El evangelio, según Francisco

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Con un mensaje de paz y perdón llega el Papa

Alberto Acevedo

Las autoridades vaticanas y el episcopado colombiano han coincidido en afirmar que la visita del sumo pontífice de la iglesia católica, que comienza este miércoles a Colombia, es un intercambio pastoral, evangélico, y de ninguna manera una actividad política del alto prelado.

Nada más alejado de la realidad. Desde que ponga los pies, en el aeropuerto de Catam, será una jornada que respire política hasta por los poros. Comenzando por el hecho de que el papa Francisco pospuso varias veces su visita a Colombia, hasta que no estuvieran suscritos los acuerdos de paz de La Habana, entre la guerrilla y el gobierno colombiano.

Por cierto, durante esas negociaciones, en varias ocasiones al pontífice se pronunció de manera resuelta en favor del proceso de paz y dijo estar dispuesto a contribuir de forma personal a que las negociaciones llegaran a feliz término.

En materia de política latinoamericana, el Papa rechazó la invitación  que le hizo el presidente de facto de Brasil, Michel Temer, para que visitara ese país, ese sí el de mayor población católica en la región y de mayor peso en la economía latinoamericana. No quiso el jefe de la Iglesia avalar un gobierno impopular, corrupto, nacido de un golpe de estado y que ahora tiene una  popularidad de apenas el cinco por ciento. Seguramente las mismas razones las tuvo en cuenta para no incluir a Argentina, su patria, en la visita por el continente.

Evita ciertos contactos

Recordemos que durante su papado, Francisco ha tenido oportunidad de recibir, en ocasiones distintas, primero a la, todavía gobernante argentina, Cristina Fernández de Kirchner y después al actual mandatario Mauricio Macri. Con la primera fue una conversación larga, animada; con el segundo fue un diálogo frío, que se redujo a menos de media hora. Lo mismo pasó con el presidente norteamericano Donald Trump. El Papa parece no ocultar su animadversión por los regímenes de derecha.

Al cierre de esta nota se conoció que el pontífice rechazó también la idea de reunirse con un  grupo de prelados del episcopado venezolano, que han llegado a Bogotá. Francisco, que es un estadista bien informado, debe saber que la cúpula eclesiástica venezolana, salvo escasas excepciones, se ha puesto del lado de la contrarrevolución, de los planes golpistas y desestabilizadores de la derecha fascista, agrupada en la llamada Mesa de Unidad, MUD. Y en no pocas veces, la jerarquía católica ha sido vocera de los más torvos propósitos de la burguesía de ese país.

El Papa, sin  embargo, recientemente condenó la convocatoria a una Asamblea Nacional Constituyente, convocada por el presidente Maduro, en su afán por encontrar una solución a la crisis económica y social que vive ese país, por el asedio de la burguesía nacional e internacional. Son bandazos del jefe espiritual de la Iglesia.

Con las víctimas

Y como si los elementos anteriores no fueran suficientes para imprimir el carácter político de la visita papal, tengamos en cuenta la potísima razón de que en su visita a Colombia, Francisco va a ser recibido como Jefe de Estado y no solo como líder católico. Al fin y al cabo, esa es la doble condición que ostenta el jefe del Vaticano.

Hay, desde luego, una misión pastoral en el mensaje que el pontífice se propone entregar a los colombianos, y que será de conocimiento universal entre las ovejas del rebaño católico. En el escenario doméstico, el Papa se va a reunir con las víctimas de un largo conflicto social y armado de medio siglo. En el caso de Villavicencio, las víctimas se proponen realizar una vigorosa movilización que pretende mostrar, entre otras cosas, que las causas del conflicto aún no han sido redimidas.

Bajo el eslogan de su visita, “demos el primer paso”, el pontífice les entregará un mensaje de perdón y de reconciliación. A propósito, por encima de muchas coincidencias en el mensaje social del Papa, en este aspecto no hay una exacta identidad de criterios entre lo que predica el prelado y lo que postulan las organizaciones democráticas y progresistas del país. En una nación lacerada por un conflicto tan largo, con heridas aún sin restañar, no basta el perdón. Lo que las víctimas reclaman es verdad, justicia y reparación. Que funcionen de manera colectiva. Independientemente de que, de manera individual, alguna de las víctimas convenga en perdonar.

Otro aspecto, muy importante, del mensaje pastoral, radica en la imperiosa necesidad que tiene la Iglesia de retomar su liderazgo en el mundo, su autoridad y prestigio, menguados por una larga cadena de desaciertos y errores históricos.

Menguado liderazgo

Uno de los más relevantes, el largo silencio que el Vaticano guardó por muchos años frente a los crímenes de pederastia de sus purpurados. En algunos países europeos, la cifra de sacerdotes incursos en abusos sexuales contra niños y niñas, fueron francamente alarmantes. Junto a ello, los escándalos por lavado de activos y vínculos con organizaciones mafiosas, en el manejo de los activos del Banco Vaticano.

Desalentó a sus feligreses, en los últimos años, las posturas conservadoras de la Iglesia frente al aborto, la eutanasia, la oposición al matrimonio homosexual, en contra de la participación de mujeres en el oficio sacramental, e incluso, hasta hace muy poco, su resistencia al divorcio entre creyentes.

Francisco no ha sido lo suficientemente enérgico para cortar esos ‘pecados’ de la iglesia. En cambio, por su formación ecuménica en la Compañía de Jesús, ha venido reivindicando, a su manera el compromiso de la Iglesia de los pobres. No en el sentido que predicó la Conferencia del Episcopado Latinoamericano de Medellín, que abogó por la teología de la liberación y el compromiso social de la Iglesia.

Francisco ha matizado ese discurso, pero habla de un compromiso con los pobres, de la lucha contra el capital y los modelos globalizadores de la economía, que arrasan con los factores materiales de felicidad de los pueblos. Estaremos atentos, en esa dirección, al mensaje de Francisco en tierras colombianas.

“La distribución justa de los recursos de la tierra y el trabajo humano no es mera filantropía. Es un deber moral. Para los cristianos, la carga es aún más fuerte: es un mandamiento. Se trata de devolverles a los pobres y a los pueblos lo que les pertenece. El destino universal de los bienes no es un adorno discursivo de la Doctrina Social de la Iglesia. Es una realidad anterior a la propiedad privada. La propiedad, muy en especial cuando afecta los recursos naturales, debe estar siempre en función de las necesidades de los pueblos. Y estas necesidades no se limitan al consumo”. Papa Francisco -Encíclica Laudato si