Jesús, víctima del fascismo ordinario

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Cristo crucificado o Cristo de San Plácido, pintura al óleo sobre lienzo de Diego Velásquez. Foto Museo del Prado de Madrid

Mucho se ha escrito y dicho sobre la vida del nazareno. Se han hecho análisis serios como también narraciones humorísticas, algunas con buen sentido del humor, como la que asegura que era colombiano

Arlés Herrera (Calarcá)
@calarcaoficial

Bastaba con mirarle la «pinta» y se notaba que ese tal Jesús era estudiante de la Universidad Nacional. Mechudo, barba desordenada, mochila guajira terciada, manillas elaboradas por los indígenas Wayúu y camiseta con la imagen del Che Guevara.

Asistía a los mítines convocados por la JUCO, en solidaridad con la Revolución Cubana, solía gritar, ¡Abajo el imperialismo yanqui!, y como cosa curiosa, también gritaba, ¡Abajo el Imperio Romano! Para que no quedara duda de que Jesús era colombiano, andaba con una patota de parceros por el mismo estilo.

Se reunían en los bares de la 45 a tomar cerveza, en el ambiente las canciones de Silvio Rodríguez, de Mercedes Sosa o La mula revolucionaria, interpretada por Ana y Jaime. Y se encendía aún más el espíritu rebelde de estos universitarios cuando los hermanos Escamilla entraban cantando la Internacional comunista.

 

Nació en Belén

 

Dicen las sagradas escrituras que el hijo de Dios nació en un pobre establo en Belén. La noticia de este acontecimiento se regó como pólvora por toda Nazaret y Cisjordania. La romería para conocer y adorar al hijo de Dios fue extraordinaria. Las comadres que no faltan en ninguna reunión miraban detenidamente al niño Jesús y en voz baja comentaban: “pero no se parece en nada a don José, como raro, ¿no?”.

Celebraban con cantos el nacimiento de aquel niño, cuando de súbito apareció el ángel Gabriel todo nervioso y les dijo a José y María: “pilas compañeros, piérdanse, el uribista Herodes ha dado la orden de matar a todos los niños, además el ministro de Defensa, Diego Molano, ha dicho que ‘los menores son máquinas de guerra’”. Rápidamente, José y María tomaron un mototaxi y se dirigieron a Egipto.

Llegaron a la ciudad de Menfis donde se instalaron. José puso un taller de carpintería y María un puesto de comida rápida muy cerca al palacio del Faraón. En esta ciudad creció Jesús; muchacho inteligente e inquieto que un día cuando cumplía 12 años, desapareció de casa. Los padres desesperados lo buscaban por todos los rincones de la ciudad, hasta que lo encontraron en un templo discutiendo con sacerdotes, economistas, políticos y sabios sobre la situación de pobreza del pueblo egipcio y también de Colombia.

Jesús señalaba como responsable de la grave situación al capitalismo salvaje neoliberal que ya habían privatizado hasta las pirámides. Los sacerdotes y políticos, aterrorizados, comentaron: “este carajo es un comunista castro-chavista”.

A medida que fue creciendo Jesús se fue radicalizando más y comenzó a denunciar los atropellos contra el pueblo. Incluso, convocó a una gran manifestación que llamó, «El Sermón de la Montaña», allí fijó su posición sobre problemas cruciales por los que atravesaba el mundo de aquella época.

Revolucionario

Jesús, con voz grave y pausada, inició su intervención. Sin preámbulos, emprendió su valerosa denuncia contra los males del capitalismo salvaje.

–Compañeras y compañeros– dijo. Nos acompaña hoy en esta manifestación el espíritu de valientes líderes y lideresas que han caído bajo las balas de los enemigos de la paz y la vida. Hoy denuncio, con profundo dolor, que nuestra generosa Madre Tierra está siendo sembrada de muerte por los fabricantes de armas nucleares. Están diseminando de muerte los campos de donde desplazan los campesinos a bala, por los paramilitares financiados por terratenientes. Están plagando de muerte el aire, los ríos, las montañas, las selvas, los océanos con millones de toneladas de desperdicios de plástico ahogando la vida marina y el mar. Derriban sin compasión los bosques donde antes anidaban las aves que con su trino anunciaban un nuevo amanecer y cantaban la esperanza de un nuevo día.

El informante

El capitalismo salvaje está enfermo de codicia insaciable; es un monstruo de mil cabezas. Todo lo que toca lo pudre, saquea, privatiza la salud y la educación, roba elecciones, y ponen presidentes con dinero de las mafias.

Y entre tanto, allí estaba, con su bajo perfil, el nefasto Judas, como siempre, tomando nota de todo lo que se hablaba en las reuniones y manifestaciones. Alguien le vio que disimuladamente hizo una llamada por celular. Y minutos después, antes de que Jesús terminara su intervención, la plaza fue acordonada por la policía y el Esmad.

Sin mediar palabra arremetieron brutalmente contra los manifestantes, disparaban al rostro, haciendo estallar los ojos de los jóvenes presentes, violentaban a las mujeres, al final decenas de muertos y más de mil heridos. Tiempo después de los hechos, la Comisión Interamericana de los Derechos Humanos pudo constatarlo.

Herido, capturado y condenado

Entre los heridos se encontraba Jesús, el cual fue arrastrado, pateado y golpeado con el bastón policial. Pese a tener el rostro ensangrentado, el nazareno pudo ver a cierta distancia a Judas cuando recibía un fajo de billetes del mismísimo expresidente, conocido por sus vínculos con los paramilitares.

Jesús fue conducido ante Poncio Barbosa, quien estaba acompañado por una jauría ultraderechista. El nazareno, con paciencia escuchaba los improperios de los uribistas; junto a él estaba un guerrillero zelote sindicado de corrupción, llamado Barrabás. Y de pronto Poncio Barbosa dirigiéndose a la multitud, preguntó: ¿a quién queréis que condene? ¿a Jesús el comunista o a Barrabás, el insurgente nacionalista?… “Crucificad al castro-chavista”, gritaron al unísono la ultraderecha fascista y todo fue confusión. Sin embargo, para Poncio Barbosa, representante del fascismo ordinario, la decisión era fácil. Cadena perpetua para el terrorista y pena de muerte al revolucionario de la paz.

El nazareno cargando la pesada cruz del compromiso militante con los pobres y oprimidos, fue llevado al Monte Calvario, crucificado en medio de dos ladrones, uno de estos el que se había robado la plata de la salud, y el otro que se había embolsillado la plata para la alimentación de los niños escolares.

En medio de su agonía, Jesús exclamó: “Padre: ¿Por qué me has abandonado?”. Y seguidamente, el ángel Gabriel, secretario de prensa celestial, con megáfono en mano, desde el cielo le respondió: “Tú padre no te puede atender, pues en estos momentos está en una importante reunión con las directivas del FMI y las multinacionales. Inténtalo más tarde”.