El paro y los neoliberales

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La gente está pidiendo el respeto por esa promesa constitucional llamada Estado social de derecho. Y eso les produce terror a unas élites premodernas, feudales y criminales. Foto Anllel Ramírez

Muchos neoliberales enajenados en las teorías económicas que sostienen que el mercado es por naturaleza justo, dan por sentado que eso es “natural”, que el Estado no tiene más deberes y que los pobres son pobres porque quieren

Víctor de Currea-Lugo
@DeCurreaLugo

Hasta ahora el balance del paro es positivo por los logros que no son poca cosa: la sociedad aprendió a tumbar reformas y ministros; aunque es doloroso por las decenas de muertes y los cientos de personas heridas.

A pesar de eso, el Gobierno ya prepara nuevas reformas, la tributaria y a la salud. Es decir, las razones para seguir protestando existen.

¿Contra qué peleamos? Esencialmente frente a dos cosas: un Estado desigual y empobrecedor (impuestos injustos, exclusiones del sistema de salud, precariedad, abandono en mitad de la pandemia) y un Estado represor (asesinatos, Esmad, falsos positivos, masacres, abusos policiales). En últimas, eso que podría resolverse por otros canales, el Gobierno lo redujo a un pulso de fuerzas.

En otras palabras, la gente está pidiendo, dentro del capitalismo, el respeto por esa promesa constitucional llamada Estado social de derecho. Y eso les produce terror a unas élites premodernas, feudales y criminales. ¿Qué tal la agenda fuera más ambiciosa?

Un nuevo fascismo

No estamos frente a una represión “nueva” o reactiva al paro, no; es una represión histórica para proteger privilegios y para perpetuar un modelo económico. Y esa represión, repito, nada novedosa, recoge una serie de prácticas que van desde la desaparición forzada hasta los falsos positivos, pasando por el bombardeo a civiles, el uso de la fuerza de manera generalizada y la imposición del terror, todo esto justificado por los medios y alimentado por teorías fascistas.

Sí, es un Estado fascista. Pero este fascismo es, digamos, de nuevo cuño, en el que no hay camisas negras sino blancas, el Gobierno es autoritario y concentra todo el poder, las Fuerzas Armadas pueden actuar con absoluta impunidad, se diferencia a los “ciudadanos de bien” de los “vándalos”; y un discurso hegemónico da cuenta de la realidad en los medios masivos, aunque sea contrario a la realidad.

Este nuevo fascismo tiene un fin claro: servir de contención para la implementación de políticas que aumentan la desigualdad y la pobreza, esas mismas políticas contra las que se lucha en el paro y que son, en esencia, políticas neoliberales.

Neoliberales enajenados

Esas políticas pudieron ser implantadas en Chile solo gracias al régimen dictatorial de Augusto Pinochet. Para ello, era necesario acompañar las medidas de “libertad económica” de otras de “control de variables no considerables”, es decir, llaman “variables” a los paros, marchas, rechazos y protestas contra la dictadura del mercado.

El rechazo a ese modelo económico en Chile fue presentado como posturas de gente sin formación económica o ignorancia; lo mismo que se dice aquí cuando se discute sobre la política laboral, el modelo de pensiones o el sistema de impuestos. Los fundadores del neoliberalismo tildaban a sus críticos de pasionales; ahora les llaman incitadores del odio.

Esa es una de las causas por las que algunos no apoyan el paro: aunque les molesta la represión, saben que sin ella el modelo neoliberal no sería viable y ellos tienen su dogma de fe en ese modelo. Por eso, miran para otro lado, no condenan la represión, no entienden la calle ni las protestas, dicen que todas las violencias son iguales, piden no polarizar (como si el país ya no estuviera polarizado gracias a esas políticas).

Muchos neoliberales enajenados en las teorías económicas que sostienen que el mercado es por naturaleza justo dan por sentado que eso es “natural”, que el Estado no tiene más deberes, que los pobres son pobres porque quieren. Estos botan a la basura el Estado social por completo.

En suma, son negacionistas de la agenda del paro y les queda, como excusa, desviar el debate hacia las consecuencias. Parafraseando al poeta Roque Dalton cuando hablaba de los fascistas, podemos decir que no debemos olvidar que los menos neoliberales, dentro de los neoliberales, también son neoliberales.

Viendo votos donde hay personas

Los partidos políticos, en especial los de esos neoliberales, siguen pensando que el paro es simplemente una estrategia electoral. Los políticos tienen derecho a cambiar de opinión y a una segunda oportunidad, pero esa oportunidad no puede llegar sin una demostración real de compromiso.

En este momento, se está con la gente de bien o se está con los muchachos. Pero ese estar no puede ser una especie de veleta, como hacen algunos gobiernos locales que se arriman al sol que más alumbra. Si una persona que pretenda servir al país en el 2022 no es capaz de servir al país ya mismo, no merece ser elegida.

Quienes han estado de acuerdo con políticas neoliberales como las contenidas en la reforma tributaria derrotada, en el mercado de salud en el que proponía ahondar la reforma de salud derrotada o en la política represiva y autoritaria, cuya crítica llevó a Iván Duque a anunciar la reforma a la Policía, no tienen ningún derecho a usurpar la vocería del paro.

La vocería del paro tiene que ser plural, democrática pero no democratera, legítima pero no legalista, con proyección nacional sin negar las regiones, no es momento para los tibios ni para los que solo quieren ver en los muchachos vándalos. Pasó el tiempo del Twitter y llegó el tiempo de las calles y ¿cómo quien trata de ser políticamente correcto en el Twitter puede ganarse el respeto de la calle? Quienes aspiren a dirigir este país desde 2022 en adelante deben empezarlo a dirigir ya mismo, no desde una supuesta vanguardia, sino desde una retaguardia real que acompañe y respete a la gente.

Es perverso ver las marchas solo como un cúmulo potencial de votos. Ya conocemos a quienes están contra el paro, han mostrado sus cartas, pero hay otros muchos más cercanos a ellos, a las élites, que salen a la calle calentando motores para presentarse como salvadores. El paro no es con ellos, pero quieren dirigirlo.

País de formas y pasarelas

Creo que conocen del apetito, pero hablan del hambre; rechazan a este y a gobiernos anteriores, pero fueron sus ministros; como nos impusieron un debate estético volcamos nuestra rabia contra el uniformado que patea, pero mantenemos las elucubraciones filosóficas antes los tibios y los timoratos. Solemos usar muy a menudo la expresión de que viendo el desayuno podemos saber cómo será el almuerzo, pero parece que se nos olvida que el desayuno es hoy.

Otros ya lo expresaron de mejor manera. Desmond Tutu: asegura que entre una víctima y un victimario no se puede ser neutral, mientras que en el Apocalipsis dice: “Yo conozco tus obras, que ni eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueses frío o caliente! Pero por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca”. También para Dante: “El más oscuro rincón del infierno está reservado para aquellos que conservan su neutralidad en tiempos de crisis moral”. Algo tendrán de razón.

El neoliberal y fascista ilustrado de este tiempo necesita un nuevo rostro: posa de neutral, es tibio, usa jeans y lee filosofía, cita grandes autores, embelesa, condena toda violencia en abstracto, se eleva con superioridad moral, tiene adeptos incondicionales, habla de extremos, niega la naturaleza de los conflictos. Claro, en un país de formas y pasarelas, tiene mucho para ser elegido y luego, los electores, con falsa ingenuidad, dirán que se sienten traicionados. Fin del comunicado.