Finaliza el año escolar

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Inéride Álvarez

En mi experiencia como profesora he evidenciado la necesidad de acercar la pedagogía a la práctica docente realizada por las y los profesores universitarios. Al respecto, Parra-Moreno y otros investigadores, afirman que en Colombia el profesor tanto de la universidad pública como privada no posee formación pedagógica previa a su vinculación como docente ya que, por ejemplo, las instituciones en su mayoría no la consideran entre los requisitos de contratación. Esto no es nuevo, sin embargo, vimos que, pasado un año de actividades escolares y académicas virtuales, mixtas o blended (en instituciones donde su experticia es la presencialidad), sí que se necesitó de profesores conocedores de pedagogía, didáctica y uso de diversos recursos (mayoritariamente tecnológicos). La experiencia de este año la encontramos en cada profesor y estudiante que la vivió, así que habrá mucho que decir, conocer, pensar y aprender. Pero, ¿quién habla de aprender con el cansancio que unos y otros sienten? ¿de los sentimientos de frustración y del balance de este año escolar?

Volvamos a la necesaria reflexión y aprendizaje. Si entendemos que el proceso de enseñanza es una continua negociación de significados, entendemos entonces que existe una dinámica intensa de relaciones entre conocimientos, interacciones, ambiente de aula, contexto, ideas, sentimientos y, por supuesto, características de quienes enseñan y aprenden. Se trata así, de una actividad social y política, producto de la historicidad de profesores y estudiantes, recursos, medios, conocimientos e intereses (personales e institucionales) y, por supuesto de condiciones. ¿Cómo se logra esto en la enseñanza? Algunas instituciones de educación superior se han interesado por los temas pedagógicos, sin embargo, al momento de llevarlos a la práctica, no siempre llegan a buen término o no logran su propósito (como lo demuestran algunas investigaciones). Si me lo permiten, debemos aprender de la experiencia cubana, en donde se refieren a la necesidad de la formación pedagógica de las y los profesores universitarios ya que están ejerciendo una segunda profesión para la cual no han sido formados, por lo que requieren de altos niveles de formación científica en el campo de la pedagogía, más aún, si se espera como resultado la transformación de sus prácticas y su incidencia en la sociedad.

¿Y qué tiene que ver esto con el cierre de año académico y escolar? Pues que algo nos corresponde hacer; ojalá de manera institucional, pero mientras eso pasa, algo de responsabilidad tiene cada uno. Por un lado, es importante que se reconozca que para ser buen profesor no es suficiente con ser experto en la disciplina. Investigaciones demuestran que las competencias pedagógicas materializadas en estrategias de enseñanza y aprendizaje, planificación y gestión (no solo en términos administrativos, sino de gestión y toma de decisiones en el aula), son fundamentales y el grupo de estudiantes las valoran en el punto más alto; seguidas están las competencias genéricas que tienen que ver con las características personales, actitudinales y comunicativas. Entonces una combinación esperable es saber enseñar, ser humano(a) (parece obvio, pero no) y saber de lo que se enseña (un conocimiento disciplinar riguroso). Por el otro, si existen unidades institucionales que aborden la formación pedagógica como parte fundamental en el desarrollo del cuerpo profesoral que está ejerciendo una según profesión, sería de gran ayuda. La meta sería no volver a escuchar o por lo menos no tan frecuentemente la afirmación “ya no quiero aprender más”.

Colegas pedagogos, se trata de acercar al grupo de profesores a la pedagogía, no de alejarlos con el discurso o temas burocráticos.