En el nombre del padre y del hijo

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Don Raúl Carvajal convirtió a la esquina de la carrera séptima con Avenida Misak en su trinchera de lucha

Don Raúl Carvajal luchó hasta el final de sus días por justicia y verdad. Falleció por covid-19 el pasado 12 de junio, pero el caso por el que batalló cerca de 15 años sigue en la impunidad.

Su hijo, el cabo Raúl Antonio Carvajal Niño, murió en extrañas circunstancias el 8 de octubre de 2006. Si bien la versión oficial siempre fue que el deceso del soldado profesional adscrito a la Segunda División del Ejército Nacional habría sido producto de combates con la guerrilla, don Raúl nunca creyó esta explicación.

La razón para poner en duda todo lo relacionado con el caso de su hijo comenzó con una conversación telefónica 20 días antes del asesinato. Al finalizar la llamada, donde el cabo le informaba a su padre el nacimiento de una nueva nieta, este añadió: “Esto está muy feo, me mandaron a matar a dos muchachos para hacerlos pasar como guerrilleros muertos en combate y yo no los quise matar”.

Con la muerte del soldado comenzó el drama de la familia Carvajal Niño. Inicialmente las autoridades militares se negaron a entregar los restos de su hijo, después Medicina Legal no concedió un informe concluyente sobre el arma y la reconstrucción del crimen, y finalmente la versión de un soldado, que se mantiene en el anonimato, le aseguró a don Raúl que se trataba de un asesinato perpetrado por sus mismos compañeros.

Según el relato del militar, el cabo Carvajal fue torturado en el batallón y llevado en helicóptero hacia una montaña, para luego ser ejecutado por 10 uniformados. Después fabricaron un falso combate entre el Ejército y las FARC-EP, donde al parecer hay más “positivos” involucrados. Con esa importante información don Raúl no vaciló en defender su verdad: Su hijo fue asesinado por el Ejército Nacional porque se negó a participar en ejecuciones extrajudiciales o “falsos positivos”.

A partir de ese momento, don Raúl Carvajal empezó su epopeya. Se embarcó en un viaje sin regreso desde Montería y a bordo de una camioneta Dodge 73, pasó por la Hacienda de El Ubérrimo exigiendo respuestas. Llegó a la Plaza de Bolívar de Bogotá en febrero de 2011 y desde entonces convirtió a la esquina de la carrera séptima con Avenida Misak en su trinchera de lucha.

Queda el doloroso registro audiovisual en el que don Raúl confronta cara a cara al expresidente Uribe Vélez. “Ojalá le mataran un hijo a usted para que supiera lo que duele la muerte de un hijo, cuando un hijo es bueno. Pero ustedes son unos asesinos”, grita Carvajal ante la despiadada mirada del verdugo.

La ira de don Raúl se sustenta en la responsabilidad política que tiene los nombres y apellidos de la escalofriante cadena de mando que en el año 2006 dirigían a las Fuerzas Militares: Comandante de la Segunda División del Ejército, brigadier general Carlos Ovidio Saavedra Sáenz; comandante del Ejército Nacional, general Mario Montoya Uribe; ministro de Defensa Nacional, Juan Manuel Santos Calderón; y presidente de la República, Álvaro Uribe Vélez.

Según la Jurisdicción Especial para la Paz, JEP, el Ejército Nacional ejecutó a 6.402 civiles, la mayoría jóvenes, entre el 2002 y 2010 para presentarlos como bajas guerrilleras en combate. El ignominioso episodio de los “falsos positivos” ocurrió en la presidencia de Álvaro Uribe Vélez, bajo el patrocinio cómplice del Establecimiento económico y político, y con la amplificación de cámaras, micrófonos y páginas de los principales medios corporativos de comunicación.

Por todo lo anterior, la comparecencia ante la Comisión de la Verdad del exministro de Defensa y expresidente de la República Juan Manuel Santos deja un sentimiento agridulce. Valoramos como positivo el hecho que el firmante de la paz se presente ante una institución del sistema de justicia transicional y que pida perdón a las víctimas. Sin embargo, su versión se queda corta ante la responsabilidad política de toda la cadena de mando, tanto militar como civil, que a partir de una política de Estado pedía resultados para legitimar mediáticamente una victoria militar sobre la guerrilla.

De igual forma, la negativa del expresidente Álvaro Uribe Vélez de comparecer ante las instituciones de la paz, es un síntoma que refleja no solo las contradicciones entre las distintas clases dominantes, sino el temor de este sector fascista, terrateniente y militarista por esclarecer la verdad histórica y su responsabilidad en el conflicto.

El Partido Comunista insistió, insiste e insistirá que el escabroso episodio de los “falsos positivos” fue el resultado más crudo de la implementación de la doctrina de ‘Seguridad Nacional’, orquestada históricamente por los Estados Unidos y ejecutada por las élites nacionales, donde a partir de una política de eliminación del enemigo interno y en nombre de la democracia se configuró un asesinato sistemático en contra de personas y hogares inocentes. Asesinaron a la juventud para decir que estaban ganando la guerra.

La historia honrará a los 6.402 jóvenes asesinados por el Estado, dirá que el cabo Carvajal Niño fue un verdadero héroe de la patria y que don Raúl Carvajal será por siempre un símbolo de la dignidad. En el nombre del padre y del hijo seguimos en la lucha hasta alcanzar la verdad.