Informalidad y desempleo: flagelo social

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La informalidad en aumento ha obligado a la población a reubicarse en la calle o en sus viviendas donde instalan negocios de todo tipo, lo que trae como consecuencias una menor productividad, accidentes de trabajo, inestabilidad familiar y un futuro incierto.

Desempleo pag economia

Iván Posada P.

El DANE, Departamento Nacional de Estadística define trabajadores informales a “aquellas personas ocupadas en las empresas de tamaño igual o inferior a 10 personas, incluyendo al patrono y/o socio: i) ocupados en establecimientos, negocios o empresas en todas sus agencias y sucursales; ii) empleados domésticos; iii) jornalero o peón; iv) trabajadores por cuenta propia excepto los independientes profesionales; v) patrones o empleadores en empresas de diez trabajadores o menos; y vi) trabajadores familiares sin remuneración”[1. DANE: “Informalidad laboral para el total de las 13 áreas urbanas y total cabeceras (septiembre – noviembre 2015)”.]. La anterior definición no deja de ser puramente formal, pues la realidad en cuanto a calidad, derechos y remuneración del empleo rebasa de lejos las estadísticas y los formulismos. En efecto, entre 2014 y 2015 se generaron solo 67.000 empleos formales, en tanto la informalidad creó más del doble con 152.000 nuevos empleos.

Por sectores

La manufactura, que representa en mano de obra el 15,6 del total de ocupados, dejó de generar empleo formal 0,9 por ciento en tanto el empleo informal aumentó 1,5 por ciento. En el sector agropecuario la informalidad se manifiesta desde la titularidad de predios, contratos verbales, etc., hasta las que tienen que ver con las relaciones obrero – patronales dentro de las cuales la figura del jornalero predomina en la pequeña y mediana agricultura y en la ganadería, recolectores de cosecha, etc. Junto a este sector, el inmobiliario y la construcción presentan aumento del empleo informal y la correspondiente disminución de empleo digno. El sector servicios presentó un aumento de la informalidad de 196 por ciento y generó 791 empleos informales; el sector financiero por su parte disminuyó la creación de empleo formal en 2,4 por ciento.

En las ciudades

En el sector urbano, en las 23 ciudades principales, la tasa de informalidad es de 49,5 por ciento, y en las 13 principales ciudades el empleo informal creció más rápidamente que el formal, 3.0 y 1.2 por ciento respectivamente.

En el período 2013 – 2015 las ciudades del norte de Colombia presentan una fuerte tendencia al crecimiento de la informalidad. Barranquilla, Cartagena y Bucaramanga tienen los porcentajes más altos y al mismo tiempo la más alta tendencia al aumento de este fenómeno.

Desempleo juvenil

En ciudades grandes y medianas la juventud es tal vez el sector más afectado por la informalidad y el desempleo. Según estadísticas del DANE y Planeación Nacional, la población juvenil (entre 14 y 28 años) de Colombia es de 12 millones, que corresponde al 32 por ciento de población apta para trabajar. De este total hay seis millones ocupados; 4.900.000 están en estudio, servicio militar, oficios de hogar y otros, y 1.1 millón están desempleados. Teniendo en cuenta que el total nacional de desempleados en el país a febrero de 2016 es de 2.180.000, (10.1 por ciento), la juventud aporta la mitad del desempleo total.

Además el 37 por ciento de la juventud desempleada tiene educación superior lo que explica por qué los universitarios no logran ubicarse de acuerdo a su profesión y terminan desempeñando otros oficios de menor calidad y por supuesto con menores ingresos; para los jóvenes que no pudieron capacitarse laboralmente el rebusque es aún más crítico. Cúcuta, Ibagué y Pereira son las ciudades con mayor porcentaje de jóvenes desempleados (21.4; 21.3 y 19.4 por ciento respectivamente).

De acuerdo a las fuentes arriba citadas, de cada diez jóvenes sin empleo, seis son mujeres, y así mismo, el sector comercio, hotelería y restaurantes, son los sectores que más reciben empleo juvenil, con el 29 por ciento del total, clara tendencia de migración laboral a estos sectores en detrimento de la industria y la manufacturera.

Esta informalidad en aumento ha obligado a la población víctima de esta lacra social a reubicarse en la calle o en sus viviendas donde instalan negocios de todo tipo, a tal punto que uno de cada cinco locales son informales, lo que trae como consecuencia entre otras, una menor productividad, accidentes de trabajo y en lo social inestabilidad familiar y un futuro incierto.

En cifras globales podemos decir que el 50 por ciento de los trabajadores del país están en situación de informalidad y tercerización, pero por sectores, sobre todo en el agropecuario, comercio, hoteles, restaurantes, servicios, puede llegar al 80 por ciento, situación socialmente explosiva.