Hispanolosis terminal

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Jaime Cedano Roldán
@Cedano85

Este 12 de octubre ha transcurrido en medio de la ofensiva reconquistadora de las derechas racistas e imperiales en su proyecto de relanzamiento de la franquista idea de la hispanidad; campaña encabezada por Isabel Díaz Ayuso, presidenta de la comunidad de Madrid, secundada por el líder del PP Pablo Casado y apadrinada por José María Aznar.

Al escuchar sus argumentos se percibe que creen que estamos en los tiempos de la conquista y la colonización y realizan la campaña hispanista con ofensas, amenazas y declaraciones vergonzosas como la de que España había liberado a América de su cultura salvaje y caníbal. Esta campaña del derechista Partido Popular es coincidente, o quizás consecuencia, del desembarco en la América Latina del partido de la extrema derecha española Vox, aliado de los populares, pero que igualmente se encuentra en abierta disputa por la hegemonía en el campo de las derechas.

Mientras en Nueva York se escenificaba la ofensiva hispanista, en España, en la convención nacional del Partido Popular, se recibía como adalides de la democracia y la libertad a oscuros personajes como Andrés Pastrana, Felipe Calderón, Leopoldo López o Mario Vargas Llosa.

La verdad es que la gira de Ayuso fue un fracaso y la visita de los personajes a la convención conservadora quedó opacada, primero por las declaraciones de Vargas Llosa quien expresara la inverosímil tesis de que en las elecciones no era importante que hubiera libertad, sino que la gente votara bien, y luego porque los invitados resultaron salpicados en los asuntos de Pandora Papers.

El proyecto de la hispanidad lo levantó el dictador Francisco Franco. Quería tender un puente entre la “hazaña” de 1492 y su golpe fascista de 1936, en la idea de una España grande e imperial. Luego Aznar la asume como una guerra de propaganda en los tiempos del llamado “segundo desembarco”. La idea era construir un nuevo relato, reinventar la historia para mostrar, nuevamente, la grandeza cultural y religiosa de España.

Hoy recurren al cuento de la hispanidad para competir con sus aliados y para enfrentar a la izquierda y a quienes buscan “romper la unidad de España”. Hoy como ayer es una fuerte campaña de propaganda ultraderechista.

Por eso es que este 12 de octubre no solo no hubo nada que celebrar, sino todo un proyecto racista por rechazar. Acaso recordar que un despistado que iba para Oriente en busca de sedas y de especias se encontró en una tierra para donde no iba y ya que estaba allí pues carguémonos el oro, las guacamayas, las esmeraldas, las muchachitas, los muchachitos, bauticémoslos a la fuerza, y esa inmensa tierra Isabel, es nuestra, es tuya, no de aquel.

Los intercambios culturales, tan valiosos y perecederos, llegaron después y muy a pesar y en contra del plan de los conquistadores, muchos de los cuales eran unos borrachos, convictos y aventureros de navaja y mortaja. Y a quienes comparan la llegada de Hernán Cortes, Sámano y otros violentos a lo que serían las Américas, con la llegada de los árabes a España, hay que decirles que quizás una cosa es llegar destruyendo y saqueando y otra cosa es hacerlo construyendo y enseñando matemáticas, arte, uso de las aguas, arquitectura y tantas otras destrezas.

Frente a su imperial y racista “hispanidad”, una hispanolosis terminal en realidad, proclamamos solidaridad, sororidad, musicalidad, diversidad, humanidad.