¿Es autónomo el presidente Santos para hacer la paz en Colombia?

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Foto: Globovisión via photopin cc

Nelson Lombana Silva

A pesar de la cruda incomunicación de los mass medios con los diálogos de la Habana, Cuba, su manejo gaseoso para presentarlo ante la opinión pública como algo intrascendente, sin importancia, para quienes sufren a diario el rigor inexorable de la cruda violencia en carne propia, el proceso resulta histórico y de singular importancia que debe cristalizarse. Sin embargo, su dramático llamado se pierde en la soledad de un régimen capitalista inhumano y en la incomunicación de los medios masivos de incomunicación, como bien los llamó el maestro Eduardo Galeano. Causa indignación la forma grotesca como las cadenas adictas al régimen hacen el cubrimiento. Son Valium para adormecer, alienar y enajenar.

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En ese mar embravecido y turbulento caracterizado por la contradicción y la misma lucha de clases, surge un interrogante que vale pena plantearlo en voz alta: “¿Es autónomo el presidente Juan Manuel Santos Calderón para hacer la paz en nuestro país?” Es más: “El proceso que viene teniendo ocurrencia en la heroica y digna patria socialista de José Martí y Fidel Castro, entre otros, ¿Es una decisión personal, política, autónoma y soberana o es una simple orden de los Estados Unidos?”

Para nadie es un secreto que Santos habla español pero piensa en inglés. Es una marioneta manipulable de las ambiciones imperiales del imperialismo norteamericano. Sobre esto no hay que hacer grandes elucubraciones para sustentarlo. Todos los gobernantes colombianos, especialmente los últimos, no han tenido empacho en entregar la soberanía nacional a los Estados Unidos. No es gratuito que se diga hoy que Colombia es el Caín de América. Se hable de potentes bases norteamericanas capaces de agredir a cualquier país del mundo desde nuestra bella geografía en cuestión de minutos e incluso, segundos.

Tampoco es un secreto que ante la pérdida de liderazgo de los gringos en este continente debido al surgimiento de procesos democráticos con algunos matices socialistas, el tío sam vea a Colombia como plataforma potencial para agredir a los países hermanos del área. En ese sentido, bien podría considerar a los movimientos insurgentes piedras en el zapato que hay que sacar del camino al precio que sea para dejar el área limpia y despejada para el acto. No sobra repetir aquí que los Estados Unidos no manejan relaciones humanas, sino intereses económicos.

Lenin habló del imperialismo como fase superior del capitalismo. Develó sus características monstruosas, que como bien se sabe se viene desarrollando en el marco del neoliberalismo. Los países tercermundistas son engullidos literalmente por las multinacionales y transnacionales. Éstas son las que imponen sus leyes de mercado tirando por la borda la soberanía nacional, la soberanía alimentaria, la defensa del medio ambiente y la identidad nacional y regional. El lenguaje devorante y el crudo monólogo de las leyes de mercado priman sobre las leyes humanas, sobre la dignidad humana. Cada ser humano ha dejado de ser humano, ahora es una mercancía que se vende al mejor postor, un simple objeto que en cualquier momento es desuso para echar al cesto de la basura.

Esta terrible realidad no es fortuita o accidental. Obedece a las leyes de mercado como bien lo demostraron Carlos Marx y Federico Engels en el Manifiesto Comunista escrito en 1848. Hay una causalidad que lamentablemente el pueblo desconoce, pero padece sus consecuencias a diario.

Frank Molano Camargo habla de megamonopolios, los cuales están hoy a la altura de países imperialistas, se confunden, se mezclan peligrosamente, casi que son lo mismo. En ese sentido habla de “La tercera fase del imperialismo”, la cual se consolida al desaparecer la Unión Soviética. Señala: “Esta tercera fase del imperialismo se establece claramente a partir de la caída del bloque soviético y la expansión global de los megamonopolios capitalistas”. [1. Estrada, Jairo (Coordinador) Solución política y proceso de paz en Colombia, a propósito de los diálogos entre el gobierno y las FARC – EP. Colección contexto Latinoamericano. Ocean sur una editorial latinoamericana. Primera edición 2013. Página consultada 67.]

Según Molano Camargo, los megamonopolios están a la altura de los países. Dice: “Junto a poderes imperialistas como los Estados Unidos, Japón, Alemania, Francia, Canadá, Inglaterra o Italia, se encontraban megamonopolios como Microsoft, General Electric, Cisco System, Intel, Exxon Mobil, Walmart, AOL Time – Warner, IBM, Nippon TT, BPAmoco o Toyota”. [2. Ibíd. Página consultada 66.]

Esos megamonopolios pretenden “aclimatar la paz” con el fin de garantizar sus oscuros propósitos, una paz que signifique sumisión y claudicación. Es decir, renuncia a la justicia social y vía libre para sus avaros y miserables intereses particulares.

Señala Frank Molano Camargo: “Este proceso global tendiente a la pacificación de confrontaciones armadas es agenciado en gran parte por un discurso cuyos agentes generadores son organismos internacionales como la OCDE, la OTAN, el Banco Mundial, las ONGs e intelectuales asociados a tales organismos, quienes han creado una matriz de pensamiento que obliga a relacionar la pacificación con modernización capitalista y gobernabilidad”. [3. Ibíd. Página consultada 63.]

Todos los antecedentes históricos, sumados a los hechos contemporáneos de un mundo cambiante acorralado por un régimen en decadencia y sumergido en aguda crisis a partir de 2008, como bien lo señala el economista comunista, Nelson Raúl Fajardo Marulanda, conduce a pensar que la autonomía del presidente Santos es muy exigua, para no decir que es nula, en temas tan cruciales como la paz. Nada sería de raro que estuviera una vez más cumpliendo órdenes del tío sam y de las multinacionales y transnacionales. Como dice la canción: “¡Qué de raro tiene!”