Elegir la muerte

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Renata Cabrales

Las mujeres embarazadas en la India, aún, solo desean tener hijos. Si el sexo del feto es femenino, lo normal es abortar y en el peor de los casos, las niñas son asesinadas o abandonadas al nacer. Esta práctica ya no se realiza en igual medida que antes, puesto que ahora hay más conciencia de la condición de las mujeres y del alto índice de masculinidad que esto ha generado.

Aún las mujeres, incluso, acuden a consultas con los “babas” o curanderos, quienes ofrecen pociones para concebir niños. Asimismo, hay doctores profesionales que realizan falsos tratamientos con el mismo fin.

Aunque la principal causa de este desprecio hacia las hijas sea la dote matrimonial, que obliga a las familias a ceder bienes materiales al padre del novio en caso de matrimonio, es sabido que esta y otras tradiciones de una sociedad patriarcal perpetúan la discriminación de la mujer, considerada como una carga económica para las familias. La dote matrimonial fue abolida en 1961, pero sigue siendo costumbre.

La Ley de Técnicas y Diagnósticos Prenatales (PCPNDT en inglés) sí penaliza los exámenes del sexo de los fetos mediante sonografías, así como el aborto selectivo, llamado feticidio femenino. Pero, en contra de las autoridades, esta práctica aún se realiza y por eso hay un déficit de mujeres, y los hombres, los mismos que las odian, ahora hacen cualquier cosa con tal de conseguir una para casarse.

En Colombia, y en la mayoría de los países latinoamericanos, no es muy conocida esta práctica, pero así como mujeres, feministas o no, han decidido no tener hijos, al igual que algunas mujeres de India que llevan a cabo la cruel práctica de feticidio femenino por el solo hecho de no traer más mujeres a padecer en la cultura patriarcal que las vulnera, muchas también tomarían esta cruel decisión antes de traer una hija a estos países donde existen los índices más altos de violencia sexual y feminicidios.

En India las mujeres eligen no parir hijas, lo cual pasa, por diferentes razones en otros países asiáticos, como China y Corea del Sur, dejando como resultado el déficit de unas 200 millones de mujeres entre los tres países;  en Holanda se puede elegir la muerte digna antes que seguir padeciendo los estragos de ser mujer en un mundo de machos, así lo hizo Noa Pothoven, quien se sometió a la eutanasia, tras años de sufrimiento después de haber sido violada en varias ocasiones cuando era menor.

Falta poco, entonces, para que esta sea una elección de muchas víctimas del machismo, no solo en Holanda sino en todas partes donde se apruebe la eutanasia y, así, no solo algunos países asiáticos se quedarán sin mujeres, sino el mundo entero.