El Pacto Histórico es para avanzar

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Jaime Caycedo. Foto Anllel Ramírez

Jaime Caycedo, secretario general del Partido Comunista, una de las organizaciones fundadoras del Pacto, analiza la propuesta del exgobernador de Antioquia, Luis Pérez

Juan Carlos Hurtado Fonseca
@Aurelianolatino

Desde hace una semana se armó un revuelo en medios de comunicación, redes sociales y en la militancia del Pacto Histórico por el pronunciamiento del político liberal y exgobernador de Antioquia, Luis Pérez, en el que manifestaba querer acercarse a esta colectividad alternativa.

Hubo pronunciamientos en pro y contra y reclamos al precandidato presidencial Gustavo Petro. Días después, en entrevista al diario El Tiempo, Pérez explicó que su intención no era estar dentro del Pacto, sino que el Partido Liberal con candidato presidencial propio participe en una consulta común con el Pacto Histórico, luego el perdedor apoyaría al ganador: “Yo diría que es un enfrentamiento con Petro. El Partido Liberal tiene la fuerza suficiente para en una consulta de [sic] Interna ganarle a Petro, porque el partido tiene mucha maquinaria y en la primera vuelta todo es opinión”.

Antes de la aclaración del político liberal, el Partido Comunista y la Unión Patriótica habían emitido una comunicación en la que, entre otras cosas, expresaban que en el Pacto debe haber unidad y apertura para construir un gobierno de conciliación y transformaciones sociales en el que son bienvenidos liderazgos individuales y colectivos que se desmarquen del uribismo, la justificación del paramilitarismo y el neoliberalismo, y que Luis Pérez no cumple con esos preceptos.

Un pacto por el cambio

Para tener más claridad sobre la postura, VOZ habló con Jaime Caycedo, secretario general del Partido Comunista Colombiano.

– Luis Pérez aclaró que no quiere llegar al Pacto, sino que haya una consulta entre el Pacto y el Partido Liberal.

El Pacto Histórico busca aproximar a nuevos sectores a la idea de una convergencia y un acuerdo para una transformación en el país. El Pacto es un compromiso democrático profundo que de alguna manera podría entenderse como la continuación de la democratización del país, a partir del Acuerdo de Paz entre las FARC y el Estado. El Pacto Histórico es para cambiar al país.

Hay un elemento central en el punto agrario, en los fundamentos de una profundización de medidas democráticas, de reforma agraria y de democratización económica. Por eso, Petro ha planteado un acercamiento a las ideas agrarias del lopismo liberal de los años 30 del siglo pasado. Eso es legítimo, pero es limitado.

Pero él siempre ha dicho que eso hay que adecuarlo a las condiciones actuales.

– Sí, desde luego. Hoy en día eso implica confrontar temas como la soberanía alimentaria, por ejemplo. Me parecen positivas esas ideas, pero en este caso el interlocutor, el Partido Liberal, no veo qué capacidad pueda tener de comprender estas nuevas exigencias, su compromiso con el Acuerdo de Paz ha sido primordialmente retórico y poco explícito con las perspectivas de cambio climático, económico, de modelo energético. No toma distancia con el modelo neoliberal.

Coherencia con la democratización

El Partido Liberal ha gobernado en múltiples oportunidades y en las pasadas elecciones apoyó a Duque para la segunda vuelta, tiene una gran responsabilidad en la situación económica, de violencia y social del país, entonces ¿sería un contrasentido que estuviera con el programa y en una consulta con el Pacto?

Desde luego que ha sido un partido gobernante. Como fuerza policlasista tiene aún reservas democráticas, pero bajo la hegemonía de la derecha. El bipartidismo histórico colombiano tiene una responsabilidad directa muy grande en todo el empantanamiento de la estructura económica social y de la violencia en el país. No con la violencia anterior al Frente Nacional, sino la violencia posterior al Frente Nacional, que es una violencia bipartidista, social y anticomunista.

Avanzaron hasta la constituyente del 91 y retrocedieron luego, en el marco de la guerra sucia y del exterminio de sectores democráticos y de la izquierda, siempre alegando la necesidad de enfrentar a la subversión y nunca planteando cambios o reformas sociales profundas.

