Julio Lamboglia: 80 años de lucha y ninguna canción desesperada

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Julio Lamboglia García.

José Ramón Llanos

Julio Lamboglia es comunista, un gran caliscultor y poeta. En su condición de comunista cumplió con tanto valor y eficacia su lucha revolucionaria, que la extrema derecha solo encontró una forma de intentar eliminar su eficaz tarea de socializar las propuestas revolucionarias y su fructífera acción para ampliar la influencia partidaria entre el campesinado y los asalariados urbanos: asesinarlo. Las balas que impactaron su humanidad, solo lograron marginarlo más de un mes en una clínica, tiempo que Julio Lamboglia utilizó para decantar sus reflexiones políticas, cualificar sus poemas y potenciar su militancia comunista.

Julio Lamboglia García visionó el mundo por primera vez el 20 de febrero de 1939, en San Onofre (Sucre). Se apropió en la Escuela de Bellas Artes de Cartagena, dirigida por el maestro español Juan Peñalver, de los conocimientos que le habilitaron para su labor de caliscultor- es el profesional que forma profesionales aptos para protagonizar y crear obras de teatro-, el maestro Carlos Alíes, lo entusiasmó para que hiciera de la lectura un hábito esencial.

Formador de actores teatrales

Apenas culminó sus estudios de pregrado hizo sus pininos de actor en las obras Funteovejuna y las Preciosas Ridículas, de Lope de Vega y Molière, respectivamente. Organizó y dirigió el grupo dramático La Banca, con esta agrupación se destacó con el montaje de la obra el Club de los mentirosos, de Mary Karr.

En sus primeros ochenta años, dirigió los grupos El campano, el grupo de teatro de la Universidad de Córdoba, el teatro estudio de la Escuela de Bellas Artes de Sucre; Fundó y dirigió el Teatro Experimental del Caribe (Tedca), en Barranquilla. En Bogotá, dirigió el conjunto teatral de La Corporación Colectivo de Artistas Luis Vidales.

En su rol de director de teatro montó las obras Nuestra Natacha, de Alejandro Casona, Los fusiles de la Madre Carrar, de Bertold Brecht; La orgía, de Enrique Buenaventura; Vivan los árboles, de Eduardo Pastrana; Maluco el Bejuco, de Guillermo Valencia Salgado; El propio veredicto, de Gustavo Andrade Rivera, entre el centenar de obras montadas por Julio Lamboglia. Los principales escenarios de Colombia y festivales como el de Manizales, Cali, Bogotá, Medellín, Barranquilla, Tunja y Palmira, saben de la calidad de los montajes teatrales realizados por Julio Lamboglia García.

Su obra poética ha sido publicada en varias antologías y revistas, sus poemas se caracterizan por la belleza sintética de sus metáforas y el ámbito romántico –erótico de algunos de sus versos. Para que el lector haga la valoración de su poesía, presentamos algunos de sus poemas.

Poema 4

Nunca sentí tanto la

Soledad,

como el día en que

Olvidé tu nombre

 

Mar de llanto

Hay un silencio azul

En los ojos de los niños palestinos

Que no han podido llorar,

Todo el mar de llanto

Represado en sus pupilas.

 

Recuerdas

Recuerdas, cuando desnuda entras-
te al mar,

En una playa solitaria

Mientras yo miraba las estrellas

Para poder verte

Emerger luminosa de las aguas.

Y al amarte

En mi cuerpo florecieron luciér-
nagas

En un orgasmo sideral.

Y las sirenas cantaron nuevamente,

Ya no para confundir a Ulises

Sino por querer sentirse amada

Como yo te amé.

 

Blanca Nieves

Ojalá tenga tiempo

para decirle

a Nicanor Parra.

que Blanca Nieves

era una muchachita,

blanca y pura como la nieve,

pero que se prostituyó

en su encuentro con los siete ena-
nos.

Definitivamente el siete

Es un número cabalístico.

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