La cumbre (anti) terrorista

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Asistentes a la pretendida cumbre antiterrorista en Bogotá. Avergüenza el tratamiento de jefe de Estado que se le brinda a un mercenario como Guaidó.

Las maniobras militares conjuntas entre tropas del Comando Sur de los Estados Unidos y del Ejército colombiano, que se anunciaron en forma simultánea a la llamada cumbre antiterrorista, indican que Washington no se para en pelos a la hora de actualizar sus planes intervencionistas

Alberto Acevedo

Connotados terroristas, con gruesos prontuarios criminales a sus espaldas, responsables de abominables crímenes y genocidios, presidieron la III Conferencia Ministerial Hemisférica de lucha contra el Terrorismo, que sesionó el pasado 20 de enero en los auditorios de la Escuela General Santander de Bogotá.

Presentada por los medios de comunicación locales como una verdadera cumbre mundial antiterrorista, al decir del analista Víctor de Currea Lugo, ni fue mundial, ni fue cumbre, ni fue antiterrorista. No fue mundial, porque no fue un encuentro de amplio espectro, representativo de una amplia gama de naciones. No fue una cumbre porque se limitó a la presencia de cancerberos de la política imperial de la Casa Blanca en la región. Y no fue antiterrorista, entre otras cosas, porque ni la comunidad internacional ni las Naciones Unidas tienen una definición consensuada sobre lo que significa el terrorismo.

Dos de los principales protagonistas de la reunión, están incursos en verdaderas aventuras terroristas. Empezando por el secretario de Estado de los Estados Unidos, Mike Pompeo, uno de los responsables intelectuales del reciente crimen del líder iraní Qasem Soleimani, asesinado mediante un dispositivo de drones que bombardearon el aeropuerto Bagdad, en Irán, un país ‘amigo’.

Actividad mercenaria

Pompeo es responsable de la política guerrerista e intervencionista norteamericana en Afganistán, Siria y otras regiones del Medio Oriente; es cómplice de la política genocida del régimen de Netanyahu contra el pueblo palestino. Es auspiciador de planes intervencionistas y desestabilizadores contra los gobiernos legítimos y democráticos de Bolivia, Nicaragua, Cuba y Venezuela, en Américas Latina.

Su invitado ‘especial’, Juan Guaidó, es un desalmado aventurero que, al lado de su partido, Voluntad Popular, se hizo célebre por su participación en las ‘guarimbas’, una suerte de asonadas desestabilizadores del gobierno bolivariano, que dejaron decenas de muertos. Ha facilitado planes intervencionistas contra su pueblo que se traducen en un régimen de sanciones económicas, financieras y políticas, que imponen hambre y penurias a su pueblo. No ha sido ajeno a los atentados de los últimos años contra el presidente constitucional de su país y, finalmente, adquirió notoriedad hace un año por la efusiva recepción que le brindaron grupos paramilitares asesinos en Colombina que lo trasladaron clandestinamente por la frontera y lo entregaron a las autoridades militares de este país.

Y del prontuario del presidente Duque, relacionado con el renacer de ‘falsos positivos’, el asesinato selectivo de líderes sociales, de excombatientes de la guerrilla, de corrupción, el pueblo colombiano conoce los detalles.

Camino de la intervención

El objetivo de la Cumbre Antiterrorista, en el fondo no fue tanto el problema de la lucha contra el terrorismo a nivel global. La estrategia es buscar clasificar a gobiernos progresistas de la región como auspiciadores del terrorismo paras entonces escalar el nivel de sanciones y los planes conspirativos para desestabilizar estos gobiernos, particularmente los de Venezuela y Nicaragua. Si tras una campaña de fake news en esta dirección, se alcanzara, por ejemplo, que un organismo internacional diga que tales gobiernos son auspiciadores del terrorismo, quedaría expedito el camino de la intervención militar contra ellos, bien sea por vía directa de Estados Unidos, o mediante una coalición de gobiernos lacayos.

Para justificar un aparatoso montaje como este, el Pentágono norteamericano necesitaba crearse un nuevo ‘enemigo’ al cual combatir. Mejor, con el cual justificar una nueva escalada de militarización de América Latina. Y para ello ahora tenemos a Hezbollá, Al Qaeda, Isis y toda suerte de actores del Medio Oriente, que supuestamente tienen su centro de operaciones en Venezuela y a partir de allí irradian terrorismo contra Raimundo y todo el mundo.

La militarización va

Las maniobras militares conjuntas entre tropas del Comando Sur de los Estados Unidos y del Ejército colombiano, que se anunciaron en forma simultánea a la llamada cumbre antiterrorista, y que se encuentran en desarrollo al cierre de esta edición, indican que Washington no se para en pelos a la hora de actualizar sus planes intervencionistas y que la militarización de la región va en serio.

En este sentido, vale la pena hacerle seguimiento a la idea, ya advertida por algunos analistas latinoamericanos, de si estamos ante la presencia de una lucha contra el terrorismo internacional, o por el contrario asistimos al montaje de una política de terrorismo de Estado, que hizo posible el golpe en Bolivia, soportado en una reedición de la Doctrina Monroe, que plantea que América Latina es el patio trasero de los Estados Unidos, y este país puede intervenir cuando se le antoje.

Lo claro es que Venezuela es el objetivo principal de la política exterior norteamericana hacia América Latina en este momento. Por eso ha movilizado a su títere, Juan Guaidó, en una gira por varios países de Europa. “El propósito de la visión que tenemos juntos (Pompeo, Guaidó, Iván Duque) es lograr que Maduro se vaya” dijo Mike Pompeo en unas declaraciones en Bogotá y reconoció que se reunió con Guaidó en torno a la “amenaza terrorista para los ciudadanos de su país”. “Estamos en este proyecto que va a dar un resultado: Maduro se irá y la gente de Venezuela tendrá elecciones libres y justas”, precisó el secretario de Estado.

Cacería de brujas

Lo que mostró además la visita del diplomático norteamericano a Costa Rica, al día siguiente de la reunión de Bogotá, es que la Casa Blanca conversa con los gobiernos de América Latina y el Caribe para unir esfuerzos en el propósito de deponer a Maduro. Es su obsesión.

La reunión de Bogotá presenta otros coletazos, sobre los cuales los sectores democráticos deben prestar atención a su desarrollo. Uno es la formulación genérica de que hay países que albergan a terroristas en su territorio. Es una acusación dirigida contra Cuba. Pompeo y Duque acarician la idea de que el gobierno de la isla antillana sea clasificado como terrorista, para justificar un régimen de sanciones aún más duro contra el gobierno socialista.

Está además la insistencia de Duque de clasificar al ELN como terrorista. La acusación le viene al dedo en su propósito de no querer sentarse a la mesa de negociaciones con esa agrupación guerrillera, como se lo han demandado numerosas organizaciones y personalidades en el país. Otro detalle, es la insistente estigmatización contra las comunidades libanesas en Colombia, especialmente en la costa atlántica, a las que temerariamente se les acusa de ser enlaces de Hezbollá. Habría que ver cuál es la intención de la   Casa de Nariño en insistir en tan irresponsable acusación.

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