La culpa la tiene la doctrina

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Gabriel Ángel
@GabAngel_FARC

El consejero de solidaridad y derechos humanos del partido FARC en el Cauca reportó que la noche del domingo 9 de agosto, fue víctima de un extraño seguimiento por parte de un vehículo de tamaño pequeño, que con las luces altas no se despegó durante veinte minutos del automóvil en que él se transportaba, pese a sus varios intentos por extraviarlo.

El viernes anterior ese mismo consejero había acompañado una protesta que adelantaban los estudiantes de la facultad de Salud de la Universidad del Cauca. Durante ella fue objeto de señalamientos por parte de un teniente de la policía de apellido Cárdenas, al parecer subcomandante de la estación norte de la Policía Metropolitana de Popayán.

El oficial se percató de su presencia en la protesta, en la que este obraba en calidad de defensor de derechos humanos de la Corporación Suyana. Apenas lo vio comenzó a acusar a los estudiantes por dejarse utilizar con fines politiqueros por parte de los terroristas de las FARC. Acercándose de modo intimidante al consejero, le aseguró que lo conocía y que sabía pertenecía a las FARC.

Este teniente fue uno de los policías que unos días antes realizó un acto de hostigamiento y discriminación contra un grupo de escoltas de la Unidad Nacional de Protección, tal como se difundió ampliamente en las redes sociales. No se puede olvidar que el departamento del Cauca es uno de los que registra el mayor número de firmantes de la paz asesinados. Y que una de las funciones de la Policía Nacional es garantizarles sus derechos.

Resulta inconcebible que a estas alturas alguna autoridad desconozca la existencia del Acuerdo de Paz, que permitió el desarme de las FARC y su conversión en partido político legal, con representación parlamentaria y actividades completamente lícitas en el marco de la democracia colombiana. Menos un oficial de la Policía en una ciudad como Popayán.

Estamos acostumbrados a la furia que diariamente emana de sectores como el Centro Democrático, partido de ultraderecha al que resulta imposible comprender los beneficios que le trae al país una solución política como la pactada en La Habana. Son nuestros adversarios políticos, quienes sin duda tienen sus razones para preferir un país asediado por los odios y la violencia, así como por la criminalidad que se deriva de ella.

Nunca dejará de sorprendernos que voceros de ese partido, como la senadora caucana Paloma Valencia, se refieran permanentemente a nosotros como sembradores de rencor. Somos claros de que ese es el partido de gobierno, con su Ministro de Defensa, de quien depende la Policía Nacional. En todo este proceso hemos conocido de policías que son verdaderos caballeros, preocupados sinceramente por la seguridad de todos nosotros.

Hemos llegado a sentir, por el trato con ellos, que realmente podemos construir un país diferente, reconciliado, tolerante y respetuoso. Aunque también hemos podido conocer que su relación con nosotros los hace víctimas de señalamientos y discriminación por parte de algunos de sus compañeros y superiores. Es culpa de la doctrina de seguridad nacional que les inyectan en las escuelas de formación. Esa doctrina produce personajes como el teniente Cárdenas.

Y como otros a los que vemos humillar y golpear salvajemente a los más humildes. El Estado se comprometió en los Acuerdos de Paz, a reemplazarla por otra basada en la dignidad humana. Otra razón para que el Centro Democrático quiera hacerlos trizas.

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