India: Las vacunas, la catástrofe y la vida

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Colapso hospitalario en la India

Ricardo Arenales

Antes de que se destara la pandemia del coronavirus, es decir, hace poco más de un año, en la India se fabricaban el 60 por ciento de las vacunas utilizadas en el mundo en desarrollo para la inmunización infantil. Es al mismo tiempo el productor del 60 por ciento de las vacunas que se utilizan en el mundo, del 90 por ciento de las utilizadas por la Organización Mundial de la Salud para el combate a la rubeola. Es además el principal proveedor de vacunas para el mercado de los Estados Unidos.

Por esta circunstancia, India es conocida como la farmacia del mundo, pues tiene además un liderazgo en practicar la retroingeniería en toda una gama de medicamentos genéricos. El segundo país más poblado del planeta tiene además una larga tradición en campañas exitosas de vacunación contra la polio y la tuberculosis.

Y nada de eso ha servido para frenar la pandemia del coronavirus en este país. Toda esa infraestructura se pudo haber movilizado en el combate contra el contagio, pero no se hizo. Los analistas le imputan a la incapacidad e ineptitud del primer ministro Narendra Modi, la raíz del problema. Cuando se detectaron los primeros casos de contagio, el primer ministro miró para otro lado y no tomó en serio el problema.

Récord de contagiados

Llegó un momento en que exhortó a la población a prender velas y a hacer sonar cacerolas en las casas, para ahuyentar el virus, atendiendo el consejo de brujos curanderos. Esto muestra, en principio, que los países que no tomaron en serio las recomendaciones de la OMS sufrieron los peores estragos por el covid-19. La organización pidió a los gobiernos estimular el lavado de manos, las mascarillas, el distanciamiento social, el rastreo a los contagios, pero el primer ministro Modi prefirió acudir a los brujos.

Cuando el gobierno indio se pellizcó, ya bastante avanzado este año, la situación se hizo incontrolable y cruelmente paradójica. Solo en un día, el pasado 21 de abril el país registró 315.000 nuevos casos de contagios de coronavirus. Una cifra aterradoramente elevada. El domingo de la semana pasada, en un día, registró 311.170 nuevos casos, colocándose como el país de más alto número de contagios en el mundo.

El pasado domingo el país registró 4.077 muertos, finalizando una semana con un registro de más de cuatro mil muertos diarios, para un total, hasta ese momento, de 270.284 fallecidos.

Inversión miserable

En el país conocido como la farmacia del mundo, la pandemia ha desnudado la debilidad de su sistema sanitario, en manos fundamentalmente del sector privado. India dispone de 5.3 camas de hospital por cada 10 mil habitantes, mientras que China, su vecino, cuenta con 43.1 camas por el mismo número de habitantes. India solo tiene 2.3 camas UCI por 100 mil personas y un total de 48.000 respiradores para una población de 1.366 millones de habitantes. Solo en la población de Wuhan, China tiene instalados 70 mil respiradores.

En 2020 el gobierno indio reconoció que contaban con 0.8 médicos y 1.7 enfermeras por cada mil habitantes. Ningún país del tamaño y riqueza de India dispone de tan poco personal sanitario. La inversión en salud de los gobiernos de India ha sido muy baja. En 2018 fue 3.5 por ciento del PIB. La inversión por habitante es igual a la de Myanmar y Sierra Leona, algo ridículo para un país de la capacidad industrial y la riqueza de la India.

En estas condiciones, las vacunas contra el covid-19 para la población no alcanzan. En el territorio indio tiene asiento una de las mayores empresas productoras de vacunas, la AstraZeneca. Pero con un sistema sanitario altamente privatizado, esas vacunas son para exportación. La salud pública está desmantelada, y el pueblo se muere en las calleas y a las puertas de los hospitales. En este momento, solo el 37 por ciento de la población está vacunado. Una reforma radical al sistema sanitario está sobre la mesa de discusión. Y quizá también, el cambio de modelo de desarrollo.