“Hasta que se ganó la tierra”

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Familia campesina en los años treinta. Imagen de referencia. Foto Radio Nacional de Colombia

VOZ reproduce una entrevista realizada en 1969 a un campesino comunista que fue protagonista de las luchas agrarias en el sur del Tolima, a comienzos de los años treinta del siglo pasado. En su relato se evidencian las luchas campesinas en pleno auge cafetero

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A continuación, reproducimos una entrevista realizada a un campesino comunista que protagonizó las luchas agrarias en Chaparral, Tolima, entre 1930 y 1933. Esta fue realizada en el año de 1969, y fue publicada por primera vez en el número 1 de la revista Estudios Marxistas.

Este testimonio es de mucho interés porque nos expone las prácticas laborales en el mundo agrario en pleno auge cafetero. Pero es de una gran vigencia porque recoge elementos centrales de las dinámicas de lucha por la tierra y de las formas de organización campesina en el país.

Lucha de los proletarios del campo

“En la hacienda Providencia de los Rocha yo recuerdo que a pesar del atraso había industria. Unos que les decían ingleses llevaron las máquinas. Había una rueda hidráulica de 15 metros que movía la trilladora de café, un molino de maíz, una máquina despulpadora y zarandas. Con la rueda esa también se servía a dos estufas secadoras que sacaban 45 sacos cada cuatro días, la luz eléctrica de la hacienda y un trapiche de ocho pailas.

“La hacienda sacaba por cosecha para mayo 1.500 sacos de a seis arrobas de café que salían directo al exterior.

“Ya el capital había penetrado por intermedio de la gente progresista. El trabajo allí era obligatorio en los tres meses de cosecha porque si el trabajador se iba en esa época lo traían las comisiones de la autoridad. Esto, digo, era para los permanentes. Porque en cosecha se completaban hasta 2.500 peones trayendo personal de Boyacá, Cundinamarca y Santander.

“A los trabajadores les tocaba por turnos madrugar a la cocinada de maíz para el desayuno y a todos por la noche les tocaba la entrada de café desde las seis hasta las nueve. Si no les negaban la ración de comida. Y si se las daban de berracos los metían al botalón o los clavaban en el cepo. El hijo del hacendado era el alcalde.

“A la gente que traían para cosecha la metían en grandes salones. Había salones para hombres y salones para mujeres. Al salón de mujeres no entraba sino el sacerdote, el dueño de la hacienda y su hijo.

“Cuando no era la cosecha se beneficiaba tres reses diarias para darles de comer a la gente y en cosecha hasta 12 y 13. Se pagaba en cosecha por una arroba de café cinco centavos.

Eran baldíos

“La mayoría de los peones no sabía leer, pero a cuál más, anhelaba la tierra y en uno de esos enganches de cosecha fue un tipo seguro de ideas revolucionarias y fue diciendo que toda la tierra de la hacienda dizque no tenía títulos, que era tierra del Estado y dijo que la gente era muy boba por estar allí encadenada y no tomarse la tierra. Y ese cuento se regó así mismo por todas partes.

“Y después la cosa empezó así. Resulta que un chilao¹ de café que cogía la gente no salía más que de cuatro arrobas porque no lo pesaban sino que lo medían por chilaos en unos cajones, pero eso sí, cuando era para venderle yuca o maíz o carne de la hacienda al personal, entonces sí usaban la romana,² de esas legales.

“Y en un día de esos vino ese mismo que hacía la propaganda de la tierra de que no tenía títulos e hizo pesar adelante de una gente un bulto de café que había salido justo de cuatro arrobas en la caja, lo hizo pesar en la romana legal y pesó seis arrobas y quince libras y entonces dijo el tipo a la gente: —nos están robando. Porque esa medida de la caja daba cuarenta libras por arroba. Y también se regó por todas partes. No solo en la hacienda Providencia sino en la hacienda Toribío, en la Angostura, en la Corbina y en todas las otras. Y de un momento a otro se empezó una huelga de todas las haciendas en cosecha en la cual huelga había unos 18 mil huelguistas.

“Y llevaron un batallón del Ejército. Entonces el de la propaganda de la tierra, que había hecho pesar el chilao de café, dijo que dijeran «viva el Ejército y viva la Armada Nacional». Entonces entraban los soldados y la gente les gritaban por todas partes «viva el Ejército», como había dicho el tipo y no hacían nada y pasaban 15 días y el grano cayéndose y nadie podía entrar a coger una pepa de café.

“Entonces entraron tres haciendas con tres hacendados de parte de los huelguistas a darles ganado para la cocina de la huelga a ver si se los ganaban. Y apareció el pliego de los huelguistas que no era sino tres puntos, acabar con el trabajo obligatorio en las haciendas, cambiar las medidas por la romana legal y aumentar el pago de la arroba de café. Y el Ejército se empezó a poner de parte de los huelguistas porque no más llegaron le habían mostrado al capitán los cajones para pesar el café y le pesaron el café de los cajones en la romana legal y entonces el capitán volvió pedazos todos esos cajones con los soldados y entonces convinieron en pagar la arroba mejor y levantar el trabajo obligatorio y se acabó la huelga.

Se ganó la tierra

“Y cuando se acabó la cosecha allí mismo se fueron a averiguar por el protocolo y vieron que de veras no aparecían títulos de la mayor parte de la tierra de la hacienda y que cuando se hizo la gran invasión hacia el río Combeima unos 1.800 colonos entraron a descuajar montaña. Y la gente hacía economías y se levantaba su avío para la invasión y se hizo la ranchería en la montaña y allí se destacaban, para hacer las trozas, unos para zocalar y otros para descuajar.

“Y de la noche a la mañana cayó el Ejército y la policía con varas y rejos y amarraban hasta sesenta peones en una sola sarta y se los llevaban a la iglesia diciéndoles comunistas y de allí a la cárcel de Ibagué. Y daba pesar ver como se dejaban llevar como ovejas amarrados hasta sesenta en una sola lazada. Pero unos se iban y otros llegaban a arreglar las matas y a coger maíz y muchas veces cuando el ejército llegaba los colonos los recibían muy bien hasta que el capitán dijo, aquí los que tienen derecho son ustedes muchachos y compren hachas y machetes y a abrir monte. Pero hubo en eso más de 30 días de combate, tumbando cementeras de tropa y nueve heridos y un campesino muerto y como 27 policías heridos, hasta que se ganó la tierra.

“Y venido a ver que todo eso volvió y se perdió ahora en la violencia pasada.”³

1.Unidad de medida tradicional
2. Se refiere a la balanza romana, más precisa para la medición.
3. Se refiere al conflicto que se desató durante las décadas de 1940 y 1950.