tú de qué lado estás?”

El bajista Andrés García, comentó que hacer música “para un movimiento musical en Colombia es complejo, porque nacimos en la violencia, estamos en la violencia y moriremos en la violencia”. Por eso las letras de este álbum no se alejaron del panorama crudo del país. Frente a la esencia del festival, mencionó que: “Colombia solo se lee a sí misma, pero la contra cultura sigue siendo Underground. Este festival tiene su magia especial. Este sitio tiene algo que no se encuentra en todos lados, son otros públicos. Las grandes ciudades te brindan muchas cosas” asegura, refiriéndose a la diferencia que se vivió en el municipio de La Cruz.

Ekhymosis, equipo de trabajo y el Alcalde de La Cruz

El departamento de Nariño tiene 64 municipios y sólo tres tienen capacidad logística para grandes eventos; Pasto, Ipiales y Tumaco. “Esa es la magia de este Underground, en medio de las dificultades surgió. Gracias al Underground por ser eso, ese concepto que es muy bonito, que sigamos escondidos, pero más expuestos que cualquiera”.

Para Julián, de Vitam Et Mortem, el festival tuvo un cartel de lujo, aunque “muchas personas no pudieron llegar por los derrumbes”, y comentó que, los artistas que estamos en lo Underground, “debemos generar música con contenido que diga cosas. Porque siento que, hay bandas que están en el medio del Underground, que es un lugar diferente de donde está la música comercial, y les hace falta profundizar en contenido, en investigación, en la narrativa.

De alguna manera es importante que, los artistas colombianos desde ese lugar de independencia puedan tener una voz muy clara, para que nuestro relato pueda seguir creciendo y escuchándose en otros lugares” y resalta que “para un artista es vital la conciencia del territorio que habita para narrarlo”.

El festival culminó en horas de la madrugada del día lunes, en medio del agua que no paró, pero con la irreverencia y el entusiasmo de todas las generaciones que se dieron cita para escuchar otro sentido de la música, y demostrando que lo Underground sigue teniendo un público leal que crece y se cualifica, como sus artistas.