sábado, noviembre 29, 2025
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Iván y los setenta enanitos

La carrera a la Presidencia presenta a la derecha dividida y a la defensiva, mientras la izquierda está unificada y tiene la iniciativa política

Federico García Naranjo
@garcianaranjo

Hoy la precampaña, a cuatro meses de las elecciones legislativas, está presentando varias situaciones inéditas que nunca se habían visto en la historia política de Colombia. La presidencia de Gustavo Petro, como el primer presidente de izquierda en nuestra historia, ha sacudido y asustado a sectores conservadores de la sociedad que aún se resisten a creer que otro país es posible, mientras se entusiasman los otros sectores: el pueblo, los jóvenes, los pobres, los nadies.

Petro ha puesto a prueba a la propia institucionalidad colombiana, no tanto porque sus alcances hayan tensionado los límites, sino porque tener un presidente de izquierda era algo tan nuevo que el solo hecho de haber reconocido su triunfo y de haber permitido su posesión es una evidencia de lo que algunos llaman nuestra “densidad” institucional. En otras palabras, con el triunfo de Petro parecía que, ahora sí, y a diferencia de tantas veces, en Colombia se respetaban las reglas del juego.

La derecha en la oposición

La primera situación inédita de esta campaña electoral es la presencia de las fuerzas del establecimiento en el frío asfalto de la oposición. Ese sector de la institucionalidad, conformado por políticos de derecha, formadores de opinión, la mayoría de los gremios empresariales y los medios corporativos de comunicación no han ejercido una oposición leal y constructiva sino todo lo contrario, han desplegado una estrategia de golpe blando contra el Gobierno que busca que el presidente renuncie o, en su defecto, se debilite lo suficiente como para que su agenda de reformas no se materialice y su candidato pierda en 2026.

La segunda situación inédita es que, por primera vez, la izquierda concurre unida y fortalecida mientras la derecha está dividida y con dificultades para conformar una propuesta cohesionada y atractiva. Al día de hoy se cuentan más de cien precandidatos, en una profusión de aspiraciones presidenciales nunca antes vista. Parecería que, después de ciertos personajes, en Colombia cualquiera cree que puede ser presidente.

De esos cien precandidatos, con perdón de “Batman” y otros como él, solo setenta pueden ser tomados en serio y de esos, unos 25 registran al menos una décima porcentual. En las dos encuestas que se han hecho públicas tras la veda, Iván Cepeda, Abelardo de la Espriella y Sergio Fajardo obtienen cierta ventaja con una intención de voto entre el 10% y el 20%, mientras Claudia López, Vicky Dávila, Juan Manuel Galán o Miguel Uribe Londoño, no alcanzan el 8%. De ahí en adelante, todos los demás candidatos obtienen menos del 4%. Es decir, son unos enanitos.

Durmiendo con el enemigo

En el Partido Conservador, su candidato Efraín Cepeda acusa a su nuevo competidor, el excontralor Felipe Córdoba de ser “ficha del petrismo” para dividir la colectividad azul. En la Fuerza de las Regiones, conformada por cuatro exgobernadores, echaron a Héctor Olimpo Espinosa y ahora solo son tres. El eterno candidato Sergio Fajardo dijo no a la invitación de unirse al llamado “pacto prehistórico”, conformado por los expresidentes Álvaro Uribe y Cesar Gaviria y que convocó a una coalición con todos, “desde Fajardo hasta Abelardo”.

Vicky Dávila continúa su andanada contra Abelardo de la Espriella, acusándolo de vínculos con Alex Saab, mientras de la Espriella la ignora olímpicamente. Y finalmente, en el Centro Democrático el precandidato Miguel Uribe Londoño saboteó la encuesta que a finales de noviembre iba a definir al candidato y ahora será el propio Álvaro Uribe quien elija al ungido. Lo que sorprende, es que ese ungido ni siquiera esté entre los precandidatos del propio Centro Democrático. Se dice que será Juan Carlos Pinzón o Abelardo de la Espriella.

Si bien todos han hecho llamados a la unidad, lo cierto es que hasta ahora ninguno ha demostrado la voluntad para ser el primero en “bajarse del bus”. Es cierto que muchos saben que no tienen la fuerza para ganar, pero aprovechan para darse a conocer y, en caso de no tener éxito, aspirar a un renglón en la lista al Senado o a una candidatura a una Gobernación.

Egos en “Los Juegos del Hambre”,

Ahora, también es cierto que la veda de encuestas no ha dado suficientes elementos de juicio a los candidatos para medir sus posibilidades reales de triunfo. Con toda seguridad, la previsible catarata de encuestas de las próximas semanas motivará a más candidatos a reconocer la realidad y acelerar su unión con otras campañas.

En cualquier caso, llama la atención cómo, en esta ocasión, la solidaridad de clase no ha tenido el efecto de siempre: que los sectores de la clase dominante antepongan sus intereses a sus vanidades. Esta vez, parecería que los egos le están ganando a la imperiosa necesidad que tiene la derecha de recuperar el poder.

Se parece a la trama de la popular película “Los Juegos del Hambre”, donde los protagonistas deben competir asesinándose entre sí hasta que el último sobreviviente gane el concurso. Parecería que la lógica de los enanitos es sobrevivir hasta la primera vuelta con la esperanza de, teniendo en frente a Iván Cepeda, convertirse en el Rodolfo Hernández versión 2026, es decir, el outsider, el antipolítico que patea el tablero y barre con las encuestas y las predicciones.

Sí se puede

Finalmente, la otra situación inédita en esta campaña electoral es que, por primera vez, no hay seguridad de que la izquierda vaya a perder las elecciones. Hasta ahora, cada vez que se acudía a una cita electoral, en la izquierda existía la absoluta certeza de la derrota. En 2022 había algunos entusiastas que creían posible el triunfo de Petro, pero en el fondo la mayoría no se hacía muchas ilusiones.

Ahora, en cambio, existe la posibilidad real de que la izquierda gane el año entrante, y como dijo el politólogo Niklas Luhmann, “la democracia consiste en tener procedimientos previsibles con resultados imprevisibles”. Por eso, por paradójico que suene, el despelote en la derecha y la consiguiente posibilidad de que la izquierda gane e Iván Cepeda sea el próximo presidente de Colombia es una señal de que nuestro sistema político es, a pesar de todo, un poquito más democrático.

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