“Frente Amplio de Uruguay: la unión de marxistas y creyentes”

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Un repaso por la historia de esa organización política y sus retos ad portas de la segunda vuelta presidencial. Habla Niko Schvarz

NIko

Hernán Camacho

La cita en las urnas para los uruguayos será el próximo 30 de noviembre, día en que elegirán al sucesor del presidente José Mujica, entre el candidato del Frente Amplio, Tabaré Vásquez y el del Partido Blanco, Luis Lacalle. Ese día se podrá ratificar la continuidad de un gobierno progresista y ahondar los avances sociales y políticos conquistados por la unidad de las fuerzas de izquierda, que desde 1971 están en esta organización.

Niko Schvarz ha sido un protagonista de la vida política del Uruguay. Fue subdirector del diario El Popular hasta antes de ser censurado por la dictadura en la década de los 70, además de ser editorialista internacional de La República, hoy hace parte de la Comisión de Asuntos y Relaciones Internacionales del Frente Amplio. Visitó VOZ y entregó sus opiniones sobre la experiencia de unidad en su país y lo significativo del Frente Amplio en el poder. Pero también dejó ver su nostalgia al recordar a Manuel Cepeda y Yira Castro, con quienes compartió tareas en la Federación Latinoamericana de Periodistas (Felap): “Los recuerdo mucho a esos compañeros”.

—Cuéntenos: ¿cómo está el panorama electoral para la segunda vuelta presidencial en su país?

—Es un momento muy particular. Estamos en vísperas de elecciones y de consolidar un tercer mandato del Frente Amplio. El 26 de octubre pasado se desarrollaron las elecciones generales y el Frente Amplio es la fuerza mayoritaria del Uruguay, conquistando la mayoría absoluta en el Senado como en la Cámara y siendo el primer partido a nivel nacional, superando a los tradicionales Partido Blanco y Colorado. Pero este año el Frente se convirtió en la primera fuerza política en 14 de los 19 departamentos del Uruguay. En todos los departamentos tiene representación de al menos un diputado. Todas las encuestas están entregando ganador a los candidatos presidenciales del Frente pero seguimos trabajando por una victoria aplastante.

—¿Eso hace que la gobernabilidad del país esté bajo control del Frente?

—Eso es gracias a lo que se ha podido hacer. Una obra formidable, la mejor para entregar bienestar de todos los sectores de la sociedad: los trabajadores, los campesinos con las ocho horas de trabajo en el campo, las leyes para los LGTB, el aumento del salario, una ley de salud que crea un sistema integrado, la formalización de venta de marihuana, entre otras muchas cosas. Y esos adelantos los ha reconocido el pueblo uruguayo sobre todo en las localidades, pues allí hay una relación directa entre la política aplicada del Frente Amplio y la población.

—Pero la historia del Frente Amplio es muy diversa desde su fundación en el Palacio Legislativo en 1971. No siempre estuvieron en el poder y con esos niveles de aceptación.

—La historia del Frente tiene más de 50 años. El Frente se creó sobre la base de la unidad de todas las fuerzas de izquierda y allí concurrieron: el Partido Comunista, que se había propuesto como lema contribuir a la unidad de todas las fuerzas de izquierda y se había propuesto también contribuir a la unidad total del movimiento sindical en una sola central obrera, los socialistas, y las corrientes independientes que estaban dispersas, sectores que se desprendieron del Partido Colorado con personalidades destacadas que no encontraron espacio allá por ser fuerzas progresistas, sectores católicos y cristianos con un trabajo social importante.

El Frente era una unión de marxistas y creyentes. Y se logró la adhesión de un sector militar el del general Líber Seregni, de tradición progresista que a la postre fue la figura dirigente pues fue promulgado primer presidente del Frente Amplio; siempre creímos que había una tendencia de militares que eran cercanos al pueblo.

—¿Y cómo se tramitaban las diferencias, cómo funciona el Frente?

—El Frente Amplio coexiste con las diferencias entre los partidos pero todos con su autonomía. Aunque para muchos hay demasiados partidos. Dentro de ese conjunto de partidos se forman determinadas coaliciones que resultan circunstanciales o permanentes. Cuando llegan los tiempos electorales varios de esos partidos se juntan y elaboran candidaturas conjuntas para las localidades.

Ahora, el tema es la discusión: se da adentro y todas las opiniones valen igual, pero hay un esfuerzo para llegar a decisiones comunes por consenso para ser aplicadas por unanimidad. Claro, no es tan simple, pero es un proceso permanente para darle vida al Frente. Otro de los mecanismos de discusión son los organismos de base y sus comités que eligen su dirección democráticamente con asambleas generales y trasladan todas las discusiones a la base. Siempre habrá discusiones, el secreto está en cómo se encausan.

—¿Y los momentos de crisis cómo se tramitan?

—Ha habido crisis muy importantes. Pero lo máximo es el retiro de algunos sectores del Frente. En otros momentos esos sectores que se apartaron vuelven porque siempre se mantuvo puentes de diálogo con ellos. Eso sí sin dejar de discutir. Nosotros hemos dicho que en aras de la unidad había que posponer la lucha ideológica para encontrar soluciones comunes para que el Frente actuara como una sola fuerza.

—¿Es difícil gobernar como Frente Amplio?

—No teníamos cuadros en las esferas de gobierno. No era suficiente con cambiar la presidencia, la vicepresidencia y los ministros, había que gobernar bien. La manera fue la de ir formando a la par que se iba dirigiendo. Los trabajadores fueron fundamentales en la llegada al poder como en el ejercicio del gobierno porque de una u otra manera tienen experiencia, no solo en lo nacional sino en los niveles intermedios.