La desigualdad regional en Colombia

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El desarrollo entre regiones, que plantea la Constitución de 1991, sigue siendo una deuda.

María Monsalve*

Colombia es un país cuya historia está marcada por la profunda desigualdad entre regiones, mediada por una herencia colonial cuyas raíces no logran ser superadas en las relaciones sociales vigentes.

La desigualdad regional tiene al menos tres ejes. Uno es la inequidad intergeneracional que se expresa en las decisiones que pasan por alto las consecuencias futuras. Tal es el caso de la extracción minera que se hace para la obtención de recursos fiscales. El desastre natural de esta política empieza a verse en la contaminación de las fuentes de agua, el deterioro del medio ambiente y un modelo de desarrollo perverso que no aporta a la generación de valor agregado. Las regiones que se hallan en situación de mayor riesgo, sin contar los hidrocarburos, son la Andina, Pacífica y Caribe por la sustracción de carbón, oro, níquel, coltan y materiales de construcción.

La desigualdad social entre regiones es una segunda fuente de inequidad. La tendencia se mantiene en variables vitales como la muerte prevenible y la esperanza de vida, lo mismo que las brechas en educación y provisión de servicios públicos. A las disparidades en el acceso a derechos se suma la exclusión material y cultural por la pertenencia a una raza o etnia, o por ubicarse en el sector rural. Las regiones más castigadas por algunas de estas circunstancias son Chocó, la Costa Caribe, los llanos orientales y la amazonia.

La tendencia a la desigualdad económica regional constituye un tercer eje de exclusión. Las regiones de más baja producción siguen siendo las costas Pacífica y Atlántica y la amazonia, en claro contraste con el crecimiento de la región Andina, Valle y los llanos orientales. Estas últimas concentran la apropiación del producto interno, el ingreso y la riqueza.

Así pues, la convergencia económica y social entre regiones como meta del desarrollo nacional, que estipuló la Constitución de 1991, constituye una deuda pendiente. Veintidós años después de este mandato político se torna imperativa la revisión y solución de las causas de su incumplimiento. El momento es propicio, ya que se está construyendo el camino de la paz con justicia social.

* Investigadora CEIS.