FestiVOZ: La alegría es nuestra ofensiva

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Posters de las tres primeras ediciones del festival del semanario VOZ Proletaria

La idea de realizar un festival se ha impulsado no solo con el propósito de aportar en la financiación del periódico del Partido Comunista, sino también como un espacio de intercambio fraternal y cultural para quienes leen y quieren a VOZ. Así fueron las primeras ediciones

Simón Palacio
@Simonhablando

Mucha agua ha corrido debajo del puente desde el primer FestiVOZ hace 42 años y repetido en 34 versiones. La siguiente edición, proyectada a realizarse el próximo 28 de noviembre en el Inem de Kennedy en Bogotá, busca no solo cumplir con las expectativas que la historia del evento demanda, sino también fomentar la amistad, solidaridad y fraternidad de la familia comunista, después de un año y medio de pandemia caracterizado por momentos difíciles para la humanidad.

Para ambientar lo que será la edición número 35 del festival, la propuesta es recuperar la historia de este patrimonio cultural del movimiento popular y social, que regresa este año con la alegría y combatividad de siempre.

Todo un paso adelante

“Voz Proletaria es el defensor de los obreros, que se enfrentan cada día a la explotación capitalista. De los campesinos colombianos que presionan y que pelean porque la tierra sea para quien la trabaja. VOZ Proletaria es el vocero de todos los perseguidos y humillados de nuestra patria”, dijo con firmeza Gilberto Viera en el discurso principal del primer FestiVOZ, celebrado el 15 de julio de 1979 en el Coliseo El Campín.

“El primer festival de Voz Proletaria se convirtió en un espléndido acto popular y augura que los nuevos festivales que realizará el vocero comunista en años venideros serán cada vez más masivos y coloridos”, escribió Carlos Arango Zuluaga en el reportaje ‘Todo un paso adelante’ publicado en las páginas del semanario.

En efecto, la iniciativa del por entonces semanario Voz Proletaria fue todo un éxito en una época caracterizada por una coyuntura particular. Mientras las fuerzas del sandinismo en Nicaragua llegaban al poder por medio de una revolución armada, en Colombia se vivían momentos de represión y hostigamiento en contra del pueblo gracias al Estatuto de Seguridad implementado por el gobierno de Julio César Turbay Ayala.

Sin importar lo anterior, el ambiente del primer festival era una “muchedumbre desbordada de alegría”, resaltó Arango. El intercambio cultural que propuso FestiVOZ traía distintas expresiones artísticas nacionales e internacionales inéditas para el público, si se considera el momento, en el que todavía existía la Unión Soviética y el llamado “bloque socialista”.

El show se lo robaron las presentaciones de Leonor González Mina, “La Negra Grande de Colombia” y de Totó la Momposina, en una puesta en escena donde el público quedó maravillado con los aires musicales del Caribe y el Pacífico colombiano. Con respecto a las presentaciones internacionales, el redactor destacó a la orquesta cubana Rumbana, agrupación que conquistó el FestiVOZ en la última fecha de una extensa gira por nuestro país.

El festival se mantiene

Gracias al éxito de la primera experiencia, el periódico se propuso la realización anual del festival. Milimétricamente planeado, las fechas de las siguientes ediciones coincidieron con el aniversario del Partido Comunista. Año tras año, el 17 de julio se celebró con un festival del semanario VOZ.

Del segundo festival es importante destacar dos cosas. La primera es que este se celebró en el marco de la conmemoración de los 50 años del Partido Comunista, importante acontecimiento en la vida nacional y que tuvo al Coliseo El Salitre como sede del multitudinario evento.

Lo segundo es que, gracias a las discusiones en el seno de esta fuerza revolucionaria, el FestiVOZ anticipó el espíritu que se materializó en el congreso celebrado a finales de ese mismo año 1980, donde el Partido Comunista reajustó su tesis de la combinación de todas las formas de lucha con la iniciativa de apertura democrática y solución política al conflicto.

