Ana Cristina Sanabria: Entre la disciplina, la discriminación y los sueños

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Ana Cristina Sanabria en competencia en representación del país. Foto Federación Colombiana de Ciclismo

La campeona ha conocido triunfos y derrotas y también ha padecido la discriminación y la falta de apoyo al ciclismo femenino

Juan Carlos Hurtado Fonseca
@Aurelianolatino

“Hubo una crono que terminaba en una subida y cuando llegué a la meta me pusieron un minuto de más porque no creían que le hubiera ganado a uno de los muchachos consentidos de la Liga. Nos habían mezclado con los chicos porque no había muchas niñas. Los jueces decían que había quedado mal medido el tiempo, y eso que tenían tres cronómetros, uno a la salida, otro en la mitad y el de la llegada. Mi entrenadora también había cronometrado y sabíamos que eso era lo que yo había gastado. Preferimos quedarnos calladas, pero quedé muy ofendida, me dejaron como de décima y había quedado de tercera”.

Este es un episodio que la pedalista colombiana Ana Cristina Sanabria recuerda como anécdota, aunque con indignación. Pero también es la muestra de cómo muchos valoran el trabajo, las capacidades y los resultados de las mujeres que practican deportes de alto rendimiento.

Los triunfos no tardaron en llegar y con ellos el silencio de los incrédulos. Aunque su palmarés es muy amplio entre los principales están haber obtenido el primer tour femenino en Antioquia en 2014, el campeonato nacional de contrarreloj en 2016, la primera Vuelta a Colombia, el primer lugar en ruta y crono de los Juegos Suramericanos disputados en Cochabamba en 2018 y la Vuelta a Colombia el mismo año.

También participó en el Mundial de Ciclismo en Noruega en 2017 y en el de 2018 en Viena, en el Tour de Francia femenino en 2017 donde hizo top 10 y en dos Giros de Italia en 2017 y 2018.

De correr a pedalear

Las primeras cuotas con las que Ana Cristina pagó por el destino que se labró no fueron pedalazos. A sus 16 años inició como atleta porque era el deporte que sus condiciones le permitía practicar, vivía en una zona rural alejada de Zapatoca, Santander, y los costos para practicarlo y competir eran relativamente bajos.

Fue un primo quien le prestó una bicicleta que le permitió pedalear y competir, y gracias a una vecina logró contactarse con quienes podían ponerla en carreras de ciclomontañismo: “Dentro de mi ignorancia de cómo surgir, iba corriendo en lo que pudiera económicamente. Tuve que hacer muchas rifas, rifaba dinero, le pedía a la gente del pueblo que me colaborara”, rememora Ana.

Con lo poco que recolectaba pagaba los pasajes y la alimentación en los campeonatos departamentales o nacionales. Tiempo después obtuvo apoyo de la Alcaldía.

La discriminación hacia el ciclismo femenino empezó a sentirla en su propia casa cuando a su padre le daba miedo que lo practicara y no le dio el suficiente apoyo. “Luego me enfrenté a los directores de clubes porque no creían que una mujer y menos de un municipio donde no se había oído que salieran deportistas, fuera apoyada. Todo me lo gané a pulso”.

Los hechos respaldan sus palabras. Fue campeona nacional juvenil de ciclomontañismo lo que le abrió puertas en la Liga de Santander y tuvo que desplazarse a vivir a Bucaramanga para hacer entrenamientos especializados. El machismo seguía como su principal contrincante.

Nueva decepción

Luego de pasar por varios equipos del país, en 2017 se le cumplió su sueño de ir a correr en uno europeo. Su palmarés la respaldaba. Llegó a tres meses de prueba, le daban todo lo necesario, pero no le pagaban. Aprovechó la oportunidad y en su equipo italiano corrió el Giro Rosa (Italia) en dos oportunidades y el Tour de Francia, la carrera que le subió el ánimo porque quedar entre las 10 primeras era algo que nunca se había logrado para el país.

El trato que recibió no fue el mejor y al no tener salario empezó a pensar en regresarse: “Tan duro que era todo y que no hubiera una remuneración me hizo decidir en que apenas terminara la temporada me devolvía. Engañaban a la gente para llevarla, les prometen cosas que no les dan, hace poco Nairo Quintana denunció eso. Dejan a la gente botada en casas con poca comida, que entrenen y saquen la cara en la carrera… Con las mujeres fue peor. Hasta ahora hay una pelea dura en contra de eso”, comenta con notable desilusión.

Ana asegura que muchas de las pedalistas se devolvieron por lo mismo, el mal trato, y otras tantas pagaron ellas mismas los gastos de pasajes para poder estar en escuadras europeas.

Desde el periodismo también ha sentido discriminación. Ejemplifica diciendo que el tiempo y el espacio que los medios dan al ciclismo femenino es muy poco y que ellas muchas veces dependen de la vitrina que pueda tener un patrocinador: “Le hacen un súper resumen a la carrera de los hombres y a las mujeres nada. Eso ayuda a que los patrocinadores se echen para atrás”,

Pero no es solo eso, señala que en una competencia los organizadores intentaron reducir los premios de las mujeres para aumentar los de los hombres, y gracias a que se rebelaron la propuesta no prosperó.

El machismo se evidencia en varios escenarios, hasta en entrenamientos: “Los ciclistas máster se tocan mucho cuando la mujer los alcanza, y si los pasa ellos se ofenden, pegan el pique o insultan a las corredoras. Pero también tenemos que soportar el irrespeto de los conductores o la gente en la calle que al verla pasar a una dicen vulgaridades”.

Hay que volver a Europa

Su sueño sigue siendo correr y disputar las grandes de Europa, aunque con un equipo nacional, sería una revancha: “Por toda esa frustración que me causó estar allá y toda la injusticia, quisiera llegar fuerte y sacar eso que quise sacar en ese momento”

Desea continuar disputando Vueltas a Colombia aprovechando la madurez con que cuenta y ser parte de un equipo femenino nacional como Colombia Tierra de Atletas GW, es un sueño cumplido. “Que no tengamos que salir a rogar oportunidades, sino que desde aquí se den porque cada vez que salgo a competir al exterior me doy cuenta de la gran riqueza que tenemos”.

Uno de los hechos noticiosos que permitieron visualizar a Ana Cristina fue el supuesto abandono del que fue víctima por parte de la delegación que la acompañó en los Juegos Olímpicos de Río en 2016, justo al culminar la prueba de ruta.

Ana dice que es mentira, que no fue como lo dijeron los medios: “Tuve todo, alimentación, hidratación, médico, todo. Lo que pasa es que, debido a la caravana, a las corredoras rezagadas y a la gran cantidad de gente el carro no entró a tiempo, pero luego llegó el masajista y todos. Después vi en redes que había un escándalo sobre algo que no había sido cierto”.

Conocedores de este deporte aseguran que en el ciclismo femenino colombiano hay un antes y un después de Ana Cristina Sanabria. Y aunque ha habido grandes corredoras como María Luisa Calle, Ana tiene una relación de entrega con las otras pedalistas.

La técnica en su actual equipo, Rocío Parrado, recuerda que su empeño, aun sin comodidades, es indiscutible: “Ella vivía en una piecita súper chiquita debajo del velódromo en Bucaramanga en unas condiciones que no eran lo mejor para una atleta de alto rendimiento, lo que demuestra que los deportistas de Colombia se han hecho a pulso. Ha tenido condiciones con las que cualquier otro hubiera desfallecido. Eso la hace ser un referente, lo será por muchos años, y quedará en la historia como una de las pocas en lograr tantos títulos a nivel Colombia”.

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33 Comentarios

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