Integración subordinada

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Mauricio Macri, presidente de Argentina; Donald Tusk, presidente del Consejo Europeo y Emmanuel Macron, presidente francés, artífi ces del TLC entre la Unión Europea y el Mercosur.

Con el TLC entre Mercosur y la Unión Europea se van a favorecer los negocios con las grandes empresas trasnacionales del viejo continente, en tiempos de dominación transnacional de la economía mundial

Alberto Acevedo

Casi 25 años después de haberse iniciado conversaciones entre los dos bloques económicos, el 28 de junio pasado, en Bruselas, se firmó un Tratado de Libre Comercio entre la Unión Europea y el Mercado de Naciones del Sur, Mercosur. Para que entre en vigor, deberá primero someterse a un estudio de legalidad y ser ratificado por los parlamentos de cada una de las naciones intervinientes en el acuerdo comercial.

El pacto, el más grande que la Unión Europea suscribe a este nivel, crea un mercado comercial y financiero de 780 millones de consumidores y supone un espaldarazo a la cooperación internacional y al libre comercio al establecer un intercambio de bienes, productos y servicios prácticamente sin aranceles.

Las ventajas, sin embargo, no son ecuánimes ni equilibradas. Los países del Mercosur aceptan liberalizar el 91 por ciento de su comercio en un período de diez años. La Unión Europea podrá, en esas condiciones, exportar automóviles, autopartes, maquinaria, químicos, medicinas. La eliminación gradual de aranceles, permitirá al viejo continente en algo más de una década, estar exportando a los países del cono sur latinoamericano, con cero aranceles. Esto representa, por concepto de rebajas impositivas, un ahorro (utilidad) de unos 4 mil millones de euros para las exportaciones de ese continente.

Saqueo

Para la parte latinoamericana, el TLC privilegia el modelo primario de exportaciones, que entrega a los países de la UE recursos naturales, sean la tierra, el agua, los minerales, el petróleo, el gas, el cobre, la biodiversidad. Los europeos podrán introducir al mercado suramericano, sin ningún tipo de restricción, productos agroalimentarios sofisticados, vinos, chocolates, aceite de oliva, gaseosas, entre otros.

Analistas económicos vinculados a la Universidad de Manchester aseguran que cuanto el tratado comercial entre en vigencia, Argentina conseguirá incrementar su PIB en un 0.5 por ciento; Brasil en un 1.5 por ciento; Uruguay en un 2.1 por ciento, y Paraguay hasta en un 10 por ciento. La mejora del PIB europeo sería del 0.1 por ciento.

Evidentemente, el cambio de coyuntura internacional que supone la llegada de gobiernos de ultraderecha en Brasil, Argentina y Paraguay, ha permitido la firma del acuerdo comercial entre los dos bloques económicos. De alguna manera se explica también como la reacción de los países protagonistas, sobre todo europeos, a las amenazas al multilateralismo y los efectos desestabilizadores en la economía internacional, por parte de la administración Trump.

Nuevos consensos

Hay desde luego, un cambio en la correlación de fuerzas por parte del bloque suramericano. El Mercosur surge en 1991 para enfrentar las consecuencias del auge neoliberal y del libre mercado, consecuencia a su vez de la ruptura de la bipolaridad entre el capitalismo y el socialismo, tras la caída del muro de Berlín y la desarticulación de la Unión Soviética.

Se aplicaba en ese momento el Consenso de Washington que representaba la afectación de derechos laborales, la explotación en extremo de la naturaleza y la supeditación del Estado a las leyes del mercado. Pero surgieron gobiernos progresistas en el continente y se delineó la resistencia al modelo neoliberal. Pero, una cosa eran Lula, Kirchner, Fidel, Chávez, Fernando Lugo, José Mojica y Evo Morales en el poder. Otra es la situación ahora con Bolsonaro, Macri y Mario Abdo Benítez en el gobierno.

Con el TLC entre Mercosur y la Unión Europea se van a favorecer los negocios con las grandes empresas trasnacionales del viejo continente, en tiempos de dominación transnacional de la economía mundial. Concede ventajas a Europa en la disputa por la implementación de mecanismos que faciliten la libre circulación de capitales, mercancías y servicios en el Mercosur.

Dos bloques en crisis

En esa dirección se inscriben recientes acuerdos comerciales de otras naciones latinoamericanas con la UE, y probablemente más tarde con Estados Unidos. De esta manera la UE completa la firma de acuerdos comerciales con todos los países de América Latina, excepto Bolivia y Venezuela. Se consolida así en la subregión una nueva hegemonía, liderada por Brasil y Argentina.

El marco descrito, sin embargo, no representa un jardín de rosas para las grandes empresas transnacionales y las burguesías de los países del cono sur. El proceso de legalización del TLC y la aprobación por parte de los parlamentos, puede llevar hasta tres años.

Pero, además, se trata de un acuerdo comercial entre dos bloques en crisis. El Mercosur está estancado desde hace años, sin un rumbo definido. Bolsonaro y Macri coinciden en la idea de redireccionarlo, en favor del libre mercado. La Unión Europea por su parte, atraviesa una fuerte crisis comercial y está sometida a tendencias populistas y separatistas desde dentro (como el brexit) y desde fuera.

A la UE le interesa recuperar protagonismo internacional, como respuesta a las sanciones y amenazas de Trump, a acuerdos de libre comercio liderados por Washington como el TPP y TTIP y el auge nacionalista. Es pues, el TLC con la UE un acuerdo desequilibrado en que el costo fiscal para Europa representa un 11 por ciento, mientras que para los países de América del Sur va del 14 al 35 por ciento.