– Hay quienes afirman que el Partido Liberal podría ayudar a una transformación y que sus ideas son cercanas a las de la izquierda. De ser así, ¿podría hablarse con ellos?

– César Gaviria ya había sido invitado a hacer parte de un proceso como este, en la segunda vuelta de las elecciones pasadas y prefirió apoyar a Duque. Es una responsabilidad muy seria que ha costado muchos muertos. No es coherente pensar que ese Partido Liberal, con esta dirigencia puede exonerarse de responsabilidades cuando tomó decisiones como esa.

Las bases o los sectores sociales del Partido Liberal tienen un espacio en el Pacto, pero la dirigencia debe pensar muy bien cuál es su compromiso con lo que el Acuerdo de Paz ha planteado como el sistema integral de verdad, justicia, reparación y garantías de no repetición.

Política de alianzas

– A propósito del Sistema Integral de Verdad y Justicia, cuando se pide a los partidos del Establecimiento justicia dicen que se quiere venganza y lo que se pide es verdad, pero al sistema de verdad y justicia no han ido.

– Han ido personalidades y sectores importantes. Han ido los expresidentes Samper y Santos, pero no como colectividades. Hasta el momento no conocemos que la derecha y los sectores armados que actúan en la vida política con amparo en las concepciones militaristas y de impunidad frente al paramilitarismo, hayan tomado la iniciativa de dejación de armas, de sacar las armas de la política, como lo exige el Acuerdo de Paz.

Las armas siguen en la política en las distintas versiones del paramilitarismo, que no es únicamente uribista, este tiene variantes en distintos sectores asociados a factores políticos, que intervienen de manera activa con respaldo en sectores institucionales. Si dirigentes tradicionales como ex gobernantes responsables quieren unirse al Pacto podrían colaborar voluntarios a la JEP y a la Comisión de la Verdad. Eso no es venganza, es actuar dentro de la propia institucionalidad.

– Es tan arrogante la manera como habla Luis Pérez que dice que el Partido Liberal tiene la maquinaria para ganarle una consulta al Pacto. Además, digo yo, tienen las mafias regionales y la clientela.

Ya decíamos, si no puedes vencer a tu enemigo únete a él. Esta maniobra envolvente tiene la característica novedosa de pretender absorber al Pacto a través de un pitillo como el Partido Liberal. Creo que hay muchos sectores del Partido liberal que quieren un cambio democrático en el país y no podemos rechazar su participación en el Pacto. Otra cosa es tratar de imponer desde lo alto una línea, sin medir el significado del compromiso con la democratización de la vida nacional; no para regresar al clientelismo y a las condiciones en donde estas maquinarias han estado gobernando.

Los herederos del bipartidismo copan actualmente el Estado y funcionan, como dice Luis Pérez, como maquinarias que dependen del mismo Estado. Otro de los obstáculos del Partido Liberal es que no tiene los cuadros con la popularidad y clarividencia de liderar una progresión de esta organización hacia el campo democrático, sino que sus liderazgos están atrancados en el clientelismo y en la maquinaria y por esa vía el Pacto Histórico no sacaría algún provecho en su proyecto de avanzar hacia la democratización, la paz y la convivencia, sin la posibilidad de ser sometidas al exterminio por parte de los aparatos de dominación.

– Entonces, ¿cuál es la visión en una política de alianzas del Pacto Histórico?

– Hay que entender un Pacto Histórico abierto, pero selectivo en el plano de su programa y compromiso con la paz y la solución política, que es un proceso sin concluir. Hay que alcanzar una paz integral. En ese sentido, propuestas como las de Luis Pérez son muy limitadas, son visiones desde el Establecimiento que creen que pueden dominar a partir de que ellos ya son dominantes y tienen el poder y la capacidad de manejar la maquinaria. Se equivocan. El Pacto está en otra dinámica y su visión es la de avanzar, renovar, cambiar y abrir espacios hacia la democratización, no un regreso a otra nueva componenda del orden de maquinarias.