Estigmatización y barrismo social

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Finalizó la primera Asamblea Nacional y Popular Barrista del país, en medio de un ambiente de respeto y paz. Foto Barras Colombianas por la Convivencia

Objeto de una implacable e histórica estigmatización, las barras futboleras promueven procesos de trabajo comunitario, escuelas de fútbol, pactos de paz y fortalecimiento de las bandas musicales. La juventud barrista reclama respeto y reconocimiento. Para entender este complejo fenómeno social, VOZ dialogó con Edson Rivaldo, líder de la barra Frente Rojiblanco Sur del Atlético Junior

Yessica Arandia

Las barras bravas usualmente se perciben como grupos violentos, lo anterior, corresponde al fenómeno de la violencia en el fútbol, el cual se ha reproducido de manera histórica en el campo de la afición a este deporte.

Siempre que se consultan los antecedentes de este fenómeno se relaciona la historia de los grupos aficionados europeos, sobre todo en Inglaterra con la configuración del hooliganismo en cuyos inicios la violencia correspondía a una conducta deliberada. Con la propagación del fenómeno de grupos de hinchas de diversos equipos en Europa y en Latinoamérica, estos fueron tomando diversas formas organizativas, sobre todo definidas por contextos complejos que varían de acuerdo a los territorios donde confluyen.

La pasión por el fútbol se basa en emociones, actos, prácticas culturales y una cohesión identitaria muy fuerte, se reproduce masivamente gracias a la popularidad del deporte vista en dos sentidos: la masividad de su práctica y expectación, por un lado, y la influencia en las clases más populares por otro.

Esta pasión se vive con más intensidad en las barras de fútbol, cuyas características tienen que ver con su composición mayoritariamente juvenil, su organización interna, y su fidelidad con los equipos (usualmente regionales). Ahora bien, existe en el reconocimiento de esta caracterización, la necesidad por romper con la estigmatización hacia estos grupos, sobre todo en nuestro país.

Al respecto, la Redacción Juvenil de VOZ realiza un análisis a propósito de los hechos violentos que ocurrieron el pasado 3 de agosto en el Estadio Nemesio Camacho ‘El Campín’ donde hubo enfrentamientos entre hinchas de los equipos de fútbol Independiente Santa Fe (local) y Atlético Nacional (visitante); en comparación con la realización de la Primera Asamblea Nacional de Barras que ocurrió los días 10 y 11 de julio de 2021 en la ciudad de Bucaramanga, para lo cual se dialogó con Edson Rivaldo de la barra Frente Rojiblanco Sur del Atlético Junior.

Violencia y estigmatización

Surge la necesidad de poder diferenciar dos aspectos al respecto de este tema: en primer lugar, las acciones delictivas y violentas no corresponden al quehacer o esencia de las barras de fútbol; en segundo lugar, la violencia en el fútbol va más allá de la pasión, de la hinchada, de la defensa del equipo.

Como relata Edson, “desde el año 2003 las barras de fútbol en Colombia empezaron a reconfigurar sus prácticas y conductas a partir del reconocimiento de la violencia que se propaga en el campo del fútbol y ocasiona el asesinato de muchos hinchas. Es el caso de la Fundación Juan Manuel Bermúdez, en homenaje a un hincha del América de Cali asesinado en Antioquia en 2002, así como encuentros para la convivencia que empezaron a realizarse con 19 barras de fútbol desde hace 15 años y que se concretaron, como en 2019 con el primer encuentro musical de barras y que han motivado a que haya una hinchada más crítica y rebelde. Igualmente, en Medellín hace dos meses que se realizó un encuentro donde se habló de la participación de las barras en el paro nacional, llamando a seguir con el aguante en las movilizaciones”.

El barrismo social, como se ha denominado esta reconfiguración de las prácticas barristas ha generado un movimiento que aportó de manera directa, por ejemplo, en la construcción de la Ley 1270 de 2009 (Comisión de seguridad, comodidad y convivencia en el fútbol). De igual forma, contribuye de diversas maneras en los territorios donde influyen las barras, generando procesos de trabajo comunitario, escuelas de fútbol, convivencia, pactos de paz, fortalecimiento de las bandas musicales, entre otras.

Así, es necesario preguntarse ¿por qué se reproduce la violencia en el fútbol a pesar de estos esfuerzos de la juventud barrista? ¿Es la violencia en el fútbol exclusiva del barrismo? Pese a los 20 años de impulsar la convivencia en el fútbol, la violencia que se reproduce en la hinchada corresponde a la desigualdad social que se grafica en las filas de las barras.

Resolver el problema, lejos de condenar a las barras bajo la estigmatización pública, implica reconocer los contextos de aquellos jóvenes donde se conjugan las condiciones socioeconómicas con su pasión por el deporte más popular del mundo.

Unidad y apuestas

Reconfigurar la pasión y el aguante (la resistencia en la cancha, en la tribuna, en las carreteras, y en las calles defendiendo lo público), ha estado relacionado con sentarse a hablar de convivencia. Es por ello que, siguiendo un proceso nacional, el pasado 10 y 11 de julio se realizó la Asamblea Nacional de Barras de fútbol en Bucaramanga, la cual dentro de su agenda trató temas como el “desmonte del Esmad” y el análisis del Plan decenal de seguridad, comodidad y convivencia en el fútbol 2014-2021.

Una de las conclusiones más relevantes del encuentro, precisamente tiene que ver con la nula implementación del Plan decenal de fútbol: “Se entiende que la estrategia se creó sin aparatos adecuados para ejecutar las acciones allí plasmadas que van en pro de analizar las verdaderas causas de la violencia en el fútbol, para emprender las transformaciones necesarias que permitan prevenir los sucesos que, como se evidenció el 3 de agosto en El Campín, obstruyen la verdadera pasión por el fútbol, generando terror y zozobra para los hinchas en general, y contribuyen a la estigmatización en la lógica de adjudicar el problema en las barras, sin que la institucionalidad pueda comprender lo que realmente sucede”, afirmó Edson.

Se requiere entonces la necesidad de plantear la construcción de una política pública para el barrismo colombiano, exigiendo que se reconozca la existencia de una cultura futbolera por la convivencia y la paz que ha aportado históricamente y, por ende, requiere esfuerzos y recursos para continuar la transformación social que se emprende. Así mismo, se exige implementar un enfoque de género en los procedimientos policivos en los estadios. Otras exigencias pueden conocerse en la declaración pública anexa:

Documento: “Apuestas del colectivo Barras colombianas por la convivencia”. Bucaramanga, 10 y 11 de julio de 2021:

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