La Candelaria, 54 años por la paz

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Renata Cabrales
@RenataRelata

«Cuando Santiago preguntó que quiénes querían acompañarlo a fundar un teatro independiente, yo levanté la mano, y aquí estoy». Son las palabras de la maestra Patricia Ariza, al conmemorar el pasado 6 de junio, los 54 años del Teatro La Candelaria. Me conmoví. Siempre siento mucha emoción cuando la escucho hablar con tanta pasión sobre el teatro, sobre su teatro, sobre sus obras, porque el teatro que hace La Candelaria es único, porque sus obras son únicas, como única su forma de hacerlo y su manera de transmitir esa pasión por el arte sobre las tablas.

Hace un poco más de 20 años, cuando llegué a Bogotá siendo víctima de la violencia paramilitar en Córdoba, un par de valiosas mujeres que dirigían entonces una organización de personas en condición de desplazamiento, nos invitaron a participar en un grupo de teatro que sería dirigido por Patricia Ariza.

Nunca había escuchado hablar sobre Patricia Ariza, sin embargo, tenía cierto conocimiento sobre el Teatro La Candelaria, así que inmediatamente dije que sí, porque ser actriz siempre fue mi gran sueño y es una lástima que, al igual que la maestra, no pueda decir que aquí sigo, pues por diferentes circunstancias, la vida no me permitió continuar realizando mi sueño de hacer teatro.

Recuerdo que nos reuníamos cada sábado en la casa del teatro, en el barrio La Candelaria. Las mujeres del grupo, al igual que yo, se sentían huérfanas en medio de una ciudad enorme que, al principio, parecía amenazar con tragarnos vivas.

Pero, el teatro de la maestra Patricia estuvo ahí para sanarnos, para levantar nuestras miradas acontecidas y aceptar que, a pesar del dolor, se puede seguir viviendo, pero eso sí, con un objetivo especial, y a pesar de todo: lograr la paz de Colombia. Y aprendimos que el arte es amor, es sanación, es perdón, que sin arte no hay memoria, que sin memoria, no hay paz.

Porque bien lo dijo el ser más recordado en estos 54 años de resistencia de teatro combativo de La Candelaria, el gran maestro de maestros, Santiago García:  «El que hace arte está haciendo también un oficio de curandero, curandero del alma, de un pueblo que está destruido».

Mañana 11 de junio conmemoro la muerte de mi hija Alejandra (asesinada por hombres del jefe paramilitar Salvatore Mancuso), casi al tiempo que celebramos un año más del teatro que me ayudó a convertir el dolor por su ausencia, en fortaleza y deseos de paz para nuestro amado país. Larga vida al teatro La Candelaria.

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