Desde una perspectiva cultural, el segundo festival contó con una nutrida participación internacional con la orquesta autóctona de Azerbaiyán Islam Rizaeb, el conjunto de la Alemania oriental Werk Bank y nuevamente la presentación de los cubanos Rumbana. La cuota nacional estuvo a cargo de la agrupación Después de todo, quienes cerraron con broche de oro la edición.

¡Qué fiesta!

Para la tercera edición, el encargado de escribir la crónica fue el periodista Jorge Enrique Botero. “El gigante bloque de cemento y ladrillo ante el cual nos encontramos ha cobrado vida de repente. El Salitre se ha despertado de fiesta. Todo se ha llenado de música, alegría y rostros entusiastas”, escribió Botero sobre un festival que ya no sería de uno, sino de dos días. Muestra internacional de cine, “mercadillo popular” y venta de literatura revolucionaria hicieron parte de la oferta cultural.

El primer día comenzó con las notas musicales que vienen esta vez del sabor sabanero de Córdoba. El vallenato interpretado por la agrupación Diamantes, prendió la fiesta. “Solistas, dúos, infantes de acordeón y guaracha; declamadores y troveros hacen el preámbulo a la presentación de Cero de Cali: sonido, son, salsa que llega con la caída del sol y congrega en baile espontaneo al público”, describe con precisión el cronista.

El domingo rojo, como se le llamó al segundo día de festival, la alegría continuó siendo la huella. Declamaron poemas el alemán Hans Peter Minetti y el colombiano Luis Vidales. Según los cálculos de Botero, fueron cerca de 3.000 personas a las afueras del coliseo, algunas haciendo fila para entrar y escuchar el discurso de Vieira.

En el acto político intervinieron el delegado de Pravda, el periódico de Lenin; la jefa de redacción de Neues Deutschland; así como miembros de Tribuna Roja de Venezuela y Granma de Cuba. Finalizó Vieira, que con su elocuencia convocó a los interminables aplausos ante su discurso. Pero la fiesta no paró porque volvió la salsa de Cero, hasta finalizar la mejor rumba de 1981.

Se puede querer un periódico

Al fondo de las tamboras, se escuchó la voz de Mayombé Semsesayá, artista del Pacífico colombiano: “Estoy feliz por cantar en el festival del periódico más consecuente del país”. Son nuevamente dos días y el coliseo El Salitre acogió a la multitud que llega al evento. La intervención principal del cuarto festival fue de Manuel Cepeda Vargas, el director del periódico que en 1982 cumplió 25 años.

Las presentaciones artísticas fueron variadas. Claudia Patricia Salcedo y su conjunto llanero se ganaron el corazón del público. Los Hermanos Escamilla corearon himnos revolucionarios a partir de sus agudas guitarras y voces comprometidas. La orquesta Monteadentro puso la cuota de salsa y baile. El Orfeón Popular de Ibagué entonó melodías de la música del centro del país. Toda una programación musical que distribuyó equitativamente los tiempos en dos días de fiesta.

En la crónica, que escribe también Cepeda, se pregunta: ¿Se puede querer un periódico? “Sí. Se puede, sobre todo, después de que uno fue a la fiesta de sus 25 años y se encontró a un campesino del páramo con ruana, bailando al ritmo de Gloria Perea y sus mineros de Chocó. O después de haber caminado entre la multitud que tiró paso con Monteadentro a 13 grados de temperatura un sábado bogotano por la noche”.

Al indagar sobre el futuro de la prensa revolucionaria, Cepeda cita a Neruda: “Aquí viene el árbol, el árbol de la tormenta, el árbol del pueblo”. Y recuerda al precursor y primer periodista revolucionario Antonio Nariño, las semillas de Luis Tejada, Ignacio Torres Giraldo, Álvaro Sanclemente, Aurelio Rodríguez, Filiberto Barrero, Nelson Robles, Manuel Parra “Espartaco”, Julio Posada, Teodosio Varela y Yira Castro.

“¿Qué nos dice el cuarto festival? Nos dice que ese árbol de la prensa revolucionaria se hará bosque. Que ganaremos la apertura democrática. Que Colombia será libre”.