¿Y cuál es la bronca con «Epa Colombia»?

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Fans de Daneidy Barrera. Foto Instagram https://www.instagram.com/p/BOsJon4B4n7/?taken-by=dane.cheer

La internacional columnista

Roberto Amorebieta

Hace unos meses, y con motivo de un importante partido de la selección colombiana de fútbol, una joven bogotana llamada Daneidy Barrera se hizo famosa por publicar en internet varios videos donde animaba al equipo con una sonora porra que repetía el estribillo «¡Eh!, ¡eh!, ¡epa Colombia!; rico, rico rico». Los videos, hechos con un teléfono, en condiciones muy sencillas y sin ningún tipo de libreto ni producción, ya habían comenzado a circular en las redes sociales pero su despegue definitivo lo tuvieron cuando el propio presidente Juan Manuel Santos publicó en Twitter uno de ellos. Ese día jugaba la selección contra Chile y curiosamente también el gobierno y las Farc anunciaban el acuerdo para el cese al fuego y la dejación de las armas. Toda una estrategia de distracción.

No era la primera aparición en la red de Daneidy. Había asumido el nombre artístico de “Chamita Cheer” y compartía videos en los que hablaba sobre diversos temas, siempre con su estilo sencillo, desparpajado y mordaz. Si bien sus videos tenían algunas reproducciones, el impacto era mínimo y puede decirse que era casi una desconocida en el inmenso mar de opciones que hoy ofrece (o inunda) la red. Nunca se imaginó la repercusión que iba a tener a partir de ese día. En muy pocas horas sus videos de “Epa Colombia” tuvieron miles de vistas en todo el mundo y Daneidy se volvió una celebridad. Por supuesto, una de esas celebridades que duran unas pocas semanas y pronto son remplazadas por otra y por otra.

Daneidy, o Chamita Cheer, empezó a ser conocida como «Epa Colombia». Hizo (y sigue haciendo) otros videos similares que también han circulado activamente en las redes y se ha vuelto una youtuber reconocida. Ha sido entrevistada en varios programas de televisión y radio, se desnudó para la revista Soho, admitió públicamente su homosexualidad y ahora promociona unas pastillas para adelgazar que al parecer no cuentan con licencia de comercialización. En otras palabras, la joven ha aprovechado su momento de fama para darse a conocer y ganar algún dinero.

Cuando los videos de “Epa Colombia” se volvieron virales, en pocas horas fueron vistos, comentados y compartidos en internet por miles de personas. Sin embargo, su alta difusión y el ruido que generó en las redes y en los medios de comunicación no fueron tanto por los comentarios positivos sino por todo lo contrario. Aunque hubo algunos que la defendieron, Daneidy fue objeto del más cruel matoneo por parte de los usuarios de la red quienes la tacharon de ordinaria, de tener mal gusto, le dijeron «ñera», «mañé», “peye”, “guisa”, «corroncha» y usaron contra ella toda suerte de epítetos descalificadores.

Daneidy es una joven de extracción popular. Sus videos reflejan la sencillez en que viven millones de personas en este país. Su lenguaje, su tono de voz, su gusto estético son una muestra genuina de la cultura popular urbana del siglo XXI en Colombia. Es auténtica, no oculta sus gustos personales, aun los más íntimos. No pretende ser lo que no es. Tal vez por eso mismo genera tanto rechazo y burla.

Lo interesante de la historia tiene que ver con las críticas que los usuarios hicieron en las redes sociales y el tipo de análisis que los supuestos expertos elaboraron en las páginas de los principales medios de información. En efecto, mientras los usuarios, amparados en el anonimato y haciendo uso de lo que Umberto Eco llamó “la trinchera de los imbéciles”, exhibieron a través de sus comentarios un machismo y un clasismo groseros y ofensivos, los analistas de medios se preguntaban ¿Qué motiva a que contenidos de tan baja calidad se hagan tan populares? ¿Debemos contribuir, como medios de comunicación, a la cualificación del gusto del público? ¿Dónde poner la raya entre lo estéticamente reprobable y lo convenientemente publicable? En otras palabras, ¿por qué se vuelven virales cosas tan feas y por qué terminamos ayudando a ello?

Aunque el desprecio y el odio se evidencian en los mensajes de los usuarios anónimos de internet, los comentarios de los supuestos expertos, si bien usan un lenguaje más académico y mesurado, exhiben el mismo sentimiento de vergüenza ajena que motiva a los cibernautas comunes y corrientes. Su presunta preocupación por el buen gusto no es más que una profunda vergüenza de la estética popular. Su aparente interés por “culturizar al público” no es más que la solapada intención de parecer una sociedad europeizada. Su inquietud por la baja calidad de los contenidos virales no es más que el temor a que la cultura popular haga uso de las nuevas tecnologías para visibilizarse.

Los videos de «Epa Colombia» pueden gustarnos o no, pero ella nos está recordando quiénes somos en realidad y no quiénes pretendemos ser. No nos está ilusionado con la fantasía de ser un país blanco, heterosexual, patriarcal y refinado. No nos intenta convencer de que somos el país que aparece en los anuncios comerciales. No nos dice que vivimos en un océano de mermelada sagrada. No. Daneidy nos está diciendo en la cara cómo somos de verdad. Pero no sólo ella con sus videos nos está recordando cómo somos. Los usuarios de la red que la insultan y se burlan de ella y los supuestos expertos que de forma condescendiente “analizan” estos fenómenos, nos están poniendo en evidencia como la sociedad que también somos: arribista, machista y clasista.

Detrás de la burla se esconde el miedo. El miedo a estar en la situación de la persona objeto de las burlas. Por eso nos reímos cuando alguien tropieza y cae: Porque nos angustia tropezar, caer y hacer el ridículo. La burla, el odio y la condescendencia hacia Daneidy Barrera demuestran que tenemos miedo a que sea evidente que nos parecemos a ella. Tenemos miedo a que nuestros esfuerzos por parecer una sociedad europea hayan sido en vano. Tenemos miedo a que, como afirmaba Daniel Samper Pizano, se vea ese lobo que todos llevamos dentro. Por eso tenemos que destruir a “Epa Colombia”, por eso, con nuestra risa burlona, tenemos que tomar distancia y no correr el riesgo de ser confundidos con ella.

Como no sabemos quiénes somos como sociedad, tenemos que dejar en claro que no somos como ella. Los arribistas le tendrían pánico a un diálogo como el siguiente:

-Hello, where are you from?

-Colombia

-¡Oh! ¡Epa Colombia! ¡I love it!