lunes, abril 15, 2024
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El metal colombiano y los jóvenes contra el conflicto

Juventud, metal y conflicto: la música es una expresión auténtica de los jóvenes que habla sobre los problemas que les preocupan

Kevin Meneses

El metal colombiano es hoy un fenómeno de admiración y reconocimiento internacional más que merecido. Este hecho da cuenta de la fascinación y la cantidad de seguidores por el mundo del metal colombiano, sea ultrametal, death metal o black metal producido desde la década de los ochenta hasta hoy. Sin embargo, el asombro da cuenta, especialmente, de la fijación que se tiene sobre las letras crudas y realistas del metal colombiano de finales de los ochenta en donde la violencia diaria del país es la protagonista.

Para la comunidad metalera, tanto nacional como internacional, no es un secreto que el metal colombiano ─y el punk también─ es ese engendro naciente de mediados de los ochenta que tomó la violencia del narcotráfico en las calles de Medellín y del país como inspiración para expresar la forma como los jóvenes metaleros de la época veían y se sentían frente al conflicto armado en Colombia, y de cómo la sociedad, tan conservadora y católica ─aún hoy─, los veía a ellos no solo como monstruos a los que rechazaban, sino, además, los estigmatizaba por creerlos “endemoniados” o “adoradores del diablo”.

Comúnmente, la comunidad metalera es considerada totalmente apolítica, que no cree en nada. Si bien algo de esto pueda ser cierto, lo real del asunto es que en Colombia y en Suramérica sí han existido, y existen, jóvenes que han visto en la violencia de sus calles todo aquello que realmente no debería ser y que, además, no tienen nada que hacer involucrándose en ella, no son parte, precisamente, porque es esa misma sociedad violenta, de gobiernos corruptos y de grupos armados que, además de juzgarlos, los persigue. Los jóvenes con energía abrasadora fueron objetivo militar por narrar lo que veían, por llevar sus cabellos largos como expresión de rebeldía.

El caso más emblemático y magnífico del metal colombiano, crítico de la violencia diaria en el país, es Masacre, banda de death metal formada en Medellín en 1988 por Alex Oquendo, Mauricio “Bullmetal” Montoya ─q.e.p.d─ y Antonio Guerrero, su primera formación. Para el mundo era increíble como Masacre expresara en sus letras tanta crudeza y locura, pero para la banda no era más que hablar de la vida diaria de un país como Colombia, infestada de muertos, personas torturadas, desmembradas, mucha sangre y desplazados, una religión hipócrita y un sistema decadente, la receta perfecta para gritarle al mundo que Colombia vive en carne propia la crudeza de la que solo hablan, fruto de su imaginación o de recordar su pasado, las bandas de metal de Europa.

El álbum debut “Reqviem”, publicado en 1991, es una obra que muestra lo difícil y precario que son las condiciones para crear un álbum de metal en Colombia, en donde no se cuentan con los recursos ni los instrumentos musicales necesarios para crear este tipo de género musical de plena condición y viéndose obligados a buscar apoyo por fuera del país. A esto se suma,  el estigma y el rechazo que este género musical  tiene en Colombia, sobre todo en esa época, lo que demostró la pérdida de mucho talento y jóvenes con iniciativas musicales importantísimas para haber consolidado el metal colombiano en el ámbito internacional; sin embargo, estas condiciones precarias no fueron impedimento para que “Reqviem” y muchos otros álbumes de otras bandas lograran lo impensable: ser publicados y entrar a la escena nacional e internacional, consolidándose como una obra maestra que habla de la realidad del país.

En el año 2001, Señal Colombia publicó un corto documental titulado “Historia de jóvenes” en el que entrevista a los integrantes de Masacre y de La Pestilencia, cada integrante habló en un inicio de su perspectiva de las letras con las que expresan un mensaje acerca de realidad colombiana como las palabras de Alex Oquendo, vocalista de Masacre, quien manifestó: “nosotros somos como una expresión de muerte, real, pero en música, no haciendo como una alabanza a ella sino como exponiendo de una manera real lo que es Colombia para nosotros”, y, seguido, Jorge Londoño, guitarrista de Masacre, expresó: “la temática, si uno hablara de temática de las letras, se podría hablar siempre de violencia, todo tiene que ver como con la violencia, con muerte, con muertos, algunos grupos trabajan temas religiosos o antirreligiosos”.

Nada mejor que traer unas líneas de una de sus canciones más emblemáticas “Justicia Ramera” de su álbum “Reqviem”, el que se puede considerar el álbum que más alusión tiene hacia esta temática que relaciona los jóvenes con la violencia sistemática de las calles:

“Pacto sagrado
Derechos humanos
Reglas hechas sueños
Por justicia violadas
Semilla (de violencia)
Violencia engendra demencia
Justicia violada, justicia
quebrantada
Ahora los niños lloran, esclavos, sufrimientos
Hambre, guerra, ¿para qué las reglas?
¿Por qué ejecuciones?
¿Acaso quien señala es quien no peca?
Exilio al hereje
Castigo al inocente ahora tras las rejas

Otro caso ejemplar es sin lugar a duda la icónica banda Blasfemia, fundada por Ramón Restrepo, que debuta con su álbum “Guerra Total”, publicado en 1988. Blasfemia es una de las bandas más importantes del ultrametal colombiano de Medellín, que en su canción “Santo demonio blasfema” nos expresa lo siguiente:

“Como justifica la guerra su inhumana matanza,
Si el poder ha consumido todo uso de razón,
Si el lado oscuro habita en la naturaleza del hombre,
Mas cuando se deja arrebatar su corazón,
Y la bondad se esfuma en segundos”

A modo de cierre, y en perspectiva crítica, es importante resaltar que si bien la música en Colombia tiene un papel principal a la hora de representar la cultura y las características del país, no se puede desconocer que, comúnmente, sus letras no llevan un mensaje tan exigente en otros géneros críticos, pero sobre todo crudo respecto de lo que se vive, salvo casos excepcionales y contados, mientras que la evidencia es más que clara, el metal colombiano sí ha traído consigo, desde el principio, un mensaje que supera lo contestatario, común en cierto “rock nacional”, y grita a voz gutural que Colombia es un río de sangre lleno de cadáveres; en donde la violencia y la injusticia social es el alimento diario de los pobres.

Entonces, los jóvenes metaleros colombianos son quienes, desde mediados de los ochenta y de una forma imprevista, asumieron una postura frente a lo que pasaba, se expresaron a través de sus letras de las canciones y han dejado un legado grandioso, pero poco tenido en cuenta, pues ahí está no solo Masacre, también Parabellum, Reencarnación, Profanación, Agressor, Neurosis, Blasfemia, Mierda, Pestes Mutantex, IxRxA y Fértil Miseria, por mencionar algunos nombres del metal nacional, no sobra recomendar, a quien tenga la valentía, escuchar sus canciones ─que por cierto demasiado trabajo ha costado─, mejor aún y como debe ser, sus discografías completas.

¡Larga vida al metal colombiano!

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