La caricatura de Matador

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Caricatura de Yapi Comics.

Fabiola Calvo Ocampo

La enojada reacción de hombres, mujeres y organizaciones sociales por la caricatura de Matador, en la que Jessica Meir y Christina Koch, dos mujeres astronautas, corren en busca de rebajas, abre la cortina para asomarnos al avance de un cambio de conciencia sobre el rol de las mujeres en la sociedad, pero también a todo lo que aún falta.

Dos mujeres en el espacio representan un acontecimiento histórico para las mujeres y toda la sociedad, es un mensaje que dice hasta dónde hemos llegado después de que nos fuese negada cualquier posibilidad diferente a la casa, el convento o el cuidado, con el reconocimiento de quienes optan por ello o no han tenido otra posibilidad.

Los cambios son lentos, pero el hecho de que por las diferentes redes sociales se haya expresado una lectura en busca de una visión de igualdad en derechos, no es nada sutil pese a que para algunas personas no haya más que una simple expresión de chiste y no una ridiculización sobre el rol de las mujeres.

No menos visible fue la sorpresa, observar que un caricaturista que ha sido crítico con las manifestaciones de violación a los derechos humanos, mostrara una mirada banal frente a la conquista de dos mujeres para llegar al espacio, y que representa la lucha de las mujeres por dejar atrás el encierro en la vida privada, en lo doméstico y el despojo de todo tipo de derechos al que han sido sometidas a lo largo de la historia.

La caricatura demuestra que pese a los cambios que vamos introduciendo de una manera consciente en nuestras vidas, las actitudes excluyentes y discriminatorias que cargamos en el mundo inconsciente que no logramos transformar, salen a flote en el momento menos esperado, es decir que el proceso de transformación es lento y debe ser permanente a lo largo de la vida.

Las palabras, las imágenes, los gestos, el lenguaje corporal no son simples signos o expresiones, dejan a la luz una forma de pensar, actuar y sentir, dejan que salga nuestra subjetividad y convierten en algo objetivo nuestra interioridad, de allí la importancia de que ahondemos en eso que queremos modificar en nuestras vidas y la forma de relacionarnos con los otros y las otras, con el mundo.

Es necesaria una revolución cultural que rompa todo vestigio de androcentrismo, que permita dar al ser humano su lugar de derechos, del ser que llega a este planeta para crear sus condiciones para ser feliz.

Pero no será suficiente una revolución cultural, es preciso tener condiciones para ejercer los derechos y ello corresponde a un real Estado Social de Derecho, que proporcione empleo, salud, estudio, derecho al ocio…y que permita un espacio para la vida espiritual (no he dicho religiosa, pero también es un derecho), con el fin de que haya lugar para respirar lejos de la sacrosanta razón.

Digamos entonces, que la caricatura de Matador nos permite un breve espacio para tocar la importancia de continuar trabajando por una transformación personal y social, cada quien desde su quehacer, transformación que muestra frutos con un sector crítico de la sociedad, cada vez más amplio. Las palabras y las imágenes no se las lleva el viento.

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