La canalla mediática

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Carlos A. Lozano Guillén

Como parte del acuerdo orquestado por la derecha internacional contra la Revolución Bolivariana y para derrocar al gobierno legítimo y constitucional de Nicolás Maduro, los grandes medios de comunicación, vinculados a poderosos conglomerados internacionales económicos y de “mass media”, arremetieron en una campaña golpista sin precedentes para acompañar a la oposición venezolana, inclusive defendiendo u ocultando las acciones terroristas que esta promueve.

En Colombia los grupos económicos Santodomingo y Ardilla Lülle, dueños de medios impresos, cadenas radiales y de televisión, asi como el Grupo internacional Prisa, con el acompañamiento de otros noticieros en cadenas institucionales, adelantan la campaña de mentiras, convertidas en caja de resonancia de los partidos de la oposición.

El discurso, ya desgastado, es el mismo de siempre. “Gobierno castrochavista”, “dictadura”, “hambre y miseria en el pueblo venezolano”, lo que predican Capriles y otros voceros irresponsables de la derecha. Repiten una y otra vez la letanía, sin ninguna investigación. Da lástima ver a periodistas que por su mísero salario se prestan para semejante aberración que nada tiene que ver con la libertad de prensa o el libre debate de las ideas.

Las guarimbas de “Primero Justicia” el partido de Capriles, no existen según estos medios de la mentira y el negocio. Para nada reportan los ataques a los edificios públicos, el incendio de casas de salud atendidas por los médicos cubanos, el saqueo a supermercados y tiendas públicas, al tiempo que la oligarquía fortalece el acaparamiento y frena la producción de alimentos y artículos de primera necesidad. Es la canalla mediática unida, intolerante, en la causa de lograr la caída de la revolución bolivariana. Pretenden el retorno al neoliberalismo, a la economía de libre mercado a favor del gran capital, a la confianza inversionista para los negocios de las transnacionales, van por las reservas energéticas venezolanas. Así de sencillo. Grandes medios en defensa de los intereseses económicos de sus dueños.

Como decía Marx, es un problema de clase. En ello no podemos equivocarnos. Es inaceptable que desde la izquierda se escuchen voces débiles y cobardes, de comprensión a la subversión terrorista de la derecha. Esta campaña golpista, urdida desde Washington, se da precisamente cuando la economía venezolana da síntomas de reactivación y a pesar de la crisis no reduce la inversión social. Una verdadera lección para los países sumisos y dependientes de la férula de USA. En Venezuela está en juego de alguna manera la suerte de una América Latina democrática, patriótica y soberana. Hay que dar la batalla solidaria y antiimperialista. Es un asunto de principios. Remember Chile de 1973. La historia se repite.  H

carloslozanogui@outlook.es