La esquiva reactivación

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Las exportaciones decrecieron 8,3% en la comparación anual y las importaciones lo hicieron en 3,9%.

Las élites no tienen ninguna intención de cambiar el modelo económico porque se fundamenta en prácticas mafiosas que implican la desindustrialización

Carlos Fernández

El 14 de mayo, en medio del paro nacional, el DANE publicó los resultados de la evolución del Producto Interno Bruto (PIB) durante el primer trimestre de 2021. Al señalar que este indicador de la evolución del conjunto de la economía había crecido 1,1% respecto al primer trimestre de 2020, el Gobierno y sus áulicos, exultantes, tocaron a rebato las campanas de la estulticia señalando que ya el país había entrado en fase de recuperación, luego del retroceso que implicaron la pandemia y las tímidas medidas para enfrentarla.

Aunque se les podría dar a los comunicadores del régimen el beneficio de la duda y pensar que lo que buscaban al celebrar tan estruendosamente este magro resultado era sentar las bases para poder decir dentro de tres meses que el paro echó para atrás ese luminoso camino iniciado en el primer trimestre.

Cifras para todos los gustos

Para continuar el análisis, se hace necesaria una digresión técnica. En varias oportunidades, he comentado que el PIB es un pobre indicador para mostrar la marcha de la economía en su conjunto. En esta oportunidad, esto se hace más evidente.

Los datos que se recogen periódicamente para calcular el producto obtenido en un trimestre se valoran a precios corrientes, es decir, sin descontarles el efecto del crecimiento de los precios. La primera transformación que se les hace, para efectos de mayor precisión en el análisis, es, pues, la conversión de estos valores a precios constantes, esto es, corregidos por la inflación. Luego, se les hace una segunda transformación, que consiste en eliminar las distorsiones que presentan las llamadas variaciones estacionales o de calendario que afectan la determinación de las tendencias de las variables involucradas en el análisis del PIB, tanto en su aspecto de oferta (producción) como en el de demanda (gasto).

Las cifras que presenta el DANE cubren dos horizontes de tiempo: el primero consiste en la comparación de la evolución del PIB entre el primer trimestre de 2020 y el primer trimestre de 2021, y el segundo, entre el primer trimestre de 2021 y el cuarto trimestre de 2020. Lo interesante del cuento es que, en el documento de presentación de los resultados, las cifras correspondientes al cambio entre los dos primeros trimestres de 2020 y 2021 se refieren a los datos originales corregidos por la inflación, en tanto que el que resulta de comparar el primer trimestre de 2021 y el cuarto trimestre de 2020 se presenta con base en las cifras corregidas por la variación estacional.

El paro será el pretexto

¿Cuál fue el comportamiento desde el punto de vista de la producción? En el análisis que sigue, me voy a remitir a las cifras originales corregidas por la inflación, solamente. En su desarrollo, anotaré aspectos relevantes relacionados con el tipo de series estadísticas que utiliza el ente estatal encargado de las estadísticas oficiales, el DANE.

Lo primero que hay que decir es que un crecimiento de 1,1% es mediocre. La alegría de Duque («la recesión como tal ha terminado») no es más que el grito desesperado de alguien que necesita una noticia de esta naturaleza para sentir que enderezó el caminado. Diez y ocho días después, el paro sigue y la afectación a la economía no se detiene, mucho más si tenemos en cuenta que, respecto al último trimestre de 2020, el producto decreció 9,4%.

Claro, como dije más arriba, el paro será el pretexto para decir que, cuando empezábamos a enderezar el rumbo, los vándalos detuvieron el crecimiento económico. Pero es que, aunque se haya dado un cierto y débil crecimiento anual, retomar el rumbo del crecimiento pasa por tener más personas trabajando (empezando por los que perdieron sus empleos a causa de la pandemia), menos pequeñas y medianas empresas cerrando (las grandes aguantan más) y una población vacunada en su totalidad para que la actividad económica pueda ser retomada con seguridad sanitaria.

