Guillermo Hoyos: el filósofo

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Guillermo Hoyos

Sergio de Zubiría Samper

El legado intelectual y vital de Guillermo Hoyos es inmenso. Su fallecimiento en Bogotá, el 5 de enero, causó conmoción en los sectores académicos y sociales. Las distintas notas necrológicas han destacado su condición de ser el pensador colombiano más importante en los últimos cincuenta años y su aporte a la formación de varias generaciones de filósofos. Quienes fuimos sus discípulos, tenemos la difícil responsabilidad de perpetuar su defensa permanente del papel crítico de la filosofía en Colombia y discutir sus aportes al pensar contemporáneo.

En la evaluación de su legado ya empiezan a aparecer interpretaciones que lo ligan exclusivamente a la tradición liberal (Santiago Montenegro) y otras mucho más serenas que reconocen su diálogo crítico con el liberalismo contemporáneo (Óscar Mejía). En estos momentos de duelo me parece escuchar su rígida voz convocándonos a debatir sobre sus textos, conferencias y entrevistas. Amaba la polémica, los argumentos y la comunicación colectiva. Nuestro último encuentro fue en un homenaje a su legado del Departamento de Filosofía de la Universidad de Cartagena donde presentó una profunda reflexión sobre la universidad latinoamericana. Como siempre, hizo patente su pasión por la educación y el movimiento estudiantil; como siempre, terminamos discutiendo sobre democracia.

Guillermo Hoyos tenía una nítida y reflexiva concepción del filósofo, que practicó con inmensa coherencia en su tránsito vital. A partir de la metáfora de su maestro Edmund Husserl, el filósofo como “funcionario de la humanidad”, extrajo unas consecuencias fundamentales para la figura cotidiana del filósofo y las tareas de la filosofía. La primera, en cuanto funcionario de la humanidad, el filósofo tiene como tarea vigilar que la dimensión subjetiva cultive siempre la reflexión crítica y la responsabilidad. Luego su otro maestro Jurgen Habermas la denomina la filosofía como vigilante e intérprete. El filósofo cuida con esmero y sin bajar nunca la guardia la promoción del pensamiento crítico y la responsabilidad. La segunda es que esa tarea de vigilancia le otorga a la filosofía un verdadero potencial transformador. En una sociedad en que predomine la reflexión crítica y la responsabilidad, los seres humanos están preparados para enfrentar con lucidez y sabiduría los problemas que los aquejan. La tercera consecuencia exige que esa reflexión crítica y responsable remita a la misma época y circunstancias del sujeto, si no sería vacía y abstracta. El filósofo debe conocer y analizar la situación concreta de su tiempo, estudiar su país y cotidianidad.

Guillermo Hoyos estuvo ligado a nuestra problemática social y humana. Acostumbraba visitar las universidades regionales, para aportar a la formación de jóvenes filósofos con actitud crítica y sentido social.

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