¿Un futuro más prometedor?

0
3856

La Organización Internacional del Trabajo presentó un informe en el que hace recomendaciones a gobiernos, empleadores y trabajadores, para adaptarse a los cambios en el mundo laboral, pero con verdadera inclusión y equidad

Redacción Laboral

Nos esperan innumerables oportunidades para mejorar la calidad de vida de los  trabajadores, ampliar las opciones disponibles, cerrar la brecha de género, revertir los estragos causados por las desigualdades a nivel mundial y mucho más. Sin embargo, nada de ello ocurrirá por sí mismo. Sin esas medidas enérgicas, nos dirigiremos a un mundo en el que se ahondarán las desigualdades e incertidumbres existentes”.

De esta manera inicia el informe de la Comisión Mundial sobre el Futuro del Trabajo, de la Organización Internacional del Trabajo, OIT, intitulado: Trabajar para un futuro más prometedor, publicado el presente año.

En este se analizan las posibilidades del futuro de las relaciones laborales con base en los cambios en el mundo del trabajo. Para la OIT, los avances tecnológicos crearán nuevos puestos de trabajo, aunque los menos preparados para asumir los cambios perderán sus empleos.

Otro de los aspectos que obligará al reacomodamiento del mundo laboral, es el cuidado del planeta, pues los gobiernos están cada vez más forzados a adaptar prácticas sostenibles y tecnologías limpias, lo que también generará la pérdida de miles de puestos de trabajo en la medida que más países abandonen el uso de combustibles fósiles.

Estas transformaciones son una oportunidad para crear un mejor futuro con seguridad económica y justicia social, aunque para esto es necesario el concurso de gobiernos, los empleadores y las organizaciones de trabajadores. Sujetos llamados a garantizar a los trabajadores una participación justa en el progreso económico, el respeto de sus derechos y la protección de los riesgos a los que se exponen, a cambio de su constante contribución a la economía.

Las personas, lo principal

Para el futuro del trabajo, la OIT propone un programa que sitúe a las personas y el trabajo que realizan en el centro de las políticas económicas y sociales y de la práctica empresarial. Este se cimenta en tres ejes de actuación, que combinados entre sí generarían crecimiento, igualdad y sostenibilidad.

En primer lugar, aumentar la inversión en las capacidades de las personas, para lo cual es necesario el derecho a un aprendizaje a lo largo de la vida que permita a las personas adquirir competencias, perfeccionarlas y reciclarse profesionalmente. Pero también, incrementar las inversiones en las instituciones, las políticas y las estrategias que presten apoyo a las personas a lo largo de las transiciones que entraña el futuro del trabajo; aplicar un programa transformador y mensurable para la igualdad de género; y proporcionar protección social universal desde el nacimiento hasta la vejez.

También se debe aumentar la inversión en las instituciones del trabajo, para lo que es necesario establecer una garantía laboral universal. Para eso se requiere ampliar la soberanía sobre el tiempo de los trabajadores, con la reducción de las jornadas laborales; garantizar su representación colectiva y de los empleadores a través del diálogo social como bien público, promovido activamente a través de políticas públicas; y encauzar y administrar la tecnología en favor del trabajo decente.

Y el tercer aspecto que se propone es incrementar la inversión en trabajo decente y sostenible, para lo cual son necesarias inversiones en áreas clave en favor del trabajo decente y sostenible; remodelar las estructuras de incentivos empresariales en pro de estrategias de inversión a largo plazo; y explorar indicadores suplementarios de desarrollo humano y bienestar.

Menos trabajo

Acerca del segundo eje, llama la atención la necesidad de permitir soberanía sobre el tiempo de los trabajadores, es decir la reducción de las horas de trabajo. Según la OIT, en el pasado, se han tomado medidas para limitar y reducir el número máximo de horas de trabajo, que han ido acompañadas por aumentos de la productividad, lo cual sigue siendo un importante objetivo político.

“Las tecnologías transformadoras y los cambios en la organización del trabajo plantean nuevos desafíos para la aplicación efectiva de estos límites. Las tecnologías de la información y de la comunicación que permiten que se trabaje en cualquier lugar, en cualquier momento, difuminan la línea entre las horas de trabajo y la vida personal, y pueden contribuir a ampliar las horas de trabajo. En la era digital, los gobiernos y las organizaciones de empleadores y de trabajadores tendrán que encontrar nuevos medios para aplicar de forma eficaz a nivel nacional determinados límites máximos de las horas de trabajo, por ejemplo, estableciendo el derecho a la desconexión digital. Son demasiados los trabajadores que siguen trabajando horas excesivas, lo que les deja poco tiempo libre. Un gran número de mujeres de todo el mundo lucha para conciliar la vida profesional con las responsabilidades de prestación de cuidados. Muchos trabajadores tienen que cumplir con largas jornadas de trabajo porque su familia es pobre o porque correrían el riesgo de caer en la pobreza si redujesen sus horas de trabajo”, argumenta el informe.

Finalmente, la OIT invita a las partes a adoptar medidas urgentes: “…para fortalecer el contrato social en cada país requiere que se aumenten las inversiones en las capacidades de las personas y de las instituciones del trabajo, y se encaucen las oportunidades hacia un trabajo decente y sostenible. Los países han de establecer estrategias nacionales sobre el futuro del trabajo por medio del diálogo social entre los gobiernos y las organizaciones de trabajadores y de empleadores”.

Y finalmente, recomienda que todas las instituciones multilaterales pertinentes consoliden su labor conjunta sobre la base de este programa. “Recomendamos, en particular, el establecimiento de relaciones de colaboración más sistémicas y sustantivas entre la Organización Mundial del Comercio (OMC), las instituciones de Bretton Woods y la OIT. Las políticas en materia comercial, financiera, económica y social presentan vínculos estrechos, complejos y de capital importancia. El éxito del programa de crecimiento y desarrollo centrado en las personas que proponemos depende en gran medida de la cohesión que se consiga entre todas estas áreas de políticas”.