Circuitos de producción mafiosos

Pero eso no se va a lograr si lo que se quiere es volver a las condiciones de funcionamiento de la economía anteriores a la pandemia y, mucho menos, luego del paro que está exigiendo un cambio de modelo económico y social y no un volver a lo de antes. Lo que se está viendo, sin embargo, es que, de parte de las élites, como siempre, no hay la menor intención de dar un timonazo al manejo de la economía, toda vez que ésta está asentada en circuitos de producción y circulación en gran parte mafiosos, con un proceso de desindustrialización que viene desde tiempo atrás y que el señor César Gaviria oficializó con su apertura económica.

Lo que representa el paro es, pues, el estallido de una protesta que estaba obnubilada por la existencia de la guerrilla y por el control del tráfico y micro-tráfico de drogas. La primera se desmovilizó y el segundo está incidiendo en el paro mediante civiles armados que disparan contra la población y a través de gente dedicada al micro-tráfico que ha buscado copar la vanguardia del paro en los puntos de resistencia, sin asomar la cabeza demasiado para no ser confundidos con los auténticos líderes de la movilización.

¿En qué se gastó el producto interno bruto? La contrapartida del comportamiento de la producción está representada en el gasto. Es decir, en qué se gastan los ingresos que se perciben al realizar la producción en el mercado.

Bajó el consumo

Según la contabilidad nacional, la demanda interna está compuesta por el consumo (de los hogares y del gobierno) y la inversión, llamada oficialmente la formación bruta de capital. El primero creció 1,6% en el año transcurrido desde el primer trimestre de 2020. El consumo de los hogares creció 1% en ese período, en tanto que el consumo del Gobierno creció 4,6%. En este pequeño resultado positivo del consumo familiar incidieron, seguramente, las transferencias que aprobó el Gobierno para paliar la falta de ingresos que generó la pandemia.

Pero, al mirar el comportamiento de estas variables respecto al último trimestre de 2020 se observa que el consumo de los hogares decreció 7,6%, en tanto el consumo del Gobierno decreció en 45,5%. Es decir, el consumo en general no siguió el ritmo de recuperación que traía luego de decretada la primera cuarentena. ¿Por qué? Es casi lógico que, ante la prolongación del desempleo y, a pesar de las ayudas oficiales, no era posible mantener el ritmo de supuesta recuperación que se traía durante 2020. Esto en cuanto al consumo de los hogares.

Más alarmante es la disminución del consumo del Gobierno, que ha decidido congelar en el exterior ingentes recursos prestados por el Fondo Monetario Internacional y que, supuestamente, se iban a gastar este año. Al menos, eso no se dio en el primer trimestre de 2021.

El tema de la inversión

La formación bruta de capital fijo constituye una aproximación a la auténtica inversión. Entre el primer semestre de 2020 y el primero de 2021 decreció 1,6%. En cuanto al comportamiento de esta inversión respecto al cuarto trimestre de 2020, su decrecimiento de 3,2% está mostrando un descenso notable en la actividad económica, que va a estar afectada, indudablemente, por el paro nacional pero por motivos relacionados con la falta de políticas auténticas de industrialización y, en general, de desarrollo productivo.

El comercio exterior

Las transacciones internacionales del país en materia de bienes y servicios se desplomaron en el año transcurrido: las exportaciones decrecieron 8,3% en la comparación anual y las importaciones lo hicieron en 3,9%. Respecto al último trimestre del año anterior, las exportaciones tuvieron un leve repunte de 2,1% y las importaciones permanecieron estáticas. Si no hay producción no hay para exportar y, si no hay ingresos no hay con qué hacer compras en el exterior. El tema no es tanto si esto hubiera ocurrido sin pandemia sino cómo darle vuelta a la torta para que la economía se enderece.

El cambio de modelo es imperativo, cosa que ni el Gobierno ni las élites que representa han querido entender. Y no lo van a entender mientras su riqueza dependa de economías ilegales o de rentas semi-feudales de la tierra o de la alianza con el sector financiero nacional e internacional. De seguir así, no iremos a ningún Pereira. Y, en esta ciudad, Lucas Villa sigue clamando por ese cambio.